Amigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas: el pasado 25 de marzo la Ciudad del Cabriales celebró los cuatrocientos setenta y un años de su fundación, una fecha convencional que alberga dudas respecto a la exactitud del hecho, atribuido a Alonso Díaz Moreno en 1555. Una controversia que persiste hasta nuestros días como consecuencia de la inexistencia de acta fundacional.
El nuevo aniversario resulta propicio para promover una reflexión colectiva respecto al significado de la ciudad y su importancia histórica, cultural e industrial en el contexto de la Venezuela actual. Un ejercicio que invita a repensarla bajo una dimensión integral que coadyuve a una mejor valoración y comprensión.
DEL MISMO AUTOR: AGRESIÓN AL BOLÍVAR
Debate historiográfico
La invasión, conquista y colonización del Nuevo Mundo fue para el hombre europeo una aventura determinada por el desconocimiento e incertidumbre frente a lo desconocido, una razón que explica el lento proceso de avance territorial desde la costa hacia el interior de Tierra Firme. El mar no solo era la principal ruta de arribo al continente, también constituía la más segura vía de escape. Y viceversa, porque el interior del territorio ofreció refugio ante las constantes agresiones y saqueos de que eran víctimas los primeros pueblos costeros.
Lo anterior resulta importante para comprender las razones que condujeron a la fundación de Valencia: la necesidad que tuvieron los grupos invasores de protegerse del constante asedio y agresión ejercida por piratas y corsarios. Valencia habría sido fundada para sustituir como núcleo de asentamiento permanente y seguro a Nuestra Señora de la Concepción de Borburata.
Otro hecho que habría influido en su fundación fue el descubrimiento del Lago de los Tacariguas, realizado por Juan de Villegas el 24 de diciembre de 1547; reservorio de agua que constituía un abastecimiento seguro de alimento.
Sin embargo, el debate historiográfico estriba en que no se conoce ceremonia fundacional ni acta que lo certifique. Para algunos historiadores, Valencia habría sido la derivación del asentamiento de un hato ganadero establecido por el capitán Vicente Díaz Pereira en 1552, orientado en las propicias condiciones del territorio que garantizaba el seguro abastecimiento de agua dulce.

Otro aspecto que contribuye a avivar la controversia historiográfica es el derivado de la costumbre religiosa española de invocar la protección de algún santo católico o advocación mariana. En este sentido, es sabido que la ciudad tuvo en un primer momento el pomposo nombre de Nuestra Señora de la Anunciación de la Nueva Valencia del Rey, un dato que influyó para establecer el día 25 de marzo como fecha fundacional por ser esta la fecha en que la Iglesia Católica celebra el anuncio, por parte del ángel Gabriel a María, que sería la madre del Hijo de Dios; dato que, sin embargo, no es admitido como determinante, porque otras investigaciones han señalado que la primera patrona de la ciudad fue Santa Úrsula, cuyo día celebra el santoral católico el 21 de octubre. Otro elemento que incentiva el desencuentro entre historiadores.
Conocer estos y otros aspectos relacionados con la historia de la ciudad resulta importante para fortalecer la memoria y conciencia histórica, y comprender el presente. La Historia, según afirmó el historiador francés Marc Bloch, es “la acción de los hombres en el tiempo”. Todo lo que el hombre ha hecho a lo largo de su devenir adquiere importancia a la luz de los intereses y motivaciones del presente.
Pero el mismo historiador señaló lo “inútil que resulta agotarse en comprender el pasado si no se sabe nada del presente”. Visto así, más allá de la diatriba histórica sobre el origen de la ciudad, resulta importante repensarla a la luz del presente. ¿Qué es Valencia actualmente? ¿Qué representa en el contexto nacional? ¿Existe eso que algunos han llamado la valencianidad? ¿Tenemos una idea integral de la ciudad? Estas y otras interrogantes quizás puedan guiarnos hacia una reflexión colectiva, profunda e integral, que nos ayude a comprender mejor el complejo devenir histórico de la ciudad.
Emblema de modernidad
Pensar a Valencia en estos tiempos requiere ampliar la mirada del ámbito geográfico y temporal al que cierta visión historiográfica la ha circunscrito, para la cual, lo sustantivo estaría centrado en el rescate de su casco histórico —fundamental para la preservación de la memoria y el patrimonio—; así como el estudio y conocimiento de hechos sobresalientes vinculados a momentos, familias y personajes distinguidos, que habrían marcado la historia de la ciudad, fundamentalmente durante la época colonial e independentista.
Pero el crecimiento y complejidad adquirida requiere miradas más amplias. La historia de Valencia hoy abarca y trasciende al ámbito de sus nueve parroquias —incluyendo los municipios cercanos si consideramos la división político territorial del estado anterior a la descentralización de 1989—, sin las cuales sería muy difícil comprender y explicar a la llamada Ciudad Industrial de Venezuela.
Una revisión bajo esta orientación alertaría sobre la importancia genésica que en los albores de la primera etapa de industrialización —fundamentalmente vinculada al ramo textil— tuvo la parroquia Santa Rosa, ámbito de operación de los famosos Telares Branger.

También arrojaría luces respecto al asimétrico crecimiento urbanístico-poblacional, orientado desproporcionalmente hacia el sur de Valencia; aspecto que marcó su conformación y durante mucho tiempo orientó un modelo de gestión pública que destinaba mayores recursos y acciones al casco central y la zona Norte.
Durante mucho tiempo, la ciudad tuvo como emblema de modernidad urbanística, en materia vial, al elevado Los Colorados —ubicado en el norte—, obra de ingeniería sobresaliente construida en tiempo relativamente breve, que contrastó en su momento con el empeño puesto en la ampliación de la avenida Aranzazu— que hace parte del mismo corredor vial, pero ubicada hacia el sur—, la cual tardó veinte años en ejecutarse, solo en su primera parte.
Esa visión integral de la ciudad permitiría explicar el empeño puesto por el Estado en ordenar y controlar su crecimiento —desbordado por el proceso migratorio interno ocasionado por el asentamiento industrial en el marco del proceso de sustitución de importaciones en los años sesenta—; esfuerzo que conllevó una planificación urbanística asimétrica hacia el sur y sureste de la ciudad, representado en conjuntos residenciales como: La Isabelica, La Michelena El Palotal, Fundación Mendoza y Ricardo Urriera, entre otros.

Un enfoque distinto a la historia de la ciudad daría cuenta de la riqueza y variedad de las historias vinculadas a las luchas de los procesos fundacionales emprendidas por los habitantes de los más de cuatrocientos barrios ubicados hacia el sur y sureste en las parroquias: Santa Rosa, Miguel Peña y Rafael Urdaneta. También permitiría evidenciar la cantidad de talentos: deportivos, artísticos, profesionales; algunos con gran figuración en el ámbito internacional.
Un esfuerzo por avanzar en miradas distintas que trascendieran los enfoques historiográficos tradicionales, se comenzó hace casi dos décadas en el Centro Nacional de Estudios Históricos (CNEH), en un proyecto inicialmente denominado El barrio cuenta su historia, que posteriormente derivó a uno de mayor amplitud: El pueblo cuenta su historia.
Hoy escribir y contar la historia de Valencia no debe ser un aspecto limitado a sus espacios de mayor antigüedad ni a las figuras destacadas del tiempo colonial, la independencia o el siglo XIX. La historia de la ciudad comprende sus nueve parroquias y la actuación destacada de muchos de sus habitantes, que aguardan para ser contadas.
Si entendemos “la valencianidad” como un proceso distintivo de identificación y compenetración de los habitantes de la ciudad con sus costumbres, historia, tradiciones, emblemas, religiosidad, entre otros elementos; no cabría duda de que esa identidad está diseminada en las múltiples historias de sus nueve parroquias.
Hacer esa otra historiografía es parte de los aspectos que defiende y promueve la Historia Insurgente.
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Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.
Ciudad Valencia/RN









