Vamos a hablarle claro al mundo. Aquí en Venezuela tenemos memoria. En el 99 no nos regalaron una Constitución; nos la sudamos nosotros mismos, artículo por artículo, en cada esquina y en cada escuela. Debajo de un árbol, en asambleas en las comunidades y en las radios, los constituyentistas bajaron a hablar con el pueblo, a explicar cada uno de los artículos, a la discusión y a la reforma; todo eso se discutió en Venezuela, de abajo hacia arriba. Esa es nuestra «Casa», la que construimos con la mano y con el alma para que nadie viniera a imponernos reglas extrañas.
El hilo que no se rompe
Por más que nos han querido dar golpes bajos —como ese vil secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la Primera Dama, Cilia Flores— aquí lo que nos ha permitido mantenernos de pie es precisamente ese hilo constitucional. La presidenta encargada Delcy Rodríguez no fue a La Haya por un invento, fue porque la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela lo manda. Ella es la voz de un pueblo que ya decidió y que no necesita que desde afuera le vengan a marcar los tiempos de sus elecciones.
Analicemos entonces: El pelón de B… de Trump
Aquí es donde el señor Donald Trump mete las cuatro patas y se echa tremendo pelón ¿A quién traiciona? Traiciona a su propia gente y a su propia Constitución de EE. UU. que tanto dice defender. Vamos a explicárselo clarito a nuestro pueblo, a ese pueblo que vive en comunidad y en las comunas; al que vende empanadas, al mecánico, al panadero y al costurero que se gana el pan con el sudor de su frente; al trabajador que está en la calle, al estudiante, al profesor, al rector, al alcalde y al gobernador. A ese pueblo consciente le decimos: aquí están los papeles.
Miren la última gracia: este señor publicó en su red social, Truth Social, una imagen del mapa de nuestro país cubierto con los colores y las estrellas de la bandera de los Estados Unidos y con el descarado sello de «Estado 51″. Pero fíjense bien en la jugada, porque en ese mapa nos quitó el territorio Esequibo. Lo hizo a propósito, lanzando ese pote de humo politiquero para que el mundo deje de hablar de la batalla histórica que ya sembró Venezuela en la Corte Internacional de Justicia. Quieren sabotear con propaganda barata lo que nosotros estamos defendiendo con la verdad histórica y el derecho en La Haya, pretendiendo de un plumazo regalárselo a las corporaciones y aseverando con total soberbia que Venezuela próximamente será un estado más de su Unión. ¡Qué pelón tan grande!
Si revisamos las leyes del país de Trump, con esa gracia él está ofendiendo directamente el Artículo VI de la Constitución de los Estados Unidos, que en su segunda cláusula dice textualmente:
»Esta Constitución, y las Leyes de los Estados Unidos que se emitan en cumplimiento de ella; y todos los Tratados celebrados, o que se celebren, bajo la Autoridad de los Estados Unidos, serán la Suprema Ley del País».
¿Qué significa esto en cristiano? Que lo que EE. UU. firma con el mundo es ley suprema en su propia casa. Y resulta que ellos firmaron la Carta de las Naciones Unidas que, en su Artículo 2, numeral 1, dice textualmente:
»La Organización está basada en el principio de la igualdad soberana de todos sus Miembros».
Y en su numeral 4 ordena de forma obligatoria a nivel internacional:
»Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado».
Entonces, saquen la cuenta, hermanos y hermanas: por su propia Constitución, Trump está obligado a respetar la Carta de la ONU. Al estar suscritos a ella, están amarrados por sus propias leyes a respetar la soberanía y la integridad territorial de los demás países. Por lo tanto, cuando publica ese mapa mutilado pretendiendo convertir a Venezuela en el «Estado 51», está violando la ley que juró defender en su propio territorio.
MÁS DEL MISMO AUTOR: VENEZUELA SE RESPETA EN LA HAYA Y EN EL MUNDO
Y para colmo de la ignorancia jurídica, el Artículo IV, Sección 3 de la Constitución de los Estados Unidos dice clarito sobre la creación de nuevos estados:
»El Congreso podrá admitir nuevos Estados a esta Unión; pero ningún nuevo Estado podrá formarse o erigirse dentro de la jurisdicción de otro Estado».
Aunque esto lo hicieron en su momento para sus asuntos internos, la lógica jurídica es la misma: ¡ni el presidente de EE. UU. puede andar inventando repúblicas ni anexando territorios soberanos por capricho imperial!
Es la gran contradicción: Si él dice que cree en el voto y en la legalidad, ¿cómo va a pretender pasarle por encima a los tratados internacionales y a una nación que tiene más de 200 años de historia libertaria? Mientras nosotros vamos a La Haya con los papeles en mano y nos plantamos con la verdad, él responde con una arrogancia que no tiene base jurídica ni en Caracas ni en Washington.
Un mensaje claro para que nos entiendan
Que nadie se confunda en el plano político. Nosotros no estamos imponiendo nuestro modelo a los demás, ni estamos cerrados al debate. Nuestro llamado a la paz no es un gesto de debilidad, sino una postura de madurez política y de convivencia internacional. Lo único que pedimos es reciprocidad: que así como nosotros respetamos las leyes ajenas, se respete la casa que nosotros construimos.
Estamos en un camino propio, enfrentando los retos con la frente en alto. Nadie puede pasar por encima de Venezuela, por su pueblo, por su dignidad, por su orgullo y por su impetuoso esfuerzo en tener soberanía e independencia; tal como lo hizo el Libertador Simón Bolívar y como lo hicieron los guerreros y los lanceros de Páez. ¡El sol de Venezuela nace en el Esequibo! Venezuela es soberana e independiente.
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