Costumbres y tradiciones navideñas

Las épocas nos traen recuerdos, y los recuerdos, nos hacer vivir de nuevo. Antes en Cumaná las misas de aguinaldos generaban extrema alegría. Se ponían de moda los perdidos cascarones, distracción aromática de nuestros pueblos. Muchas jovencitas recibían el bambinazo por la espalda de la cáscara perfumada para embriagar de colonia su humanidad, era un juego decembrino y carnestolendo de tradición cumanesa.

Agrega la señora Josefa que las cáscaras las compraban en el negocio del recordado Cayo Cova, personaje que tenía una panadería, abierta todo el día, para su público, 50 cáscaras eran ofertadas por 4 bolívares, luego buscaban la cera de abejas para hacerle los taponcitos a los cascarones, buscaban también las colonias para darle el olor extravagante a la distracción.

La voluntad y fortalecimiento de nuestras costumbres sobraba para preservar una tradición de altos recuerdos en nuestros corazones chispeados de esencia decembrina.

 

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Los perfumes utilizados eran: Zarina, tabú, jonlarí y ramillete de novia. Parejitas luego de la misa caminaban por la calle larga, hoy avenida Bermúdez, conformando tertulias de amistad para arribar hasta el muelle de Puertos de Sucre donde pasarían un rato envuelto en amistad y cariño. Cuentan los viejos que cuando los jóvenes regresaban del muelle, se detenían en “la coquera” para comerse y compartir la apetecida empanada de cazón o de queso con el cafecito con leche que bajaba el bocado mañanero preferido por los comensales de esas horas.

Los dueños de la coquera era la familia Iturbe, nativos de Cumaná. El pueblo amanecía de la mano con las tradiciones, donde vendían hayacas y café, a la gente los sorprendía la alborada decembrina. Había una molienda, sitio de encuentro para los moledores de maíz, era la época del gobierno de Juan Vicente Gómez. Son aspectos y detalles de las navidades de antaño que reposan como destellos de historia pueblerina en la Cumaná cundida de cosas agradables.

Los muchachos inquietos y traviesos se montaban en las matas de chica o en los balcones de las casas para ver las películas mexicanas que pasaban en el antiguo cine Paramount de Cumaná. Había una curiosidad en la iglesia de Altagracia, consistía en que los habitantes preferían asistir a las misas de aguinaldos que se hacían en esta iglesia.

La iglesia de Santa Inés también era muy visitada por los feligreses, los patinadores recorrían desde la iglesia Santa Inés hasta la calle larga patinando en grupo. Esa antigua calle larga se convirtió después en la populosa avenida Bermúdez de Cumaná.

 

Según consultas realizadas a los habitantes de la parroquia Altagracia, las misas se extinguieron de la iglesia Altagracia porque sucedió algo curioso: un señor de respeto, pero ebrio, fue al mercado municipal con su burro y lo cargó con dos maras de tomates maduros y posteriormente se metió en la iglesia y en plena misa comenzó a lanzar tomates a todos los feligreses y asistentes. Las misas quedaron pospuestas a raíz de este suceso desagradable.

Los fuegos artificiales embriagaban de humo a la ciudad: Salta pericos, triquitraquis, silbadores y piedras de clorato y azufre que al rodar por el suelo generaban ruidos de alegría y bulla pascual.

En las madrugadas los panaderos tenían por costumbre dejar en las puertas de las casas bolsas encargadas de pan, los muchachos bellacos que asistían a las misas que se echaban a caminar registraban las bolsas de pan, se comían los panes y se bebían la leche de vaca que se dejaba en las puertas de los hogares cumaneses.

El mercado viejo era escenario para beber café, tomar chicha, café con leche, comprar mandarinas para comer y caminar las calles de la ciudad. El café con leche del señor Bartolomé Rivero era preferido por grandes y chicos.

Las serenatas eran de santo cumplimiento, se hacían a pie la mayoría, desde Caigüire hasta Barrio Sucre pasando por la Arismendi, Andrés Eloy, Avenida Bermúdez y otros sectores. El cuatro sonaba, por cualquier lado, siempre aparecía un cuatrico, tambor, furruco y maracas para darle la algarabía necesaria a la navidad.

En Puerto Sucre muchos músicos sacaban sus mandolinas, cuatro, tambor y furrucos para entonar aguinaldos y parrandas de su propia autoría o aguinaldos heredados de la tradición. También cantaban aguinaldos tradicionales, aguinaldos improvisados en rola, parrandas y villancicos. En Puerto Sucre aún existe una capilla de bahareque para realizar actos litúrgicos incluyendo las archiconocidas misas de aguinaldos.

Los parranderos caminaban las calles de Cumaná para llevar su música, su variado repertorio y disfrutar con la gente que salía a su encuentro. Consumían para estimularse ron con ponsigué, leche ‘e burra, ron caña blanca, los rones fabricados en Cumaná, vino pasita, y otras bebidas tradicionales incluyendo la típica “brujita”. Hasta la próxima crónica.

 

Cumaná, 22-12-2025

 

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Ciudad Valencia/José Gregorio Figueroa Delgado/DG

Foto: Iglesia de Santa Inés (redes)