Hace 84 años nació uno de los precursores de esta Revolución Bolivariana: Alí Primera. Y lo digo así porque es justicia hacer mención a ese hombre que, al igual que otros tantos, arriesgó su vida por un sueño colectivo que felizmente hoy vivimos.

Ese Alí que correteaba por los campos de San José de Cocodite, que conducía su bicicleta en Las Piedras con los campesinos y los pescadores alimentando su canción para hacerla de todos, ese Alí sigue entre nosotros.

La canción de Alí fue llamada despectivamente “panfletaria” por la forma de expresarla, a lo que el panita replicaría que más allá de la pingue apreciación, esa canción amiga de los pueblos era necesaria.

 

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La Canción Necesaria entonces fue ventana de contemporaneidad permanente, es decir, no respondió a un momento estacionario, sino que a casi 44 años, cualquiera que se siente a escuchar estas canciones, sean de Alí o de Gloria Martín, del Grupo Ahora, La Chiche Manaure o Los Guaraguao, o de las trovas que representan los pueblos latinoamericanos, uno podrá sentir que en cualquier parte del mundo, esos cantos son comunes en la lucha por el ser humano y el ambiente. Alí, en sus letras emplazaba a despertar y tomar conciencia de su entorno. Y abarcaba en pocas líneas y giros melódicos, lo que un tratado pudiera decirnos en mil cuartillas.

Tan importante esa canción que se multiplicó para hacer de ella muchas más: La Canción Solidaria –de la cual este año se cumplieron 44 años de la primera que se realizara en el Tata Amaya de Punto Fijo–, la Canción por la Victoria del Pueblo Venezolano, la Canción por la Victoria Definitiva del Pueblo Salvadoreño, la Canción por los Presos Políticos y la Canción Bolivariana.

Cuando muchos de nosotros leemos sus mensajes en la contraportada del disco, imaginamos el desespero de comunicar ese planteamiento que se convertía en mandato para el revolucionario, independientemente de la militancia partidista. Una virtud también de esos comunicados –porque eso fueron realmente–, es que todo venezolano, aun discrepando de la posición política, se solidarizaba con Alí.

Por eso afirmaba que tan importante era la acción como la reacción, agregando por mi parte que este falconiano era la imagen ante los colectivos, la voz y el verbo incendiario que arengaba lo que ellos querían decir.

Ante esto, las primeras lecciones de inclusión que aprendimos las dio Alí. Lo que al principio eran conciertos con la participación exclusiva de cantores, poco a poco fue llenándose de grupos y artistas que no estaban identificados con la lucha revolucionaria.

De esta manera, el panita invitaba a estos amigos solidarios con la canción y su causa, y allí podía uno admirar y disfrutar de Un Solo Pueblo, Serenata Guayanesa, Reynaldo Armas, Simón Díaz y tantos más que ante el reclamo de los más radicales al proteger su espacio para el canto, Alí nos decía que ellos también eran “camaradas” por encima de la idea. Porque al final de cuentas, la patria buena es de todos, no de un grupo o partido, no de un sector o fracción. La patria es de todos los que desean respeto, principios, valores y sueños de cada cual para con el futuro. En otras palabras: La Patria es el Hombre.

No hay venezolano que no sepa aunque sea un fragmento o frase de alguna canción de Alí. Tales versos pueden contener la más indoblegable rabia, pero a su vez la más infinita ternura, todos con una sabiduría impregnada de esperanza. Los auditorios y escenarios de esta Venezuela, alguna vez, tuvieron la oportunidad de tener aquella voz grave de su canto, y en esos escenarios encontró eco y resonancia en el mejor aplauso que pudo haberle dado su pueblo: la inmortalidad.

He aquí que sin proponérselo, afirmaría lo que es una sentencia: “Mi Pueblo me hace Cantar”. Y así es, un cantar que es y será a perpetuidad, Pueblo, el dueño absoluto de sus canciones porque esas canciones son legado de su trabajo y viceversa.

 

Julio Jaramillo: El Ruiseñor del Despecho │ Simón Petit

 

Hoy con sus 84 años sigue retumbando en los corazones como cuando nació y con su grito iluminó la maternidad “Oscar María Chapman”, y llenó de alegría los cuartos de la casa de la calle La Paz en Coro.

Es curioso que aquí donde me encuentro también estuviera, contemplando esta mañana paraguanera, quien le cantó a la paz del mundo con el despertar de la historia. Quien pidiera con su canto que sea más humana la humanidad.

Como dice Enrique Hidalgo: “¡Tu canto no se ha perdido, no se ha perdido tu canto, estás más vivo que nunca!”.

 

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Simón Petit-Crónicas Melómanas-Neil Young

Simón Petit (1961), Punta Cardón, es consultor cultural, escritor, guionista de cine y televisión, columnista de prensa y revistas literarias, productor y locutor de radio y televisión.

Ha publicado los poemarios: Bajo la Grúa (1991), Otros a la Intemperie (1992), Bajo la Grúa Sobre el Andamio (1999), Sol Sostenido (2001), La Mirada Impía (2004), Desmemoria Infiel (2010), Vieja Luna (2011), El Eco Formidable (2014) y 50 Haikús y 7 Tankas al pie de un volcán (2019).

Entre otros ha obtenido el Premio Nacional de Guion Cinematográfico en Super 8, 3er Premio Mejor Película en el VI Festival Nacional de Cine S8 por su película “Tránsito de Sombras” y 1er Premio Nacional por la misma película en 1988 en el V Encuentro Nacional de Cine S8. Premio Municipal de Literatura del Municipio Carirubana en 1992.

Invitado a la Cátedra de Poesía José Antonio Ramos Sucre de la Universidad de Salamanca en el 2012.

 

Ciudad Valencia / RN