De la calidez del teatro infantil en Carlos Arvelo a los imponentes formatos de la pintura mural en Sudamérica, la trayectoria de Elsy Guerrero se define por una vocación ininterrumpida hacia el hecho estético.
Docente egresada de la Universidad de Carabobo, artista plástico y creadora visual, Guerrero encarna a una generación de artistas venezolanos que ha sabido articular la rigurosidad académica, la sensibilidad pedagógica y la intervención del espacio público. En esta conversación profunda, la creadora repasa sus orígenes, su visión del panorama cultural venezolano y su incesante búsqueda del equilibrio entre la vida, la enseñanza y la creación.
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Orígenes y formación
Para comenzar, coméntame: ¿Cuándo naciste, quiénes son tus padres y cómo recuerdas ese primer contacto con el arte en la infancia hasta que dejó de ser un juego para convertirse en tu lenguaje principal?
Nací el 18 de octubre de 1992. Mis padres son colombianos y emigraron a Venezuela; mi papá se llama Luis Guerrero y mi mamá, Rosa Buzón. Mi primer encuentro con las artes fue a través del teatro. Empecé a ver clases alrededor de los 10 años en la Casa de la Cultura «Don Ramón Mejía», acá en el municipio Carlos Arvelo. Luego me inscribieron en clases de danza; estuve muchos años bailando danza nacionalista, folclórica y contemporánea.

También formé parte de un coro infantil que funcionaba como una escuela integral: veíamos música, danza y oratoria. Fue una formación muy bonita con la que viajé por varios canales de televisión nacional como Venezolana de Televisión y Venevisión, e incluso tuve la oportunidad de conocer a Yolanda Moreno.
Fue una infancia muy bella alrededor de las artes escénicas y musicales. En esa misma casa de la cultura daban clases de pintura, pero de niña nunca me inscribí; solo veía al profesor dictar sus sesiones.
Ya en la adolescencia empezó a llamarme la atención el trabajo manual: pintar en cerámica, modelar arcilla, trabajar con masa flexible y papel maché, entre otros materiales. Luego, al salir del bachillerato, me vi en la disyuntiva de elegir entre estudiar Danza Contemporánea en Caracas o Educación, mención Artes Plásticas, en la Universidad de Carabobo.
Me llamó la atención esta última porque conocía a alguien que la cursaba y, por la cercanía geográfica, decidí ingresar. Fue precisamente en la universidad donde nació formalmente mi amor por las artes plásticas. Recuerdo que durante la carrera vi muchísima historia del arte, módulos prácticos y, hacia el final de los estudios, empecé a pintar con mucha frecuencia, dedicándome en un principio al arte decorativo por encargo.
De tu formación universitaria: ¿Cómo moldearon tus profesores y las aulas de la UC tu visión teórica del arte y tu vocación pedagógica?
La carrera no se limitaba a conocer la historia del arte tradicional con la que muchos ya habíamos tenido contacto en el bachillerato, sino que nos llevaba a la raíz de las manifestaciones culturales de distintas partes del planeta: el arte africano, el asiático y las diversas clasificaciones del arte europeo; entender por qué se dieron, cómo surgieron y qué las generó.
Todo ese bagaje teórico me fue atrapando por completo. Sinceramente, considero que los docentes supieron transmitirnos esa pasión por enseñar el retrato de nuestra historia. Luego, al llevarlo a la práctica profesional en instituciones educativas —enseñando este contenido a los niños y jóvenes en los liceos—, ver cómo ellos se admiraban, se enamoraban y se maravillaban de todo este universo fue algo que me llenó muchísimo. Disfruté enormemente mi etapa universitaria.

La docencia como trinchera
¿Cómo se alimenta mutuamente la artista que crea en el taller y la educadora que enseña a observar el arte?
Mi trabajo artístico está enfocado principalmente en los murales y en la pintura de caballete, por lo que no solo permanezco en el taller, sino que me traslado al lugar donde se requiera la obra. Soy una persona inquieta que necesita estar creando constantemente: si no estoy pintando un cuadro, estoy ejecutando un mural, ideando un nuevo proyecto u organizando un taller o curso.
Considero fundamental transmitir los conocimientos que he adquirido a quienes desean conocer más sobre las artes, especialmente a los niños, quienes poseen una creatividad infinita que hay que cultivar y sostener en el tiempo. Saber que puedo formar parte de la historia de alguien que se está descubriendo a sí mismo y conociendo su capacidad de crear es algo profundamente conmovedor para mí.
¿Tienes algún maestro de la plástica nacional o internacional que admires particularmente?
Admiro la producción de diversos artistas, sobre todo de aquellos que fueron determinantes en épocas específicas porque representaban el horizonte de conocimiento de su tiempo. En lo personal, me atrae mucho el arte figurativo, el surrealismo, el realismo fantástico y el realismo social. Entre los referentes internacionales puedo mencionarte a El Bosco, Caravaggio y Salvador Dalí. En cuanto a los maestros nacionales, me fascina el trabajo de Arturo Michelena y Martín Tovar y Tovar; la manera en que pintaban la realidad histórica a través del arte figurativo y todo lo que estaba intrínseco en sus relatos visuales mediante la paleta cromática y la composición de sus personajes.
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¿Qué historias o reivindicaciones llevaste al formato mural durante tu paso por Colombia y Ecuador?
Comencé a pintar murales estando en Ecuador; allí tuve mi primer contacto formal con el trabajo a gran escala sobre paredes. Inicialmente me contactaban en locales comerciales para intervenir espacios y armonizarlos, logrando que el público se tomara fotos y se le diera vida al lugar.
Recuerdo haber trabajado en un restaurante de comida argentina donde pinté «Caminito», ese rincón tradicional de Buenos Aires con sus casitas coloniales de colores; la idea era sustraer esa imaginería y plasmarla en la pared para que los visitantes se sintieran literalmente en Argentina. Allí también pinté retratos de Messi, Maradona y escenas de películas icónicas. En espacios de coworking desarrollé obras vinculadas a la creación de ideas, la innovación digital y la reafirmación de pensamientos positivos. Tuve la fortuna de intervenir una gran diversidad de espacios.
¿Qué símbolos, paisajes o reflexiones sobre la identidad venezolana habitaron tu obra durante tus años en el exterior?
Diría que principalmente el uso del color vibrante. Además, un elemento recurrente fue la orquídea morada, nuestra flor nacional. A las personas en el exterior les encantaba; incluso me pedían pintarla sobre sombreros de paja toquilla, aprovechando esa hermosa tradición de personalizar prendas artesanales al gusto del cliente.
¿Quién es hoy la artista Elsy Guerrero y hacia dónde apunta su búsqueda actual?
Además de artista, soy madre, esposa, hija y mujer. En este momento me encuentro buscando un equilibrio entre mi vida personal y mi ejercicio artístico, pero sin relegar mis proyectos. Quisiera pintar durante toda mi vida, especialmente en el ámbito mural, y llegar a intervenir paredes monumentales tanto dentro como fuera de Venezuela para representar nuestra cultura e identidad en grandes formatos.
Actualmente, junto a mi esposo —quien también es artista y con quien comparto esta vida creativa—, estoy construyendo el proyecto de nuestra Casa Atelier. Queremos que sea un espacio donde los visitantes tengan un contacto directo con el hecho artístico e incluso puedan ejercitar su propia creatividad estando allí. Estoy enfocada en finalizar esa iniciativa, consolidar murales a gran escala que llenen de color diversos rincones del país y acompañar a mi hija en su crecimiento, integrándola a este proceso artístico familiar.
¿Qué le dirías hoy a un joven estudiante de arte o a un creador emergente en Venezuela que sienta dudas sobre dedicarse a las artes plásticas o al muralismo?
Les diría que cuando convives con esa necesidad constante de crear, no hay nadie que te detenga, no hay coyuntura política, familiar o de entorno país que te impida hacerlo. Es un reto sumamente personal que cada quien debe asumir desde sus propias posibilidades. Además, no todos los artistas se dedican de manera exclusiva a la producción plástica; conozco a muchos creadores que son abogados o médicos y ejercen sus profesiones sin abandonar jamás la creación gráfica.
Si decides dedicarte al arte es porque respondes a un llamado interno, a la necesidad de materializar en el mundo tangible las ideas, pensamientos y sentimientos que habitan en ti, ya sea como un reflejo propio o como un acto de comunicación con el otro. Y si decides entregarte a la plástica por completo, bienvenido a un mundo mágico, lleno de retos, circunstancias y reinvención constante. Es vital mantenerse al día con las vanguardias, pero sin olvidar jamás las raíces de la plástica ni el lenguaje propio que deseas transmitir.
¿Cómo ves el panorama de las artes plásticas en Venezuela y qué puede aportar o transformar en la escena cultural tu generación?
Veo un panorama sumamente activo. Siento que el arte plástico en Venezuela ha salido progresivamente del formato tradicional de galería o museo para integrarse a la cotidianidad. El muralismo ha sido clave en esto, porque lleva color, composición e historia a comunidades que quizás no tienen acceso frecuente a una institución cultural.
Percibo que el ciudadano común está más sensibilizado e interesado hacia el hecho plástico. No solo hay más personas que desean adquirir un cuadro para decorar un espacio y conectar con la obra, sino que también ha aumentado el interés por incorporar esculturas y murales en hogares y entornos de trabajo. Asimismo, veo una valiosa inquietud en los padres por sembrar en sus hijos esa sensibilidad hacia la creación, inscribiéndolos en talleres y respaldando sus procesos creativos.
Para finalizar, ¿Qué es el arte para ti?
El arte es la creación humana en búsqueda de lo sublime. Es un lenguaje universal que nos conecta, nos engloba y trasciende cualquier frontera. Considero que cuando un artista crea hoy en Venezuela —ya sea pintando un cuadro, escribiendo una canción o ideando una coreografía—, el espectador, en cualquier parte del mundo, es capaz de experimentar esa misma emoción de origen. A pesar de las distancias geográficas o las diferencias culturales, existe un hilo invisible que nos conecta internamente a todos, y ese hilo es el arte.
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Vanileiby Rivas: originaria de Puerto Cabello, Carabobo, Venezuela, es una artista plástica y poeta con formación en el área educativa y artística.
Es licenciada en Educación, Mención Artes Plásticas, egresada de la Universidad de Carabobo (UC).
Ha fortalecido su faceta literaria participando en diversos talleres de poesía en el Departamento de Literatura de la UC y en el Instituto Municipal para la Cultura de Puerto Cabello.
Complementando su perfil artístico, Rivas ha desarrollado habilidades en el campo de la comunicación social, ejerciendo como presentadora en el canal Todo y más TV y como redactora en el periódico Todo y más noticias.
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