Daniela Salom nació en Valencia el 16 de marzo de 1989. Desde sus primeros días, la vida le presentó retos que muchos considerarían limitantes: Espina Bífida y Mielomeningocele. Sin embargo, Daniela ha demostrado que los diagnósticos no definen a una persona.
Una vida que desafía los pronósticos
Daniela Salom es considerada un milagro viviente porque los médicos decían que no podría sobrevivir, y a los 21 días de nacida tuvo su primera intervención quirúrgica. Entre sus operaciones, recuerda la extirpación del tumor en la espalda y la cantidad de complicaciones que surgieron después: fiebres altísimas, largas hospitalizaciones y nuevos procedimientos que ponían a prueba su resistencia. A los siete años, enfrentó una cirugía de corrección de columna, una experiencia que marcó profundamente su infancia.

En cada etapa, el amor incondicional de sus padres, Nector Salom y Nelly Zobeida Matute, fue el pilar que sostuvo su esperanza. Ellos no solo la acompañaron físicamente en cada visita al quirófano, sino que también le transmitieron la fe y la fortaleza necesarias para seguir adelante. Daniela nunca dejó de creer, nunca dejó de luchar.
Hoy, con 36 años, su historia es testimonio de superación, talento y vocación. Su vida no ha sido fácil, pero ha estado marcada por logros que hablan de una voluntad inquebrantable.
Educación, arte y vocación
Desde la infancia, Daniela contó con el apoyo de su familia para cursar la educación primaria con éxito. La secundaria la completó en distintos liceos, graduándose como bachiller en humanidades. A los 12 años, comenzó a tocar la flauta dulce en la iglesia San Juan María Vianney, donde también exploró el teatro, la pintura y el canto coral. Su amor por el arte la llevó incluso al conservatorio de Música Carabobo aunque tuvo que dejarlo por compromisos académicos.
Su vocación por la educación especial nació al colaborar con niños con deficiencia auditiva junto al profesor Marcelino Juárez. Esa experiencia la marcó profundamente y la llevó a estudiar Educación Especial en la UPEL. Allí no solo se formó profesionalmente, sino que también consiguió su primer empleo en el Instituto de Educación Especial Estadal Valencia, trabajando con niños con condición de neurodesarrollo.

Más adelante, trabajó en el Centro de Desarrollo Infantil Celia Masabe, ubicado en el Hospital Central de Valencia, brindando refuerzo académico a niños de comunidades cercanas. Actualmente, ejerce como psicopedagoga en la Escuela Básica Estadal Pedro Celis, con una trayectoria de 18 años en el área educativa.
Pero Daniela no solo enseña: también canta. Desde hace años forma parte de la Agrupación Musical Los Triunfadores Parranda y Tambor, agrupación fundada por sus padres. Como solista, ha llevado mensajes de inclusión y esperanza. En 2024, participaron en el Festival de Parranda del Teatro Municipal de Valencia, ganando con la canción “Ser diferente es algo común”, una letra que toca profundamente su historia y la de muchos compañeros que ya no están. “A veces, cuando la ensayamos, se me hace un gran nudo en la garganta”, confiesa Daniela, recordando a los amigos que comenzaron con ella y que por distintas razones no pudieron continuar.

El verdadero significado de la capacidad
Daniela Salom agradece a Dios, a sus padres y hermanos por acompañarla en cada paso. Su mensaje es poderoso: “Las discapacidades están en la mente. Todo en esta vida se puede lograr”. Ella es profesora, artista, psicopedagoga, y sobre todo, una mujer que ha transformado sus circunstancias en fortalezas.
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Para quienes enfrentan alguna condición especial, Daniela deja claro que los límites son mentales, no físicos. Y para la sociedad en general, lanza una reflexión que sacude: “Hay personas que no ven y ustedes ven, hay personas que no oyen y ustedes oyen, hay personas que no caminan y ustedes caminan… y aún así se quejan por tonterías. Yo conozco personas que no ven, no oyen, no caminan… y son felices. Entonces, hay que agradecer a Dios por la vida”.
Daniela Salom vive más allá del diagnóstico. Su historia nos recuerda que la verdadera capacidad está en el alma, en la voluntad de avanzar, y en el amor que se entrega a los demás. Porque cuando se vive con propósito, no hay condición que detenga el corazón.
Ciudad Valencia / Diego A. Trejo












