En esta nueva entrega de Vestigios del Pasado, la sección dedicada al patrimonio cultural que nos conecta con nuestras raíces, nos adentramos en un espacio donde la historia no solo se cuenta, sino que se contempla: los murales de Casa Páez. Este museo, ubicado en el corazón de Carabobo y declarado Monumento Histórico Nacional el 2 de diciembre de 1964, alberga un conjunto pictórico que trasciende el arte decorativo para convertirse en testimonio vivo de la gesta independentista venezolana.

Estas obras fueron realizadas por Pedro Castillo, pintor del siglo XIX y abuelo materno del célebre Arturo Michelena. Aunque no existen registros oficiales, se estima que fueron creadas entre 1828 y 1829, lo que les confiere más de 190 años de antigüedad aproximadamente.

La técnica utilizada fue al Temple sobre Muro, lo que ha permitido que, a pesar del tiempo, conserven su fuerza narrativa.

Considerados verdaderos documentos historiográficos, los murales relatan las hazañas de José Antonio Páez contadas directamente al artista Pedro Castillo. Cada pintura revive momentos claves de la lucha por la independencia, distribuidos a lo largo del corredor principal de la casona.

 

Todos los murales son importantes y relatan una historia, entre ellos destacan dos episodios épicos:

 

  • La Batalla de Mata de la Miel (16 de febrero de 1816): donde Páez derrota aproximadamente a 1.650 soldados españoles con apenas 500 llaneros.
  • La Batalla de las Queseras del Medio (3 de abril de 1819): famosa por la táctica y la voz de mando “¡Vuelvan caras!”, aunque algunos historiadores señalan que dijo fue: «Vuelvan Carajo».

En 1988, los murales fueron restaurados por el artista Fernando de Tovar, culminando su intervención en 1991, devolviéndoles su esplendor sin borrar su memoria. Los nueve murales ordenados cronológicamente, ubicados en los corredores de esta casona histórica son:

  1. Mata de la Miel – 16 de febrero de 1816 (224 x 263 cm)
  2. Acción del Yagual – 8 de octubre de 1816 (224 x 262 cm)
  3. Batalla del Palital – 18 de diciembre de 1816 (221 x 261 cm)
  4. Batalla de Las Mucuritas – 30 de enero de 1817 (217 x 267 cm)
  5. Toma de San Fernando de Apure – 7 de marzo de 1818 (228 x 327 cm)
  6. Queseras del Medio – 3 de abril de 1819 (225 x 188 cm)
  7. Batalla de Carabobo – 24 de junio de 1821 (227 x 299 cm)
  8. Acción de la Sabana de la Guardia – 11 de agosto de 1822 (230 x 325 cm)
  9. Asalto a Puerto Cabello en la noche de – 7 de noviembre de 1823 (230 x 325 cm)

 

 

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Cada visitante que recorre sus pasillos se convierte en testigo de un legado que resiste el paso del tiempo. La mirada atenta del público —estudiantes, investigadores, turistas, vecinos— revitaliza el sentido de estas obras, que fueron creadas hace casi dos siglos.

Conservar este patrimonio no es solo preservar pigmentos sobre paredes, sino mantener encendida la llama de la memoria colectiva. Porque cada mural que sobrevive al olvido es una lección que se niega a desaparecer, una historia que aún tiene mucho que enseñarnos. Visitar Casa Páez es sumergirse en un relato visual de valentía, estrategia y legado. Cada mural es una ventana al pasado, una lección viva para las nuevas generaciones.

 

Con información y aportes del Museo de Historia Casa Páez y Catálogo de Patrimonio Cultural de Venezuela

 

Ciudad Valencia / Diego A. Trejo / Vestigios del Pasado