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Carta, cuántas guerras te han construido, cuántos abrazos se han soltado desde ti para ir en busca del cuerpo desolado, del dolor distante, de la boca que sonría. Si uno se detuviera en un gran almacén de ropas, si uno caminara por sus pasillos y desenredara sus telares, sus adornos, y entendiera cómo el cuerpo es envuelto por capas que no le pertenecen hasta desconocerse en sus propias emociones. Si uno nunca termina de recorrer los pasos que nos preceden, y se involucra en el sonido que se superpone sobre la tierra y los asfaltos y corta el amarillo de los polvos lejanos, la niebla al final de los caminos, la bruma que transita los veleros; si uno lograra hacer eso, solo estaría conociendo una ínfima parte de tu extensión; carta, puente de amparos, abrigo de exilios.

Abrir una carta es tropezarse con zaguanes curtidos de alianzas. Instantes que aún siguen enganchados en la voluntad de no querer separarse de los seres amados. Ojos como lámparas, como velas insomnes que sueltan desde sus retratos el desfile de las palabras, las carrosas de los signos. En ellas soplan los mares, todos los mares, habitan arenas llenas de huellas, de cazas, de huidas. Se puede sentir la mudez de las sillas, los momentos hilvanados por el hilo del desencuentro.

Hoy, sin embargo, quiero compadecer tu destino. Me quiero adelantar a tu desaparición definitiva y regalarte unas palabras antes de que sea demasiado tarde. Tú, que siempre has sido un animal de carga. Es imposible que pueda superarse la emoción de abrir tu envoltura y extraer desde esa mortaja la médula palpitante de un saludo; pero ese contraste está dejando de respirar, la diferencia se está debilitando y con ello surge la apatía hacia la sencillez de tu vida, hacia tu calma, la necesidad de esperar que los días pasen para que se añejen las noticias, las informaciones, para que la experiencia pueda ser contada. Carta, vino y embriaguez de palabras.

Qué lenguaje podría usar para alejarte, para decirte que nunca abras la carta que no te anuncia. La carta vacía de sí misma, sin tus páginas, sin nada doblado adentro excepto tu cansancio por leerte, tu desgano por viajar, ya opacada por tanta mirada sin asombro, sin sobresalto ni lectura de nostalgia.

En esta carta que te envío me estoy desenvolviendo, sé que soy una carta escrita por el misterio, palabras que surgen en el momento mismo de ser leídas, no antes ni después. Acaso mi vida se ha venido desleyendo a sí misma, borrándose como un error ortográfico, tratando de torcer su sentido o recuperarlo sin saber muy bien para qué ni cómo se puede emprender ese esfuerzo. Mira este cementerio de papeles caídos, sobres ajados, recuerdos repasados, remarcados con la tinta del silencio. Carta, alfombra del alma, es indudable que hay seres que se apresan en sus cartas pasadas, en sus palabras anteriores, promesas escritas y sumergidas en baúles desvencijados, cuyas puertas son casi imposibles de abrir, cuyo fondo permanece intacto como el regalo de una partida, de un adiós.

 

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Toda carta es doble, siempre contiene una expresa y una latente, una que se teje en palabras visibles y otra que yace en el entredicho, en el supuesto. Somos así, lo que se oculta y lo que se muestra, pero en ti hay la posibilidad de alcanzar un grado más íntimo, de atrapar un olor, de contener en las manos de la grafía el contorno de la boca que nos dirige su acaso, su instante, su seducción. En muchos momentos que te elevaron a la luz, sangrante y dichosa como un Mesías, se colocaban sobre una mesa las confesiones desnudas, se ponía en juego el temblor expectante de los secretos. Muchas veces el solo hecho de extender un momento de soledad sobre un papel, y sobre este ver el rostro reflejado del que espera, el escribiente se manifestaba con más pasión, con su verdad, con el deletreo de sus lugares comunes. Carta, quizás el amor sufre tu misma suerte y marcha entre nosotros convirtiéndose cada día en un papel más blanco, sin manchas, sin el sudor de las manos, sin destinatario ni sellos de exclusividad.

En este atajo de la noche me despido. En esta impaciencia de ver cómo se redujo tu lugar en nuestras gavetas.

 

***

 

Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).

(Tomado de eldienteroto.org)

 

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