El hilo invisible de la historia se sostiene con firmeza a través de la arquitectura que sobrevive al tiempo, de aquí la importancia de su cuidado y conservación. Cada piedra, cada baluarte y cada trinchera que se mantiene en pie en nuestra geografía no es un simple cúmulo de materiales inertes, sino un testigo mudo de los sacrificios, estrategias y transformaciones que dieron forma a nuestra identidad nacional.
En este segmento dedicado al Patrimonio Cultural, nos adentramos en uno de los monumentos que definen la memoria colectiva de Puerto Cabello como lo es el famoso Fortín Solano. Custodiar estos espacios es una responsabilidad compartida, un puente tendido entre los fundadores del ayer y las generaciones del mañana.
Es bajo esta mirada que ascendemos hoy a las alturas de Puerto Cabello para descubrir el Fortín Solano, una joya de la ingeniería militar del siglo XVIII que vigila desde el verdor de su cerro, el destino de nuestras costas, con los mejores aportes históricos del historiador y presidente de la Academia de la Historia de Carabobo, José Alfredo Sabatino Pizzolante, y las referencias del libro El Mirador de Solano, Atalaya de Libertad del periodista, cronista e investigador Miguel Elías Dao.
Antecedentes del Fortín Solano y ataque inglés de 1743
Una de las principales razones que justifican su existencia, es el establecimiento de la Compañía Guipuzcoana, la cual controlaba el monopolio de la economía de aquel entonces entre Venezuela y España, ejerciendo su presencia en Puerto Cabello desde 1730. La importancia estratégica del puerto justificó su establecimiento y esto ofrecía lógicamente ventajas para los ataque de piratas.
La Compañía Guipuzcoana, durante las construcciones de sus almacenes, muelles, y viviendas para sus empleados, al mismo tiempo impulsa la necesidad de la fortificación de Puerto Cabello a través de un castillo que se conocerá más adelante como el Castillo de San Felipe, o Castillo Libertador, además de El Mirador de Solano o Fortín Solano, como lo conocemos hoy en día.

Otro de los antecedentes que justifican la construcción del Fortín Solano se remontan hacia el año 1739, cuando las disputas sobre el comercio hispanoamericano entre Inglaterra y España resultaban irreconciliables.
Esas disputas terminaron en conflictos armados, por lo que los ingleses, decididos a obtener lo que deseaban, comienzan los ataques a los principales puertos del Mar Caribe: Portobelo, Cartagena de Indias, La Guaira y Puerto Cabello.
Según comenta José Sabatino, en su obra Visiones del Viejo Puerto volumen IV, aquel ataque en Puerto Cabello se dio el 26 de abril de 1743 bajo el mando del Comodoro Charles Knowles. El suceso duró 16 días de feroz ataque hasta el 12 de mayo, día en el cual los ingleses se retiraron en medio de un intercambio de prisioneros.
Desde aquel ataque inglés se había juzgado conveniente la construcción de un punto fortificado de observación del mar y de los movimientos de los navíos. Así comenzó un estudio de ingeniería militar para estos fines, concebido para la observación y vigilancia, no precisamente para el combate como se ha difundido erróneamente, aunque sí equipado con artillería como fuerza defensiva.
Puerto Cabello verá, con el transcurso de los años, el diseño y construcción de un sistema de fortificaciones del cual actualmente quedan dos estructuras en pie: el Castillo San Felipe (Castillo Libertador) y el Fortín Solano.
Primer diseño: El parapeto de Juan Gayangos Lascari
En este proceso surge la figura del ingeniero Juan Gayangos Lascari, vinculado al desarrollo de Puerto Cabello en la tercera década del siglo XVIII, por Real Orden firmada por el monarca Felipe V. Fue este mismo personaje, con el cargo de Ingeniero Militar Ordinario, quien junto a otros hombres prosiguió con la construcción de obras en fortalezas para Puerto Cabello.
Gayangos Lascari decidió construir una sencilla obra: un parapeto defensivo en la cresta de un cerro ubicado en el sector sur, que más tarde serviría para la permanente vigía de una amplia extensión territorial apetecida por los mercenarios que navegaban los mares de este llamado «nuevo mundo».
Este parapeto estaba ubicado en el cerro conocido como «Las Vigías», el nombre que le asignó el mismo Juan Gayangos y Lascari al ordenar en aquel lugar la construcción de un “parapeto”, una sencilla obra para la observación “del mar y movimientos de navíos”, todo esto motivado por los sucesos ocurridos en 1743.
Arribos de Miguel Roncali y del gobernador Solano y Bote
Según las referencias encontradas en la obra El Mirador de Solano de Miguel Elías Dao, posteriormente, el 3 de abril de 1765, se ordena sustituir al Ingeniero Director Juan Gayangos Lascari en las obras de fortificaciones en Puerto Cabello por otro ingeniero militar llamado Miguel Roncali, también conocido como el Conde de Roncali. Fue él quien rediseñó y dirigió los nuevos cambios a la edificación en dicho cerro Las Vigías, encomendándosele el “Plan Defensivo” de este puerto, considerado de gran importancia para España.
Sobre las actuaciones de los ingenieros militares en Puerto Cabello, a Roncali se le reconocen los más grandes méritos, no sólo por su extraordinaria formación profesional y amplios conocimientos políticos, sino por haber sentado las bases que permitieran disponer de un “Theatro Bélico”, ajustado a las condiciones geográficas de la zona y, por supuesto, a los medios indispensables disponibles.
Sin lugar a dudas, fue el primer estratega de su época, tal como lo señala el autor del libro mencionado.
Ya para esta época está al mando el nuevo capitán de la Capitanía General de Venezuela, José Solano y Bote, el cual, según Tavera Acosta, realizó una obra que un siglo después podía compararse con la del presidente Antonio Guzmán Blanco. Ambas gestiones representaron en este país las que más se distinguieron por promover el progreso y la civilización. La carrera militar de Solano puede resumirse en Venezuela a ocho años de estancia, desde 1763 hasta 1771.
Al comenzar sus tareas como Gobernador General, realizó su obra en las dinámicas actuaciones administrativas, sobre todo en el estímulo que prestó a las industrias nacientes. Decretó escuelas, persiguió el comercio ilegal —apresando numerosas edificaciones contrabandistas utilizando guardacostas—, levantó reductos, desalojó a los ingleses de La Guaira y duplicó las rentas, entre otras actuaciones más.
Construcción definitiva del Mirador (1767-1771)
Fue entonces cuando, entre los meses de mayo y julio de 1766, (fecha tomada por error en diferentes portales de Internet como el inicio de su construcción) el Gobernador de la Capitanía General de Venezuela, Don José Solano y Bote, inspecciona el sistema de defensa en Puerto Cabello, dictando prudentes órdenes para la salvaguarda de la zona. A raíz de esto, es en 1767 cuando arranca la construcción del mirador hasta 1771, un total de cuatro años en ejecutarse.

El sitio ideal para la obra estaba ubicado en la planicie de un cerro; construido sobre la cresta del Cerro de Las Vigías, presentó una figura irregular de 6 lados de diversas magnitudes que se amoldaba al medio. Como está erigido sobre una colina escarpada, los ingenieros militares tuvieron que adaptar los muros a las formas de las rocas; por eso tiene seis paredes (lados) de diferentes tamaños y longitudes, adaptándose al relieve para no dejar puntos ciegos.
Se le dio la denominación de «Mirador de Solano» en recuerdo al capitán general Solano y Bote, y de la trascendental visita que hiciera en el año de 1766 acompañado del ingeniero Conde de Roncali.
Estructura de la fortificación
Un parapeto «a barbeta»: En la arquitectura militar y la fortificación, un parapeto a barbeta (o simplemente una barbeta) es una configuración donde las piezas de artillería se colocan para disparar por encima del parapeto, en lugar de hacerlo a través de una abertura o tronera. Para lograr esto, los cañones se sitúan sobre una plataforma elevada (llamada banqueta o barbeta).
Esto permite que la boca del cañón sobresalga por encima del muro defensivo. Al estar en una altura, los cañones necesitaban un ángulo de visión enorme para poder apuntar a los barcos que entraran al puerto de Puerto Cabello, y también para girar rápidamente si el enemigo intentaba subir a pie por los lados de la colina.
Explanada corrida: La explanada es el suelo o espacio plano que queda justo detrás del parapeto (el muro). Que sea «corrida» significa que es un espacio continuo, abierto y sin divisiones o paredes que lo interrumpan. Esto permitía mover los cañones pesados de un lado al otro con total libertad y rapidez si el frente de batalla cambiaba, logrando una visión completa del fuerte.
Plazuela de armas: Es el patio central del fortín. En los castillos grandes se llama «Plaza de Armas», pero aquí por lo de reducido del espacio era más pequeño. Era el punto donde se reunían los soldados, espacio donde además fue edificado un corto cuerpo de guardias.
Ampliación a fuerte y poder de fuego (1778-1779)
Más tarde, en 1778, será el brigadier Agustín Crame quien recomienda que la batería de El Mirador tenía que ser ampliada a Fuerte, trazando un plano del proyecto firmado en Caracas el 15 de mayo de 1778, el cual se materializó posteriormente.
Gran importancia concedieron el Ingeniero Miguel Roncali y Solano al Cerro de Las Vigías, cuya altura y escarpe en contorno, como manifiesta el perfil, se hace susceptible de la mejor defensa. Aconsejaron que debía practicarse una Cortadura y construir una Batería para cuatro cañones en la cresta de dicho cerro. Según aseveraba Roncali, desde esa altura se dominaban los alrededores de Pueblo Nuevo, Goaigoaza, el río San Esteban y las alturas vecinas, permitiendo compartir las defensas de Puerto Cabello.
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Además fue edificada otra batería llamada «del puesto bajo de la vigilia». Por Real Orden de San Ildefonso, fechada el 30 de agosto de 1779 y con la aprobación del Monarca Carlos III. El Mirador de Solano fue transformado de acuerdo con el extraordinario proyecto defensivo de la región ideado por el Brigadier y Visitador Agustín Crame.

Gracias a lo descrito por el historiador Miguel Elías Dao en su obra, se puede conocer la artillería e inventario con que contaba el Mirador Solano para ese año, el cual se desglosaba de la siguiente manera:
Para el Mirador Solano se disponía de cañones de hierro, distribuidos en cuatro piezas de calibre de 24 pulgadas, cuatro piezas de calibre de 4 pulgadas y dos piezas de calibre de 2 pulgadas, además de diez pedreros con raviza y pinzote.
Por su parte, la Batería de la Vigía contaba con cañones de hierro divididos en dos piezas de calibre de 24 pulgadas y cuatro piezas de calibre de 4 pulgadas. Estas baterías contaban con el siguiente personal militar: un capitán, un alférez, 24 artilleros de milicias y las milicias de pardos.
Rocas y sudor para la construcción
Puede considerarse como la única obra fortificada construida con piedras de canteras en esta región. Mano de obra esclava y la de prisioneros procedentes de la Cárcel de La Guaira y del Castillo de San Felipe —amaestrados para estas duras faenas por artesanos españoles— les dieron forma a las rocas desprendidas desde aquellos cerros cercanos.
En el mismo lugar acondicionaron hornos para el cocimiento del ladrillo y, tal vez, la “cal podrida” utilizada en la mezcla se procesó paralelamente al amalgamar los rústicos muros del cascarón que consagró el nombre de José Solano y Bote y que permitió su resistencia a los diferentes escenarios bélicos y el encuentro de visitantes que estuvieron aquí en este fortín que se abordará en una segunda entrega.
Monumento histórico y conciencia ciudadana
En la actualidad, el Fortín Solano se erige no solo como un testimonio de la ingeniería colonial, es un sitio de interés turístico, integrado al Parque Nacional San Esteban, donde propios y extranjeros visitan el recuerdo de una historia llena de vivencias. Realmente es una estructura consagrada bajo el decreto de Monumento Histórico Nacional según Gaceta Oficial N° 27.876 del 29 de octubre de 1965, forma parte fundamental de nuestro Patrimonio Cultural. Este estatus jurídico e histórico otorga a todos los venezolanos el título de herederos, pero también de guardianes de este espacio.
La preservación de este baluarte depende directamente de la conciencia de la ciudadanía. Es un deber ineludible mantener una actitud respetuosa y acorde al visitar este lugar, comprendiendo que cada rincón está lleno de la historia viva de nuestro país.
Cuidar el patrimonio significa comprometerse activamente a no dejar basura, no rayar ni pintar sus paredes de piedra, y evitar cualquier acto vandálico que degrade la estructura que con tanto esfuerzo humano fue levantada. Solo a través del civismo, el respeto y el sentido de pertenencia podremos garantizar que los rústicos muros que resistieron los embates del tiempo y de la guerra sigan en pie para educar e inspirar a las generaciones futuras.
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