A rose by any other name would smell as sweet.
Una rosa, con cualquier otro nombre, olería igual de dulce.
William Shakespeare
¿Y si Shakespeare no fue Shakespeare?
(una ciudad que duda en voz baja)
Algunos, en voz baja, dicen que él no fue.
Que el nombre es demasiado corto para tanta eternidad.
Que detrás de la firma hay otra mano,
más culta, más viajada, más digna de tragedia.
Pero la ciudad no pregunta por títulos.
La ciudad lee.
Y al leer, se nombra.
¿Puede un hombre sin linaje inventar a Lear?
¿Puede alguien sin mapas escribir sobre naufragios?
¿Puede un cuerpo sin corona imaginar la caída de reyes?
La ciudad no responde.
La ciudad recuerda.
Una rosa, dijo él,
sería igual de dulce si se llamara de otro modo.
Pero aquí, en esta esquina donde el perfume se mezcla con el polvo,
el nombre importa.
Porque el nombre es lo que queda
cuando el verso se olvida.
Shakespeare,
o Bacon,
o Marlowe,
La reina…
o nadie.
O todos.
La ciudad no elige.
La ciudad escucha.
Hay quien escribe para ser recordado.
Hay quien escribe para no ser descubierto.
Hay quien escribe porque no puede hacer otra cosa.
Y hay quien escribe
como quien respira:
sin saber que está dejando huella.
Shakespeare fue el que escribió.
El que dudó.
El que puso en escena
la tragedia de no saber quién se es
cuando todos te miran.
La ciudad, esta ciudad,
lee con ojos prestados.
Y al leer, se pregunta:
¿quién soy yo cuando leo a otro?
¿quién fue él cuando escribió para mí?
Una rosa, sí.
Pero aquí,
en esta ciudad de versos y prosas,
la rosa tiene nombre.
Y el nombre,
aunque se equivoque,
huele a verdad.
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Sonnet 18 William Shakespeare
Shall I compare thee to a summer’s day?
Thou art more lovely and more temperate:
Rough winds do shake the darling buds of May,
And summer’s lease hath all too short a date:
Sometime too hot the eye of heaven shines,
And often is his gold complexion dimmed;
And every fair from fair sometime declines,
By chance or nature’s changing course untrimmed;
But thy eternal summer shall not fade,
Nor lose possession of that fair thou ow’st;
Nor shall Death brag thou wander’st in his shade,
When in eternal lines to time thou grow’st:
So long as men can breathe or eyes can see,
So long lives this, and this gives life to thee.
Soneto 18 de Shakespeare*
¿Te comparo con el día que se abre?
Eres más suave que la estación que canta.
El viento sacude los brotes del deseo,
y el verano se retira antes de aprender su nombre.
A veces el ojo solar arde sin medida,
y su rostro dorado se apaga en la penumbra.
Toda belleza se desvanece,
por azar o por la danza secreta del tiempo.
Pero tu estación no se marchita,
ni se pierde el fulgor que te sostiene.
Ni la muerte presume de tu sombra,
pues en estos trazos creces hacia lo eterno.
Mientras haya aliento y mirada,
vivirá este rito, y tú en él, sin ocaso.
(*Versión libre del soneto JLTB)
Acto II, Escena II,
Manual para nombrar lo innombrable (según el aroma)
-
Toma la palabra “rosa” entre los dedos.
-
No la digas.
-
Acércala al silencio.
-
Si huele a infancia, es flor.
-
Si huele a pérdida, es nombre.
-
Si no huele, aún no ha nacido.
Instrucción final: No confíes en el sonido. Confía en el temblor que deja.
***

José Luis Troconis Barazarte es artista, narrador, docente y sembrador de lenguajes. Licenciado y Magíster en Artes Visuales y Escénicas por Strayer College (Washington D.C.), doctor en Historia del Arte por Bircham International University y la Universidad de Salamanca (España), ha hecho de la interdisciplina su firma y de la cultura su morada.
Fue director de Cultura de la Universidad Arturo Michelena y coordinador cultural de la Alianza Francesa de Valencia. Fundó y dirige CEINFOLEIM, un espacio de creación y formación artística donde enseña siete idiomas, música y literatura creativa. Desde allí impulsa movimientos como Cacao Tekisuto, centrados en el mestizaje simbólico y la maduración lenta del arte.
Ha sido premiado en certámenes de relato breve en España, ganador de la Bienal Internacional de Literatura Vicente Gerbasi (2017) y ha publicado los libros Empáticos y Cartas a la Soledad (2025). Su obra circula en más de 30 antologías digitales.
Interprete de lengua de señas, diseñador digital, guionista, director coral y fundador de FUNDÁCRO, su travesía creativa se nutre de la danza, el relato, la música y como médico de la sanación.
Escribe como quien borda, con barro en los pies
cielo en la lengua, fuego en la voz,
con oído de calle y pulso de viento.
Poeta que escucha lo que otros callan
y traduce silencios en tinta viva.
(Reseña de Antonio V. Díaz B.)
Ciudad Valencia












