«Educación liberadora, diálogo de saberes y Poder Popular» por José David Capielo

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Dando continuidad al tema educativo, como aspecto siempre ligado a lo político y social, trataremos de realizar otro acercamiento a la educación popular liberadora, y dentro de ésta, al llamado “diálogo de saberes”, como base sustantiva en la consolidación del Poder Popular, el cual representa el instrumento fundamental en el avance de los procesos de transformación social.

Expreso que no soy especialista en Ciencias de la Educación, sino un simple educador, que en los últimos veinticinco años ha estado ejerciendo esta profesión, tanto en tareas de capacitación o educación no formal, como igualmente en las aulas de la Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez” (UNESR).

Nuestra propia vida representa, sin duda, un aprendizaje permanente; como dicen los entendidos, desde el propio vientre materno. De allí mi interés por leer, releer, difundir y ejercitar, en lo que podamos, las ideas claves de referentes como Paulo Freire y Simón Rodríguez, entre otros; que tienen vigencia plena en la generación de cambios revolucionarios, que favorezcan a nuestros pueblos, obviamente con el énfasis en nuestra Latinoamérica y el Caribe.

Dentro de la educación liberadora destaca entonces  el “diálogo de saberes” como proceso comunicativo en el cual se ponen en interacción dos lógicas diferentes, la del conocimiento científico y la del saber cotidiano, con clara intención de comprometerse mutuamente, e implica el reconocimiento del otro como sujeto diferente, con conocimientos y posiciones diversas.

Esto no es contrario con los fines educativos, si éstos se dirigen a promover la libertad y la autonomía para que cada quien tome las decisiones más apropiadas, para sus condiciones y contextos particulares.

Es un encuentro entre seres humanos, educandos y educadores, donde ambos se fortalecen, ambos se transforman. Es un escenario donde se ponen en juego verdades, conocimientos, sentimientos y racionalidades distintas, en la búsqueda de consensos, pero respetando los desacuerdos.

Se busca la complementariedad y el aprendizaje para todos; y no la tradicional relación de subordinación y dominación, tanto de la escuela conservadora como del educador tradicional, que aspiran solo a “transmitir” conocimientos, en una relación “del que sabe” hacia “el que no sabe”, considerando a los educandos como “depósitos” que deben ser llenados; de allí la crítica freiriana a la llamada “educación bancaria”.

Estamos claros que la educación tradicional nos viene desde la época colonial, y la gran mayoría de nosotros aún arrastra parte de esos bemoles en su formación particular; pero aun así, los cambios necesarios, que no son nada fáciles, representan el reto a vencer en la búsqueda de un docente “facilitador de procesos” y no simple instructor.

Para Rodríguez R. (UNESR, 2008), es fundamental reconocer la historia y el papel de los saberes populares, producto de las experiencias, de las tradiciones, herencia de culturas que nos antecedieron; con los que tienen capacidad de dar respuestas a su contexto. Estos representan un saber más libre, que ejerce una ética permanente de respeto al otro y a la naturaleza. El  saber científico y el saber popular son definitivamente complementarios.

También el autor nos advierte sobre distinguir entre información y conocimiento, a propósito de las redes sociales y el internet. Podemos estar muy bien informados y aun así mantenernos ignorantes de muchas cosas.

La llamada sociedad del conocimiento se reserva la mayoría del saber científico que se produce dentro de la racionalidad capitalista, más aún en su acepción neoliberal. Y esta “ignorancia sapiente” limita igualmente la participación popular, ya que la misma no puede estar guiada solo por la voluntad o la pasión.

 

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El sociólogo colombiano Orlando Fals Borda (1925-2008), pionero de los estudios sociales y de la “Investigación Acción Participativa” (IAP) en nuestro continente, señalaba: “No monopolices tus conocimientos, ni impongas arrogantemente tus técnicas. Comparte lo que has aprendido junto con la gente, de manera de hacer comprensible y agradable lo que pretendas compartir. La ciencia no puede ser necesariamente un misterio, ni un monopolio de expertos e intelectuales”.

Diremos finalmente que en los procesos emancipatorios, que se intentan en nuestro país y en otros países latinoamericanos, debemos reivindicar la educación popular y el diálogo de saberes, ya que no dejan de existir tendencias a reproducir prácticas educativas autoritarias y excluyentes; lo cual repercute negativamente en la participación, organización, y concientización de muchos de nuestros compatriotas, que integran las distintas instancias del Poder Popular.

 

Ciudad VLC / José David Capielo