De profesión libertador… Si alguien no tenía necesidad de andar por ahí, en batallas, revueltas políticas y asuntos de gobierno, era Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios.
El cuarto de los hermanos Bolívar y Palacios pertenecía a una de las familias más ricas, no solo de Venezuela, sino de toda la América del Sur.
En los más de dos siglos que llevaba en territorio venezolano, la familia Bolívar se había hecho dueña de las mayores minas de plata y cobre, así como de grandes haciendas en las que se producía cacao, azúcar e índigo y también se criaba ganado. Además, poseía gran cantidad de esclavos.
El matrimonio de Juan Vicente Bolívar con María de la Concepción Palacios y Blanco acrecentó el patrimonio, pues la familia Palacios poseía numerosos terrenos en Caracas y La Guaira.
A la muerte del padre, la madre del futuro Libertador logró aumentar las propiedades y hacer respetar las que poseían. Tras morir doña Concepción, Simón y sus hermanos –María Antonia, Juana y Juan Vicente–, pasaron a ser dueños de una enorme fortuna, gracias a la cual tendrían una economía boyante por el resto de sus vidas.
Pero he aquí que Simón se empeñó en liberar a su país, política y económicamente de España, la nación europea que entonces imponía gobernantes, cultura y economía a la mayor parte del continente americano.
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En ese empeño, sacrificó una cantidad apreciable de su fortuna material y, si no lo perdió todo, se debió a la rigurosa administración de su hermana María Antonia.
Bolívar, no conforme con haber logrado la independencia económica de seis naciones –en su tiempo, solo dos: Nueva Granada y Perú–, tuvo la idea de liberar a Cuba y a Brasil de los gobiernos coloniales de España y Portugal, respectivamente.
En 1826, el Libertador se propuso una nueva tarea independentista: la liberación de la isla de Cuba, sometida hasta entonces a la corona española. A su plan –que fue conocido por quienes entonces gobernaban la isla–, se le dio el nombre de Los Soles de Bolívar y, aunque no se llevó a cabo, movilizó en su favor a algunos amigos del Libertador que fungirían como agentes de enlace.
Al frente de este proyecto libertario de Cuba –que, lamentablemente, se quedó en eso, en proyecto–, Bolívar pensaba poner al general venezolano José Antonio Páez.
La razón por la cual no se realizó dicho plan fue por el rechazo que el mismo suscitó –¿cuándo no?–, en los Estados Unidos, rechazo que impidió la obtención de los recursos económicos necesarios para desarrollarlo.
Antes, Bolívar también pretendió liberar a Brasil del colonialismo portugués. Mas, cuando en 1825 expresó este deseo, no recibió apoyo alguno de las repúblicas que integraban la Gran Colombia.
El Libertador fue, en verdad, un amante de la libertad. No como algunas personas que hoy día, al hablar de tal facultad y derecho, se refieren solamente a la libertad de hacer lo que les da la gana, explotando y expoliando a diestra y siniestra e imponiendo la dictadura del capital, que es una de las peores maneras de coartar la libertad.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia / RM









