Alexis Mujica nació el 27 de octubre de 1952 en Tucacas, estado Falcón, y dedicó su vida a la escultura como un acto de exploración crítica, existencial y estética. Su obra, profundamente arraigada en la materia y en la memoria, lo convirtió en una figura clave del arte contemporáneo venezolano, especialmente en la ciudad de Valencia, donde vivió y trabajó hasta su fallecimiento en 2006.

Formado en la Escuela de Artes Plásticas Arturo Michelena, Mujica fue miembro del grupo “Nueva Visión”, colectivo que marcó una ruptura con las formas tradicionales del arte en Carabobo durante las décadas de 1970 y 1980. Desde sus primeros años, se interesó por el uso de materiales no convencionales, incorporando madera, hierro, piedra, yeso, cemento, resinas, y objetos reciclados en sus esculturas.

 

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Su obra se caracterizó por una estética hiperrealista, crítica y a menudo perturbadora. En ella, el cuerpo humano aparecía fragmentado, cosido, violentado o transformado en artefacto. Las figuras que creaba —androides, perros postindustriales, seres mutilados— no eran simples representaciones, sino dispositivos de reflexión sobre la violencia, la alienación, la historia y la condición humana.

Entre sus piezas más reconocidas se encuentra Montacadáveres, escultura galardonada con el Premio del Salón Arturo Michelena en 1981. Esta obra, construida con materiales de desecho, proponía una visión cruda y alegórica de la muerte y la acumulación de cuerpos como signo de la historia. También destacan sus series de figuras humanoides ensambladas con retazos industriales, que fueron expuestas en múltiples ediciones del Salón Michelena y en espacios culturales de Carabobo y Caracas.

Tras su fallecimiento, la ciudad de Valencia honró su legado al nombrar en su memoria el Centro de Artes Vivas Alexis Mujica (CAVAM), ubicado en el casco histórico de la ciudad. Este espacio funciona como sala de exposiciones, centro de formación y punto de encuentro para artistas y comunidades, consolidando a Mujica no solo como escultor, sino como símbolo de la creación crítica y la persistencia de la forma.

Alexis Mujica no buscó la belleza complaciente ni el ornamento vacío. Su obra fue, ante todo, una forma de interpelar. De hacer visible lo que duele. De esculpir, en cada pieza, una pregunta sin respuesta.

 

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Cuento

En el cielo, las esculturas de Alexis Mujica despertaron una madrugada de viento azul y se reunieron en la plaza de las constelaciones. Los torsos fragmentados, aún con cicatrices de hierro, se erguían como centinelas que habían esperado siglos para celebrar. Nadie anunció la fiesta: Las figuras se convocaron solas, arrastradas por un rumor de campanas invisibles que vibraba en la médula del aire.

El Autorretrato, con ojos de grafito, encendió una hoguera de estrellas y la alimentó con astillas de cometas. “Para Carlos” desplegó sus trazos como banderines de luz, y cada línea se convirtió en un verso que flotaba sobre los hombros de los asistentes. El retrato de Oswaldo Mujica, solemne y paternal, abrió los brazos de bronce para recibir a los recién llegados, mientras los guerreros de fibra de vidrio golpeaban el suelo celeste con lanzas que resonaban como tambores de agua.

No había espectadores, solo participantes: Las esculturas mismas eran la fiesta. El cielo se llenó de un polvo dorado que caía como lluvia de memorias, y cada chispa recordaba un salón, una galería, una ciudad donde Alexis había dejado su huella. Nadie pronunció su nombre, porque estaba inscrito en la respiración de cada figura.

Cuando la música de los astros alcanzó su clímax, las esculturas se disolvieron en un abrazo colectivo, y de ese abrazo nació un nuevo cuerpo: Un coloso de sombra y resplandor que caminó hacia la eternidad, llevando consigo la certeza de que el arte, incluso en el cielo, no descansa jamás.

JLTB

 

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Instrucciones para hacer una escultura de resina a lo Alexis Mujica

(Después de haber leído todos los libros de Julio Cortázar)

 

Primero, consiga una resina que haya llorado. 

No sirve la que viene en frascos limpios, 

ni la que huele a supermercado. 

Debe ser resina que haya escuchado gritos, 

preferiblemente en una esquina de ciudad oxidada.

 

Luego, busque un molde. 

Pero no lo compre. 

Róbelo de un sueño ajeno, 

de esos que tienen forma de perro postindustrial 

o de niño con clavos en los párpados.

 

Antes de verter la resina, 

póngale miedo. 

Un miedo tibio, como el que se siente 

cuando uno recuerda que la historia no se ha ido. 

Mezcle con óxido, 

con yeso que haya tocado la lluvia, 

con fragmentos de periódicos que ya no dicen nada.

 

No olvide el silencio. 

Debe estar presente en cada capa, 

como quien pone sal en una herida 

para que cicatrice con dignidad.

 

Cuando la escultura empiece a tomar forma, 

no la mire. 

Déjela sola. 

Que se enfríe como se enfrían los cuerpos 

que han sido demasiado humanos.

 

Y al final, 

cuando ya no sepa si es arte o testimonio, 

colóquela en la plaza. 

No para que la vean. 

Sino para que la escuchen.

JLTB

 

“La poesía no es solo un género literario: Es la manera en que el arte y la vida se reconocen mutuamente, transformando lo cotidiano en símbolo y lo íntimo en universal”. JLTB

 

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José Luis Troconis Barazarte 1

José Luis Troconis Barazarte es artista, narrador, docente y sembrador de lenguajes. Licenciado y Magíster en Artes Visuales y Escénicas por Strayer College (Washington D.C.), doctor en Historia del Arte por Bircham International University y la Universidad de Salamanca (España), ha hecho de la interdisciplina su firma y de la cultura su morada.

Fue director de Cultura de la Universidad Arturo Michelena y coordinador cultural de la Alianza Francesa de Valencia. Fundó y dirige CEINFOLEIM, un espacio de creación y formación artística donde enseña siete idiomas, música y literatura creativa. Desde allí impulsa movimientos como Cacao Tekisuto, centrados en el mestizaje simbólico y la maduración lenta del arte.

Ha sido premiado en certámenes de relato breve en España, ganador de la Bienal Internacional de Literatura Vicente Gerbasi (2017) y ha publicado los libros Empáticos y Cartas a la Soledad (2025). Su obra circula en más de 30 antologías digitales. 

Interprete de lengua de señas, diseñador digital, guionista, director coral y fundador de FUNDÁCRO, su travesía creativa se nutre de la danza, el relato, la música y como médico de la sanación. 

 

Escribe como quien borda, con barro en los pies

cielo en la lengua, fuego en la voz,

con oído de calle y pulso de viento. 

Poeta que escucha lo que otros callan 

y traduce silencios en tinta viva.

(Reseña de Antonio V. Díaz B.)

 

Ciudad Valencia / RN