Amigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas. Recientemente, durante un conversatorio sobre el proceso independentista venezolano, se manifestó con contundencia una idea que pareciera estar sembrada en los tuétanos de nuestro sistema educativo: con el triunfo militar alcanzado en Carabobo en 1821 se conquistó la independencia y concluyó la guerra en territorio venezolano. Tal perspectiva llama la atención por cuanto muchos de los contertulios eran docentes del subsistema de educación básica; elemento que explicaría el porqué de tan arraigada noción, y evidenciaría los grandes retos que tenemos en materia de investigación, estudio y divulgación de nuestra historia. Guerra de Independencia
Prácticamente liquidado: Guerra de Independencia
Comienzo excusando a los colegas que así opinaron. La responsabilidad no es del todo suya, sino de una historiografía en la que se mezclan medias verdades, que han sido difundidas y utilizadas para la formación de todos en el sistema escolar venezolano. A fin de cuantas, la noción generalizada que todos tenemos de nuestro proceso histórico es resultado de esa visión historiográfica inculcada y reforzada en el sistema escolar.
Quizás, la primera confusión comienza cuando se maximiza el significado de las palabras con las que el Libertador da cuenta al Congreso respecto del triunfo obtenido en Carabobo: “Ayer se ha confirmado con una espléndida victoria el nacimiento político de la República de Colombia”. Se refería Bolívar a que con el triunfo alcanzado se creaban las condiciones políticas y militares para afianzar el nacimiento de un nuevo Estado, pues el ejército español estaba prácticamente liquidado en Nueva Granada y Venezuela.
Pero prácticamente no es lo mismo que definitivamente. En el caso venezolano una importante porción del ejército realista logró refugiarse en el Castillo de Puerto Cabello y desde allí amenazó la estabilidad de la Republica durante los siguientes dos años. A pesar de la importancia y contundencia de esos hechos nuestra historiografía no registra ese proceso, no existen estudios que den cuenta de lo ocurrido en el país durante esos veintiocho meses; porque los historiadores se dedicaron a seguir la pista del héroe máximo en la gesta de la Campaña del Sur.
Una revisión atenta de lo que ocurría en Venezuela luego del triunfo en Carabobo, permitiría observar una compleja situación que demandó mucho liderazgo y paciencia para mantener en alto la moral y capacidad de combate del ejército patriota. Permitiría entender los desafíos económicos realizados para sostener una guerra que no solo se libraba en territorio venezolano sino suramericano; también arrojaría luces sobre los problemas de salud pública que afectaron la capacidad de combate del ejército patriota, incluso el delicado asunto de los liderazgos militares, la relación entre figuras como Bolívar, Páez, Mariño, Soublette, Manrique; la subordinación y obediencia al poder constituido, entre otros aspectos.
La guerra continuó después de Carabobo, aunque con menor intensidad, pero se mantuvo, con toda su complejidad política, económica y militar. Finalmente concluyó luego de la ocurrencia de dos episodios de gran significación: la Batalla Naval del Lago de Maracaibo el 24 de julio de 1823 y la Toma y liberación de Puerto Cabello ocurrida el 8 de noviembre del mismo año. Con este último episodio concluye, realmente, la Guerra de Independencia en Venezuela.
Sello a mis glorias:
La Toma de la plaza fuerte de Puerto Cabello pudo concretarse tras la ocurrencia de dos intentos fallidos por doblegar la resistencia de la imponente edificación: el primero, ocurrido en abril de 1822, hubo de ser levantado dos meses después a causa de la afectación que tuvieron las tropas patriotas de la peste conocida como el “Vómito Negro” que impactó considerablemente la capacidad de acción y vigilancia del ejército patriota.
La segunda acción de sitio contra Puerto Cabello se produjo en febrero de 1823 prolongándose hasta mayo del mismo año. Esta acción fue consecuencia del avance arrollador del ejército realista en el occidente de territorio que permitió reconquistar las provincias de Coro, Maracaibo y todo el eje andino. La derrota de la armada patriota en las costas del litoral porteño, el 1 de mayo de 1823, obligó a Páez a levantar este segundo sitio, realizar una reevaluación de las estrategias implementadas y el despliegue sobre el territorio para poder enfrentar exitosamente a un enemigo fortalecido en los últimos meses.
La reconquista patriota de la provincia de Maracaibo ocurrida tras el triunfo en la Batalla Naval del Lago, el 24 de julio de 1823, puso fin al dominio marítimo que tenía la armada realista y obligó a la salida del territorio del máximo jefe español en Colombia, Francisco Tomás Morales, tras la firma de una capitulación el día 3 de agosto. Con esa derrota, los restos del ejército español quedaban atrincherados en la plaza fuerte de Puerto Cabello, sin posibilidades reales de obtener apoyo de España.
El triunfo hizo que Páez comenzara, el 23 de septiembre, el tercer sitio sobre la plaza de Puerto Cabello. Esta acción no se planteó en un primer momento la incursión armada contra la fortaleza sino que buscó persuadir al comandante realista, Sebastián de la Calzada, de lo innecesario que resultaba prolongar una resistencia que finalmente conduciría a la derrota española. Páez procuró mediante una serie de comunicaciones la rendición de las tropas españolas, encontrando como respuesta la gallardía de soldados que manifestaban estar dispuestos a morir en defensa de su honor y de su patria.
En estas circunstancias y ante la necesidad de terminar con un asedio que no podía mantenerse indefinidamente, Páez organizó un ataque por mar y por tierra sobre la impenetrable fortaleza militar, que concluyó con la entrega del comandante de la plaza, el general Sebastián De la Calzada. El centauro llanero lo cuenta en su autobiografía de la siguiente manera: “felicítome [De la Calzada] por haber puesto sello a mis glorias con tan arriesgada operación (esas fueron sus palabras) y terminó entregándome su espada. Dile las gracias y tomándole familiarmente del brazo fuimos juntos a tomar café en la casa que él había ocupado durante el sitio”.
La versión de Páez, escrita cuarenta años después, en la que describe una mansa rendición del comandante realista, no solo es conmovedora sino que resulta debatible por cuanto no se corresponde con la posición y el tono que siempre mantuvo el jefe español durante el intercambio epistolar con el jefe patriota. Pero analizar este asunto requiere, definitivamente, una columna aparte.
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Guerra de Independencia
En nuestra historia existen vacíos de los que la historiografía no se ha ocupado. Parte de esos retos están siendo asumidos por una nueva generación de historiadores abocados al estudio de temas sobre los que había poco o ningún interés. Esos trabajos, sin duda, están contribuyendo y contribuirán a forjarnos una imagen más completa de nuestro difícil y complejo proceso histórico. La Historia Insurgente está llamada a contribuir al desarrollo de esa nueva concepción historiográfica, ayudando a develar el protagonismo del pueblo como sujeto histórico y actor fundamental en las transformaciones que ha experimentado la sociedad venezolana a lo largo de su existencia.
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Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.
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