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Erratas maestras | Armando José Sequera

Don Quijote-Picasso-ía del libro

Cuando escribimos debemos cuidar los detalles. Estos enriquecen un texto, pero al descuidárseles, también pueden invalidarlo o anularlo. La mayoría de las erratas pasa inadvertida incluso para los propios autores. Pero otras se adhieren al texto como moluscos. Tanto ver un mismo escrito hace que el cerebro complete aquello que no está en este.

Hasta en obras maestras de la literatura universal hay desatenciones. No a modo de consuelo, sino de información, citaré un par de ejemplos citados por estudiosos, en dos de los libros más vendidos y leídos en la historia de la literatura: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, y Robinson Crusoe, de Daniel Defoe.

Antes de la publicación de la primera edición de El Quijote, Cervantes hizo una revisión superficial. Tan superficial que en ella se han contado más de dos mil erratas, gran parte atribuida a los trabajadores de la imprenta de Juan de la Cuesta, el editor original, pero muchas debidas al propio escritor. Entre estas, la más conocida se refiere al robo del burro de Sancho Panza.

 

DEL MISMO AUTOR: ANECDOTARIO VENEZOLANO

 

En el capítulo XXII de la primera parte de El Quijote, el caballero y su escudero liberan a un grupo de doce delincuentes, a los que cuatro guardianes conducen a las galeras del rey, a cumplir su castigo como remeros forzados en los barcos de la flota española. Cuando los galeotes se ven libres, atacan y ponen en fuga a tres de los guardianes y golpean al comisario. Además, los despojan de sus vestimentas y sus armas. Luego la emprenden a pedradas contra sus libertadores y a Sancho le quitan cuanto lleva y lo dejan en pelota.

En el siguiente capítulo, el caballero y su escudero duermen al aire libre en la Sierra Morena española y el bandido Ginés de Pasamonte, uno de los liberados, le roba el burro a Sancho. Cito: “Dormía Sancho Panza; hurtole su jumento, y antes que amaneciese se halló bien lejos de poder ser hallado”.

Cuando en 1604 Cervantes hizo la última revisión de sus originales, eliminó esta escena del robo. Pero olvidó quitar, en los capítulos siguientes, los reiterados lamentos del escudero por perder su montura. En su tiempo, fueron muchas las críticas –entre ellas, algunas de escritores españoles contemporáneos–, sobre este descuido. Debido a ello, cuando escribía la segunda parte de El Quijote, Cervantes restituyó el despojo del burro en las nuevas ediciones.

En cuanto al segundo ejemplo, debo decir que, a pesar de haber sido traducida a los principales idiomas del mundo, muy pocos de sus más de cien millones de lectores se han percatado de un error involuntario que se coló en Robinson Crusoe.

Figura en los momentos posteriores al naufragio del barco donde viajaba Robinson, cuando este trata de salvar algunos de los objetos y alimentos que se encuentran en los restos de la nave.

“Decidí –dice–, si era posible, llegar al barco; por lo tanto, me quité las ropas, ya que el tiempo era extremadamente caluroso, y me sumergí en el agua. Encontré que todas las provisiones del barco estaban secas; y estando bien dispuesto para comer, fui a la habitación del pan y llené mis bolsillos con bizcochos”.

¿Cómo pudo Robinson Crusoe llenar sus bolsillos con bizcochos si se había quitado las ropas?

 

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la mansedumbre-Armando José Sequera-Carrusel de curiosidades-Guzmán Blanco

Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).

Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una sogaLa vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños TeresaMi mamá es más bonita que la tuyaEvitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.

«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».

 

Ciudad Valencia/RN/Foto del autor: Gerardo Rosales