De tales padres, tales hijos… Todavía se discute hoy aquello de que si el talento, la inteligencia o la genialidad se heredan, si están en los genes o si son atributos que cada quien desarrolla independientemente de quiénes sean los padres.
En fin, se le busca la raíz o raíces al desenvolvimiento fuera de serie que alguien demuestre. No obstante esas viejas interrogantes, lo que sí es cierto y notorio es esa tendencia natural de todo niño o niña de imitar hábitos, conductas de sus padres, sean buenos o no, y si además esa imitación va reforzada y guiada de manera inevitable arrojará resultados muy notables.
Hoy les presento los casos de varios músicos de renombre internacional quienes encaminaron a sus hijos por la misma senda, la música. Y haré énfasis en los padres por ser hoy su día, lo cual no le resta importancia al apoyo de las madres.

Inicio con el maestro don Enrique “Quique” Lucca, creador de una de las orquestas más importantes de Puerto Rico y de la historia de la Salsa “La Sonora Ponceña”. Don Quique fue visionario por dos razones: primero vio la genialidad que poseía su hijo Papo Lucca al ejecutar el piano, lo apoyó, y, segundo, lo incorporó con apenas 14 años en la orquesta y al poco tiempo se convirtió en el director y arreglista absoluto de la misma.
Por otra parte, tenemos a un señor llamado Víctor Nicanor Paz, de origen chileno radicado en Panamá, músico trompetista y quien fue el director de la orquesta del Cuerpo de Bomberos de Panamá; este músico, a uno de sus hijos, le tocaba la trompeta cuando estaba en su cuna y luego, de regalo, le obsequió una trompeta sencilla.
Ese niño al cual le dieron una trompeta sería con los años el mejor trompetista, para muchos, de la música latina, Víctor “Vitín” Paz, quien tocaría en Venezuela con Aldemaro Romero y Jesús “Chucho” Sanoja y posteriormente con las mejores bandas de Nueva York.

Seguimos con un extraordinario bongosero, pieza importante en las orquestas de Frank Grillo “Machito”, Richie Ray y Bobby Cruz e incluso tocó con el mítico saxofonista estadounidense Charlie Parker, me refiero a José Mangual (padre), conocido también como “Buyu”, éste creó todo un linaje familiar de bongoseros, padre de José Mangual Jr. y de Luis Mangual; ambos hijos se han paseado por las mejores orquestas de Puerto Rico y Nueva York. El primero acompañó a Willie Colón como bongosero y corista la mayor parte de la trayectoria de Colón y, además, ha demostrado con su propia orquesta sus cualidades como vocalista y sonero.
Otra leyenda de la música cubana que delegó en su hijo la continuación, aunque trabajaron en paralelo muchos años, fue el caso del gran pianista Bebo Valdés, su hijo Jesús “Chucho” Valdés le siguió los pasos y ha ido más allá en presencia, participación internacional y, sobre todo, su incursión en el Latin Jazz.

Bebo tuvo su última gran participación en la producción hecha junto al español Diego El Cigala “Lágrimas Negras” (2003), la cual tuvo un éxito rotundo basado en versiones de boleros clásicos fusionados con el Flamenco; este trabajo lo dio a conocer entre las nuevas generaciones. De hecho, padre e hijo llegaron a grabar juntos una producción muy recomendable titulada “Juntos por siempre”.
De aquí del patio, tenemos a Federico Betancourt, músico pionero de la Salsa en Venezuela con su “Combo Latino”. Acostumbraba Federico llevar a su hijo Federico Jr. a los ensayos y a presentaciones en diferentes localidades, era inevitable que ese muchacho tomara la misma vía. Es este Junior el creador, timbalero y director de una de nuestras mejores orquestas “Magia Caribeña”.
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Caso muy parecido es el de Emilio “Pan con queso” Landaeta y su “Sonero Clásico del Caribe”, pues también encaminó a su hijo Pablo en la música y, no sólo eso, también lo ilustró como “Luthier”, ya que Emilio fabricaba instrumentos de percusión, y ahora Pablo, no sólo es el conguero y director del “Sonero Clásico”, sino que también heredó ese oficio y conserva el estilo y calidad tanto en la dirección de grupo como en la de “Luthier”.
La Orquesta Aragón es un Patrimonio de Cuba, creada en 1939 por Orestes Aragón, y aún vigente. Su director, por muchos años, fue el violinista Rafael Lay, quien, a su vez, asumió la mayoría de los arreglos musicales junto al flautista Richard Egües. Tuvo esta responsabilidad como director desde el año 1948 hasta su fallecimiento el 13 de agosto de 1982, desde entonces Rafael Lay hijo tomó la batuta continuando con el legado, la calidad y el feeling charanguero que la caracteriza. Un excelente ejemplo del manejo de los relevos exitosos.

Otro padre orgulloso ha sido el dominicano Cuco Valoy, merenguero y salsero de los mejores, quien ha compartido su éxito sumando a su hijo Ramón Orlando Valoy, pianista, compositor y arreglista de gran presencia y peso en sus producciones.
Pues, vaya la sólida manera de demostrar la dedicación a los hijos y velar porque éstos consoliden sus sueños. Algunos padres se niegan a que sus hijos transiten por la música como profesión o medio de existencia, porque han vivido en carne propia cuán complicado, difícil y arriesgado es asumir este arte, sin embargo, muchos han demostrado que con la disciplina y la correcta formación sí hay opciones de triunfo; lo difícil es un factor que siempre acompañará toda aspiración al triunfo.
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Ramón Emilio Toro Martínez (Caracas-Venezuela, 1966) es licenciado en Educación, mención Lengua y Literatura, de la Universidad de Carabobo (UC) en 1993. Es también Productor Nacional Independiente y locutor con experiencia en el desarrollo de programas radiales sobre música afrocaribeña en la ciudad de Valencia, estado Carabobo: Ciento por ciento Natural, por Lago 91.5 FM; Letras y Notas, por Salsera 96.3 FM, y Óyelo que te conviene, por RNV Región Central 90.5 FM. Es autor del libro «Letras y Notas sobre la Música del Caribe» (2020), presentado en la FILVEN Caracas 2020 (Casona Cultural Aquiles Nazoa) como el único proyecto editorial independiente de ese año.
Ciudad Valencia / Foto de RT: Edicson Dávila












