Experimento Cortaciano *
Con rupturas tipográficas, collage de voces y hasta instrucciones de lectura al estilo de Rayuela. (Como era lógico seguiremos un poco con las instrucciones tipo Cortázar, y bueno ¿Qué más esperaban, es una columna sobre Julio Cortázar?
Instrucciones para leerlo sin instrucciones
(Este texto puede leerse de arriba abajo, de abajo arriba, o saltando como en una rayuela. El orden es tuyo. El desorden también.)
Capítulo 1
Bruselas, 1914.
Un niño nace en medio de la guerra.
Ese niño será argentino, será francés, será un poco de todos los lugares donde la palabra se le vuelva casa.
(Si quieres, pasa al Capítulo 7. O quédate aquí, mirando cómo la infancia se convierte en patio y tranvía.)

Capítulo 7
La Maga camina por el puente de París.
Desaparece en la bruma.
Oliveira la busca, pero la ciudad se ríe:
la Maga es ausencia, es pregunta, es un espejo que nunca devuelve la misma imagen.
(Si prefieres, salta al Capítulo 73. Allí esperan los cronopios.)
Capítulo 73
Un cronopio se esconde en el bolsillo de tu chaqueta.
Otro duerme en la lámpara del living.
Los cronopios desordenan la rutina, ponen flores en los zapatos, lloran cuando llueve.
Cortázar los inventa y tú los reconoces:
somos cronopios cada vez que la vida se nos escapa por una rendija.
(Regresa al Capítulo 1, o avanza al Capítulo 99. No hay reglas.)
Capítulo 99
Un hombre se convierte en axolote y se queda mirando desde el acuario.
Una carta llega demasiado tarde y el tiempo se pliega como un acordeón.
Los cuentos de Cortázar son trampas: habitaciones con espejos que se multiplican.
Entramos y ya no salimos iguales.
Capítulo 42
Biografía mínima: profesor, traductor, exiliado voluntario.
Un hombre que amaba el jazz y los gatos.
Un argentino que eligió París como escenario.
Pero todo eso es apenas un pie de página.
La verdadera biografía está en sus libros.
Capítulo 58
Tú.
Sí, tú que sostienes estas palabras.
Cortázar te obliga a leer con los ojos abiertos y los pies descalzos.
Cada palabra es un salto.
Cada página, una ventana.
No hay moraleja, no hay conclusión.
Solo la certeza de que la literatura es un juego serio,
un salto al vacío donde siempre hay un cronopio esperándonos.
Capítulo 120
Valencia, París, Buenos Aires.
Todas se convierten en verso y en prosa cuando lo leemos.
La ciudad se abre como un libro,
y el libro se abre como una ciudad.
Cortázar nos muestra, nunca nos cuenta.
Y en ese gesto, nos recuerda que la literatura es un puente:
entre lo real y lo fantástico,
entre lo cotidiano y lo imposible,
entre nosotros y él.
DEL MISMO AUTOR: EL ETERNO JORGE LUIS BORGES
Epílogo (o principio, según el lector)
Julio Cortázar sigue vivo en cada página que se abre como una ventana hacia lo inesperado.
No es un escritor: es un juego, un salto, una música.
Un cronopio que nos guiña el ojo desde la otra orilla.
Esta columna ya funciona como un texto-juego: puedes leerla linealmente o saltar entre capítulos como en Rayuela.
Fragmentos visuales y performativos, como si fueran instrucciones absurdas, listas poéticas y manuales de uso cortazarianos.
Manual de uso para leer a Cortázar
- Coloque el libro sobre la mesa como si fuese un mapa.
- No lo abra: deje que él lo abra a usted.
- Lea en voz alta hasta que las palabras se conviertan en música.
- Si aparece un cronopio, ofrézcale un vaso de agua.
- Si aparece la Maga, no la siga: ella siempre va más adelante.
- Si aparece un axolote, mírelo a los ojos: usted también es anfibio.
Lista poética de objetos cortazarianos
- Un reloj que se dobla como un gato.
- Una carta que llega demasiado tarde.
- Una rayuela dibujada en la vereda.
- Una lámpara donde duerme un cronopio.
- Un puente de París que se convierte en pregunta.
- Un acordeón que pliega el tiempo.
Nota al pie
Julio Cortázar nació en Bruselas el 26 de agosto de 1914, hijo de padres argentinos. Pasó su infancia en Banfield, Buenos Aires, y trabajó como profesor y traductor antes de instalarse en París en 1951, donde residió hasta su muerte en 1984. En 1981 obtuvo la nacionalidad francesa. Amante del jazz y los gatos, su obra se caracteriza por la experimentación narrativa y la fusión entre lo real y lo fantástico. Entre sus libros más destacados se encuentran Bestiario (1951), Final del juego (1956), Las armas secretas (1959), Historias de cronopios y de famas (1962) y Rayuela (1963), considerada una de las novelas más influyentes de la literatura latinoamericana.
Poesía-collage: Atender una llamada y no querer entender lo que me dicen
El teléfono suena como un pájaro atrapado en la garganta de la tarde y la casa se llena de ecos, los muebles se inclinan hacia el timbre y los retratos parpadean con un miedo antiguo.
Levanto el auricular y no hay voz, hay un río, un río que arrastra palabras como hojas podridas, un río que no quiero cruzar. La voz insiste, pero yo me convierto en selva: lianas que se enredan, pájaros que gritan nombres que no existen, un viento que borra las sílabas antes de que lleguen a mi oído.
El mensaje se disuelve en espejos, cada palabra se quiebra en tres, cada frase se convierte en humo. Yo escucho, sí, pero escucho como quien mira una sombra en el agua: no quiero entender, prefiero que la voz se vuelva fantasma, prefiero que el río siga su curso sin mí.
El teléfono cuelga solo, como si la línea se hubiera cansado de insistir, y en la casa queda un silencio espeso, un silencio que huele a mango maduro, a lluvia detenida en el borde de la ventana, a secreto que nunca será revelado.
Manual absurdo para atender llamadas sin entenderlas
Colocar el auricular en la oreja como si fuese una concha marina, escuchar el rumor del océano y no la voz, convertir la palabra insistente en fruta para morderla y escupirla, arrullar la frase repetida como a un niño que no quiere dormir, y si aparece el silencio, abrazarlo, porque es más fiel que cualquier mensaje.
Lista poética de objetos telefónicos
Un timbre que late como un corazón enfermo,
un auricular que se convierte en pez dorado,
una voz que se disuelve en humo,
una palabra que se pudre como fruta olvidada y
un silencio que huele a mango y lluvia.
Epílogo performativo: No atender es también atender, no entender es también escuchar. La llamada queda suspendida en el aire como un pájaro que nunca decide si volar o morir. Y yo, cronopio tropical, me quedo con el rumor del río, con la selva que borra las sílabas, con la certeza de que la literatura es siempre una llamada que nadie responde del todo.
JLTB

Microcuentos
Los dedos de Cortázar escribían solos; el índice mandaba, el meñique soñaba, y la mano huía hacia mundos imposibles.
Julio Crotázar, no podía pronunciar la erre normalmente
Julio, jugaba con palabras; la erre se le escapaba, y en su ausencia nacían cronopios invisibles, riendo eternamente.
El tercero que se sabe tercero
Soy el tercer microcuento: me miro en los otros dos, me río, y me convierto en espejo que escribe.
Microtexto Cortaciano sobre ser “Cortaciano”
El lector abre el libro y descubre que no hay páginas, solo saltos. Cada salto es un espejo, cada espejo un cronopio. El narrador sonríe: “Esto no es cortazariano, es Cortaciano: un juego que se inventa mientras lo nombras”.
JLTB
*¿Qué sería Cortaciano?
- Un texto que se puede leer en desorden.
- Una lista que parece absurda, pero revela una verdad.
- Una voz que se esconde en un axolote.
- Una columna que se convierte en rayuela.
- Un cronopio que firma desde la otra orilla.

José Luis Troconis Barazarte es artista, narrador, docente y sembrador de lenguajes. Licenciado y Magíster en Artes Visuales y Escénicas por Strayer College (Washington D.C.), doctor en Historia del Arte por Bircham International University y la Universidad de Salamanca (España), ha hecho de la interdisciplina su firma y de la cultura su morada.
Fue director de Cultura de la Universidad Arturo Michelena y coordinador cultural de la Alianza Francesa de Valencia. Fundó y dirige CEINFOLEIM, un espacio de creación y formación artística donde enseña siete idiomas, música y literatura creativa. Desde allí impulsa movimientos como Cacao Tekisuto, centrados en el mestizaje simbólico y la maduración lenta del arte.
Ha sido premiado en certámenes de relato breve en España, ganador de la Bienal Internacional de Literatura Vicente Gerbasi (2017) y ha publicado los libros Empáticos y Cartas a la Soledad (2025). Su obra circula en más de 30 antologías digitales.
Interprete de lengua de señas, diseñador digital, guionista, director coral y fundador de FUNDÁCRO, su travesía creativa se nutre de la danza, el relato, la música y como médico de la sanación.
Escribe como quien borda, con barro en los pies
cielo en la lengua, fuego en la voz,
con oído de calle y pulso de viento.
Poeta que escucha lo que otros callan
y traduce silencios en tinta viva.
(Reseña de Antonio V. Díaz B.)
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Alexis Mujica, escultor de la materia y la memoria | José Luis Troconis Barazarte
Ciudad Valencia / RN













