Cuando hablamos del buen pitcheo en el béisbol profesional, lo hacemos pensando en los lanzadores más llamativos por lo dominante, calidad, récord y ahora la bendita velocidad con la que lanzan la pelota, la cual ya supera con regularidad las 100 millas por hora, dejando atrás la famosa marca referencia de las 90 millas.
También nos llama la atención que cualquier lanzador profesional cuenta con un variado repertorio de lanzamientos, lo que le da un mayor grado de dificultad al bateador para conectarle un batazo. Es casi una adivinanza para algunos peloteros en lograr descifrar cuando les vendrá el pitcheo deseado, al que mejor batean.
Sin duda el enfrentamiento entre lanzador y bateador, más que una batalla deportiva, tiene algo de psicológica para ambos.
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Todos los detalles conocidos sobre el rival cuentan en esas milésimas de segundos, que tarda la pelota desde el brazo del lanzador en estrellarse en el bate o en la mascota del receptor, quien por cierto de manera discreta, al igual es parte de la situación, e incluso sus conocimientos a veces están por encima de su compañero en la lomita.
Si esa situación de darle a la pelota les parece tan compleja, piensen ustedes lo sobre deportivo que es además de pegarle, sacarla de jonrón, donde según las estadísticas el mejor jonronero de cada temporada de las grandes ligas, solo logra batear cuadrangular, alrededor del 8 por ciento de sus turnos al bate.
A qué se debe todo lo antes descrito, a que llama la atención que muchos aficionados (no fanáticos, esos se creen cualquier cosa) y hasta “analistas” se toman en serio los batazos conectados en un “derby” de Jonrones, incluso creen que los participantes tienen superpoder por la cantidad de pelotas que sacan del parque, obviando el detalle que los lanzamientos que les hacen son los que llamamos “bola puesta”, sin ninguna de las características descritas anteriormente. Los “derby” son cosa común en las prácticas de bateo antes de cada partido, cualquiera la saca en su turno de ponerse ready.
Incluso también es común ver a un pelotero comerse su práctica con un derby de batazos particular y luego en el juego verlo recibiendo un derby de ponches. Es como que, en el futbol, alguien practique los tiros al arco, pero sin portero o con uno sin brazos.
Pero lo que me llevo a escribir esta nota, fue ver a un supuesto analista decir que el ganador del Derby de la LVBP, con su triunfo no dejaba duda que se había ganado el puesto de jardinero derecho en la Selección de Venezuela para el próximo Clásico Mundial de Beisbol. Bueno hasta el Derby como espectáculo es más serio, que el argumento de éste analista. ¡Ahí se los dejo!
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