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A propósito de los derechos humanos | Jorge Álamo Homsy

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La identidad, o más, la apariencia política e incluso judicial, del llamado primer mundo anida en un frágil domo de cristal. Aunque los Estados que lo componen se presentan como protectores de los derechos humanos y la dignidad social, basta con observar con mirada crítica para comprender que no es como lo pintan en su lienzo de fantasías mecanizadas.

Basta, sencillamente, con desprenderse, aunque sea un poco, de décadas de propaganda neoliberal y teatro holywoodense fermentados en los cerebros de los individuos promedio, que juran por todos los santos que Estados Unidos (EEUU) es un paraíso terrenal, cuando es un infierno donde conviven burócratas genocidas, pedófilos de profesión y los súper ricos más despiadados conocidos por la historia.

Son tantas las violaciones a derechos fundamentales que EEUU y Europa han perpetrado durante el siglo XXI (por no mencionar el anterior, la centuria más violenta de la humanidad), que me cuesta saber por dónde empezar a enumerarlas.

 

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Arranquemos con la libertad de expresión, pues muchos se llenan la bocota parloteando sobre ella, en tanto insultan al gobierno venezolano por redes sociales y medios de prensa usando discursos de odio o mediante una amarga ironía, hablando mucho de lo que saben poco, como diría el filósofo.

Toda opinión política expresada por medios de comunicación occidentales está quirúrgicamente diseñada por cuerpos empresariales que comprenden los parlamentos gringo y europeo, respectivamente. Las trasnacionales, para no ver sus intereses erosionados, coaccionan y/o compran la conciencia de periodistas, influencers y figuras públicas.

Es muy difícil criticar a tales gobiernos en plataformas masivas sin experimentar consecuencias. Hasta las críticas existentes no se salen jamás del perímetro ideológico. En una sociedad donde todos piensan igual, nadie se da cuenta de su propia ignorancia, mucho menos de su propia enajenación.

En el «primer mundo» se reprime a diestra y siniestra a la disidencia y las protestas públicas (movimientos pro-palestina, anti-ICE, black life matters). Se criminaliza la sátira y el discurso alternativo. Se acosa a periodistas y activistas anti-stablishment y se bloquean y censuran redes sociales digitales.

En otro plano de análisis, la violencia física sistemática es la receta de dorada en estos hermosos países de plástico y silicona, donde todo es falso, fake. Tan solo en el año 2023 fueron asesinadas más de mil 200 personas a manos de la policía, infamemente conocida por su brutalidad, ceguera e injusticia.

EEUU alberga el 20 % de los presos del planeta Tierra, que son especialmente afroamericanos. A instancias de las unidades carcelarias de Guantánamo se producen torturas contra niños, mujeres y hombres adultos, especialmente negros y musulmanes.

El número de asesinatos directos o indirectos de la OTAN y sus aliados contra países del «tercer mundo» este siglo XXI, engrosa la cifra de 4,7 millones de personas en Irak, Afganistán, Palestina, Siria, Yemen, Pakistán, Libia, Somalia, Irán y Venezuela: 1 millón muertas en combates y bombardeos y más de 3 millones mediante guerras económicas y el colapso de servicios y estructuras.

Y ahora, qué decir del racismo instruccional. Estos países, mayoritariamente blancos, son racistas hasta los tuétanos. El ascenso de la animadversión étnica de los últimos años ha conllevado a la puesta en escena de movimientos y partidos políticos neo-fascistas y neo-nazis.

¿Y qué hay de las cientos o quizás miles de niñas y menores de edad torturadas, violadas y literalmente devoradas por el judío millonario Jeffrey Epstein y su combo de pedófilos-caníbales, donde se incluye al propio Donald Trump?

Entonces, ¿dónde están los derechos humanos de todas estas personas, tratadas como animales de granja? ¿Por qué la comunidad internacional calla ante estos hechos atroces? ¿De qué manera pueden disolverse años de lavado de cerebro que hacen parecerse al cielo un infierno en vida?

Pero bueno, quien no quiere entender no puede entender, y quien no puede comprender algo, aunque se lo muestres con lupa, no puede aprender y, por tanto, se mantendrá por siempre sumergido en las tinieblas de la ignorancia.

Hago, de nuevo e insistentemente, un llamado a mis lectores a la lectura crítica y a la reflexión. ¡A leer! ¡A estudiar! Para no arar en las aguas negras del oprobio y la ignominia.

 

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Jorge Álamo Homsy-columnista-Ciudad VLC

Jorge Álamo Homsy (Valencia, Venezuela, 1993) es psicólogo egresado de la Universidad Arturo Michelena (UAM), autor además de relatos de ficción e intérprete del bajo eléctrico.

Entre 2021 y 2023 se dedicó a escribir textos narrativos de los cuales surgió el libro de cuentos La canción del trueno, presentado en la Filven Carabobo 2025. 

A principios de 2026 dio a conocer, en formato digital, dos nuevas obras literarias: Los ángeles púrpuras (micro-relatos) y Las pasiones y los días (novela).

 

Ciudad Valencia/RN