Ya tan cerca de la Semana Santa

Ya tan cerca de La Semana Santa.

«No nos reveló religiosidad,

sino humanidad.

Encarnado en lo humano, reveló a Dios;

no en el Templo, sino en la calle.»

Ernesto Cardenal

 

La primera pregunta arde como un relámpago en la memoria colectiva ¿existió Jesús o lo inventamos para sobrevivir a la intemperie del alma?

La ciudad lo murmura en sus esquinas. En el mercado donde las voces se cruzan como plegarias disfrazadas de regateo. En la plaza donde los niños juegan a ser eternos y los ancianos repiten historias que parecen salmos. Allí se levanta la figura invisible de un hombre que tal vez caminó entre nosotros o tal vez fue tejido por la necesidad de creer.

Hay quienes lo sienten en la respiración de la madrugada. Otros lo buscan en las grietas de los templos, en las campanas que suenan como si anunciaran un regreso imposible. La ciudad se convierte entonces en un evangelio sin páginas, escrito en paredes descascaradas y en grafitis que son más sinceros que cualquier homilía.

Confieso que lo he visto en los ojos de un mendigo que comparte su pan como si fuera milagro. Lo he escuchado en la voz de una madre que canta para que su hijo no tema la noche. Lo he sentido en el silencio de un hospital donde la esperanza se aferra a un hilo invisible.

 

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La tradición latinoamericana nos enseñó que los dioses se mezclan con la tierra y que los héroes se confunden con los hombres. Jesús se vuelve mito y carne, palabra y ausencia. No importa si existió o si lo inventamos. Lo que importa es que la ciudad lo necesita para seguir respirando.

Pero hay un instante en que la duda se disuelve. No es en los libros ni en las teorías. Es en la experiencia íntima de la fe. Cuando la ciudad se apaga y el silencio se vuelve absoluto, allí aparece Él. No como recuerdo ni como invención, sino como presencia viva que sostiene lo que soy.

He dudado, he buscado, he interrogado las sombras. Y sin embargo, cada vez que me acerco al límite, Jesús me recibe con una verdad que no se discute. No es un mito, no es un producto de la imaginación. Es la única certeza que atraviesa mis palabras y mi respiración.

Y cuando cierro esta columna, la pregunta inicial se transforma en confesión. Porque yo, José Luis Troconis Barazarte, creo en Él más que en mí mismo. Jesús es la única verdad que sostiene mi voz, mi ciudad y mi destino. Y mientras exista esta columna, será también un testimonio de que sin Él no hay verso ni prosa, solo vacío.

 

En la herida del silencio

No me mueve la promesa del cielo

ni el miedo que arde en las sombras.

Me mueve tu cuerpo suspendido,

la sangre que canta en la madera,

el relámpago de tu entrega.

La ciudad se inclina en tu costado,

cada piedra repite tu nombre,

cada lágrima se vuelve evangelio.

Y yo, que soy apenas voz quebrada,

Convencido en ti más que en mí mismo,

porque eres la única verdad

que sostiene mi aliento.

 

La tarde en que el viento se detuvo

El sol caía lento sobre el patio de Nazaret y las gallinas picoteaban la tierra como si buscaran secretos enterrados desde el principio del mundo. María estaba sentada junto al cántaro de agua, hilando palabras en silencio, cuando Jesús entró con la serenidad de quien carga un destino invisible.

—Madre —dijo con voz baja, como si hablara al viento—, ¿alguna vez pensaste que yo sería más recuerdo que hombre?

María lo miró con esos ojos que sabían leer lo que no se decía.

—Hijo, desde que te tuve en mis brazos supe que no eras mío, sino del tiempo. El mundo necesita inventarte cada día para no morir de miedo.

Jesús sonrió, y en su sonrisa había un cansancio antiguo, como si ya hubiera vivido todas las edades.

—A veces me pregunto si me recordarán por lo que soy o por lo que esperan de mí.

María dejó caer el hilo y se acercó.

—No importa cómo te recuerden. Lo que importa es que cuando miren tu rostro, encuentren esperanza. Eso basta para que tu nombre sea verdad.

El silencio se llenó de un rumor de palomas. El aire olía a pan recién horneado y a eternidad. Jesús apoyó la cabeza en el regazo de su madre, como cuando era niño, y cerró los ojos.

—Entonces, madre, que me inventen, que me sueñen, que me nombren. Yo seré lo que ellos necesiten.

María acarició su frente y respondió con una ternura que parecía infinita:

—No, hijo. Tú serás lo que eres. Y eso será más grande que cualquier sueño.

El viento se detuvo un instante, como si quisiera escuchar aquella conversación. Y en ese silencio quedó grabada la certeza de que lo divino también sabe hablar como cualquier hijo a su madre, en una tarde cualquiera.

 

“No creo en Cristo por miedo ni por promesa, sino porque en Él descubro la única verdad que sostiene mi voz, mi ciudad y mi destino.”

José Luis Troconis Barazarte

 

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José Luis Troconis Barazarte 1

José Luis Troconis Barazarte: El sembrador de lenguajes

Artista, ceramista, narrador y docente, José Luis Troconis Barazarte ha hecho de la interdisciplina su firma. Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Salamanca y la Bircham International University, con maestría en Artes Visuales y Escénicas (Strayer College, D.C.), su rigor académico se funde con la pasión de quien vive el arte como destino.

Su huella institucional destaca como exdirector de Cultura de la Universidad Arturo Michelena y coordinador en la Alianza Francesa de Valencia. Al frente de CEINFOLEIM, convierte la enseñanza de siete idiomas, la música y la literatura en un rito de creación permanente, impulsando movimientos de vanguardia como Cacao Tekisuto y Talicre. En este diario, Ciudad Valencia, da vida semanalmente a su columna «Ciudad en Verso y Prosa«, un espacio que define su presente creativo.

Reconocido con la Bienal Internacional Vicente Gerbasi (2017) y distinguido en Atenas como Mejor Escritor del Año 2024-2025 por el Ministerio de Cultura de Grecia, su obra honra una herencia mediterránea que trasciende fronteras. Autor de títulos como EmpáticosCartas a la Soledad y El Evangelio de Caperucita, prepara para este 2026 una ambiciosa serie editorial que incluye Yo sí creo en DiosOm Seti y Lilith.

Médico internista, intérprete de lengua de señas, pianista y director coral, Troconis entiende la sanación y el arte como un mismo gesto de revelación.

“Escribe como quien borda: con barro en los pies, cielo en la lengua y fuego en la voz. Es el poeta que escucha lo que otros callan y traduce el silencio en tinta viva.”

Antonio V. Díaz B.

 

Ciudad Valencia/RM