La mejor forma de guardar las cebollas enteras es colocándolas en un recipiente con buena ventilación o dentro de una malla.
Estas deberás llevarlas a un lugar oscuro, fresco y seco, lo que permitirá que el aire circule libremente y evite la acumulación de humedad, que suele ser uno de los principales factores cuando se trata de la descomposición de las cebollas.
Lo que debes evitar a toda costa es colocarlas en bolsas cerradas donde el aire no pueda circular de forma adecuada o en el refrigerador, ya que la humedad y el aire con poca circulación ocasionan que la cebolla se eche a perder más rápido.
Del mismo modo, evita colocarlas junto a las papas, ya que ambos vegetales pueden estropearse debido a la acumulación de gases que generan.
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Mantén tus cebollas separadas en un sitio aireado y lejos del calor y la humedad. Así vas a conservar su firmeza y su frescura. La única excepción en la que las cebollas deben guardarse dentro del refrigerador es cuando estas ya están cortadas.
En ese caso, lo mejor es colocarlas en un recipiente hermético para evitar que absorban olores o contaminen con su aroma a otros alimentos, y utilizarlas cuanto antes para que no pasen muchos días dentro de este electrodoméstico.
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Fuente: Gastrolab
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