Con esta segunda entrega damos continuidad a nuestra disertación sobre el papel que han jugado los intelectuales en los últimos tiempos contra el flagelo del fascismo y sus diferentes vertientes, tanto en Europa como en América Latina y el Caribe.
Podríamos comenzar diciendo que en las últimas décadas se ha venido gestando en nuestro país una suerte de fascismo ajeno a la idiosincrasia venezolana, por denominarlo de alguna manera, el cual tiene algunas características muy particulares que en cierta forma lo diferencian del europeo, del norteamericano y del ámbito latinoamericano, sin perder su esencia criminal.
Aparición de partidos de corte fascista en Venezuela y guarimbas
El posible comienzo del fascismo en Venezuela lo podríamos ubicar en los inicios de la década de los ’40, en plena Segunda Guerra Mundial, a través de la embajada de Alemania en nuestro país, que en las manifestaciones que entonces se hacían contra el gobierno de Medina Angarita (1941-1945), presuntamente propugnaba las ideas fascistas entre las masas.
Igualmente, en la década de los ’50, durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1952-1958), se implementaron prácticas fascistoides al violar los derechos humanos, proscribir partidos políticos y perseguir a su militancia, impidiendo su derecho a participar en las elecciones. Entonces los manifestantes contra la dictadura, al ser perseguidos por los esbirros de la Seguridad Nacional, corrían a refugiarse en las iglesias.
En la década de los ’70 nos encontramos con el partido político venezolano Nuevo Orden (NOR), organización ultranacionalista de extrema derecha, con tendencias fascistas, antisemitas y anticomunistas, que provenía del movimiento estudiantil de corte perezjimenista representado por Poder Nacionalista (PN) de la UCV, el cual en 1973 se integró al Frente Unido Nacionalista (FUN) liderado por Félix Díaz Ortega, quien llegó a ser simpatizante del nazismo.
Este partido participó en las elecciones de 1978 postulando al candidato de AD, Luis Piñerúa Ordaz, lo que produjo a una división en una fórmula distinta representada por el candidato de COPEI, Luis Herrera Campins.
Posteriormente, en 1995, Nuevo Orden estrechó lazos con el Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen, partido fascista francés, y con la Falange Española, y en 1997 sus militantes fueron acusados por la Universidad de Tel Aviv de diseminar propaganda antisemita en la sinagoga ubicada en Caracas, con grafitis con frases de odio, como “Muerte a los judíos” y “Tengo un crematorio en mi bolsillo”, refiriéndose al holocausto perpetrado por los nazis. Al final en 2002 se decidió su disolución en una resolución administrativa del CNE.

Luego, en la década de los ’80, nos encontramos con la organización Tradición, Familia y Propiedad (TFP), suerte de secta, cofradía o congregación fanático-religiosa, conformada por grupos de ultraderecha de la iglesia católica, en su mayoría jóvenes de la alta burguesía provenientes de familias de los “apellidos” o de alto abolengo, con formación anticomunista y entrenados por paramilitares, cuya sede estaba ubicada en Caracas, en el Country Club.
En 1984, durante el gobierno de Jaime Lusinchi, se produjo un escándalo al quedar al descubierto un presunto plan de atentar en contra del Papa Juan Pablo II durante su visita a Venezuela, a quien los integrantes de esta organización veían como un enemigo a la hegemonía de los privilegiados, por aupar la Teología de la Liberación, por lo que dicha organización fue disuelta y sus integrantes pasaron a la clandestinidad.
No obstante, sus antiguos dirigentes los vemos aparecer otra vez en el escenario político nacional a comienzos del nuevo milenio, conformando los partidos de corte fascista Primero Justicia, Voluntad Popular y Vente Venezuela, y con estos vemos aparecer de nuevo las guarimbas (cuyo término era sinónimo de refugio durante el mandato de Pérez Jiménez), aunadas a las redes sociales, haciendo las veces de aliadas a través de los diferentes mensajes y videos que transmiten durante la realización de las mismas, en vivo, tal como si fuera una película donde en cierto modo hacemos las veces de impávidos espectadores.
Otra característica de este fascismo en Venezuela es la utilización que hacen estos grupos de la bandera nacional despojándola de la octava estrella y portándola al revés, con total irrespeto a nuestro símbolo patrio, intentando vanamente anular su simbología nacionalista y bolivariana, de enseña independentista, libertaria y mirandina, cuestión que denota su intención de sumisión lacaya a una potencia invasora.
A lo anterior se suma el llamado de la ultraderecha, a través de la mediática nacional y foránea, a una invasión militar gringa, que supuestamente vendría a “salvarnos”, llegando al extremo de recoger firmas en las plazas para respaldar su sumisión incondicional y la solicitud insistente al gobierno de Estados Unidos de bloqueo y sanciones económicas y políticas a Venezuela para presionar una “salida” o “cambio de rrrégimen”; conducta insólita y enfermiza que podríamos calificar de “traición a la patria”, nunca antes asumida por políticos de otras latitudes.
Por último, podemos señalar su manifiesto antibolivarianismo en oposición a la expresión, Revolución Bolivariana y Chavista, tal como se define el actual proceso político a partir de la irrupción del comandante Chávez.
Destrucción de la memoria histórica latinoamericana
Continuando nuestra disertación dirigimos la mirada crítica a Nuestramérica en la que la destrucción de la memoria histórica latinoamericana, o memoricidio, avalada por los grandes pensadores europeos, durante la época del humanismo clásico en la Europa de los siglos XIV y XV, seguramente fue algo premeditado, logrando transculturizar a pueblos indígenas y africanos para someterlos y hacerse con sus riquezas.
Según algunos historiadores, “ningún imperio puede sostenerse solo por la fuerza de las armas o de un modelo político o económico, por ello se valieron de la imposición de valores culturales y la práctica de la damnatio memoriae o “condena de la memoria” sobre los pueblos vencidos.
Si retrocedemos varios siglos vemos que era una medida que excepcionalmente adoptaba el senado romano, siendo el emperador Calígula el primero en sufrirla, aunque no el único.

A otros emperadores romanos como Nerón, Domiciano, Cómodo, Heliogábalo o Constantino II, también se la impusieron, procediendo de esta manera a ordenar la eliminación de todo lo que pudiera recordar al condenado: imágenes, estatuas, monedas o inscripciones.
Sus leyes quedaban abolidas y los edificios y obras que habían hecho construir eran destruidas o atribuidas a su sucesor. Incluso se llegaba a prohibir el pronunciar su nombre, es decir, se le aplicaba la abolitio nominis, que prohibía que el nombre del condenado pasara a sus hijos y herederos; y la rescissio actorum, que suponía la completa destrucción de su obra política o artística, como ya dijimos.
Dicha condena de la memoria fue una práctica de antiquísima data. Existen vestigios de que ya se había practicado entre los faraones egipcios. El 21 de julio del año 356 a.n.e., un pastor llamado Eróstrato incendió el templo de Artemis en la ciudad de Éfeso, considerado como una de las siete maravillas del mundo. Habiendo confesado su crimen, Eróstrato afirmó que su única intención era lograr la fama a cualquier precio, razón por la que las autoridades de la ciudad prohibieron el registro de su nombre y de la atrocidad que cometió para las generaciones futuras.
“Actualmente también podemos encontrar prácticas comparables a las ya citadas, como la ocurrida en 1955 contra Domingo Perón en la Argentina, después del golpe de Estado, en el que prohibieron el uso público de su nombre y el de su esposa, Eva Perón, y los lugares públicos que llevaran sus nombres debían ser cambiados por otros.
Igual suerte corrió la Guerra Civil Española (1936-1939), con la Ley de Memoria Histórica, promulgada en el reino de España en 2007, que prevé “la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva de dicha gesta histórica”, según el historiador Mariano Navas Contreras.
Saqueo cultural de Latinoamérica, cementerio de culturas y transculturización
“Dado que la memoria es el vínculo más importante de la identidad nacional, es el primero en ser amenazado o atacado”, nos dice Fernando Báez en su libro sobre el Saqueo cultural de Latinoamérica. Desde la Conquista, la rapiña de los tesoros de arte y la destrucción de escritos han causado un daño irreparable para la memoria de millones de seres humanos… Somos lo que recordamos que somos, de modo que sin memoria no hay identidad posible.
“En el Saqueo cultural de Latinoamérica, publicado en 2008, conté cómo funciona el proceso de transculturización, donde están los casos de pueblos cuyos códices fueron quemados como pasó con los aztecas o mayas para sustituirlos por la evangelización religiosa. El mayor triunfo de ese proceso de aniquilar la memoria pasada y reconvertir a los pueblos originarios en América Latina a la nueva fe cristiana es que el Papa hoy es argentino, un símbolo de cómo se impuso ese antiguo esquema…
Hoy el planeta entero es un cementerio de culturas. El inventario de la historia de la humanidad registra seiscientas cincuenta culturas en cinco continentes (Europa, Asia, África, América y Oceanía), treinta civilizaciones y cien imperios extintos en ocho mil años. Todo está lleno de ruinas que a su vez van desapareciendo por guerras, como pasa en Siria y Libia (y en Palestina), o por negligencia o por desastres naturales. Hablo de todo esto en Las maravillas perdidas del mundo, publicado en 2012…
Lo que asistimos es a la clonación del pasado, una tendencia a reconstruir, pero insisto en que los privilegiados que gobiernan el mundo no tienen el menor interés, más allá del exotismo del coleccionista, en apoyar con honestidad la preservación de la memoria de la humanidad”, nos dice, entre otras cuestiones el reconocido escritor Fernando Báez (San Félix de Guayana, Venezuela, 1963), considerado una autoridad mundial en el campo de la historia de las bibliotecas e integrante de las comisiones que investigaron el saqueo cultural en Irak, además de asesor de distintos países sobre la destrucción de patrimonios históricos y autor de Historia Universal de la Destrucción de Libros: de las tablillas sumerias a la guerra de Irak (2004), entre otras publicaciones, y a quien dedicaremos una reseña aparte en próximas entregas.
Los libros en la hoguera, la biblioclastia, sin destruir libros no se gana la guerra
El fuego destruye todo, libros incluidos, pero nunca puede destruir
los sentimientos, el saber y la memoria
Mempo Giardinelli

Biblioclastia, Biblioclastía, Biblioteclastia, Biblioclasmo, Libricidio, Genocidio Cultural… El significado de la palabra “biblioclastia” está estrechamente vinculado a la destrucción de libros, material bibliográfico y devastación de bibliotecas con intencionalidad, y dicha destrucción puede darse en forma de quema de libros.
La biblioclastía abarca la destrucción de libros, colecciones, archivos bibliotecas, centros de información y documentación, y otros materiales de registro de información y conocimiento.
En el siglo XIX la biblioclastia fue considerada como un acto personal, una desviación social o una enfermedad mental. No así en el pasado siglo XX en el que se consideraba con más interés su impacto social. Designaba acciones de destrucción puntual o sistemática, deliberada y violenta por parte de un grupo, un régimen o un Estado con el objetivo de atacar la memoria histórica, como podría ser el caso de la quema de libros en la Alemania Nazi, y en contextos de guerra, dictadura y terrorismo de Estado.
En nuestro siglo XXI se ha ampliado el alcance de la palabra, refiriéndose también a la censura y la requisa de libros y el asesinato de quienes trabajan en bibliotecas, archivos y otros espacios con registros de conocimiento en diferentes soportes, incluso considerando las acciones que conducen en sociedades democráticas y en períodos de paz al desaliento de la lectura, la incuria o el cierre injustificado o abandono de bibliotecas y archivos, y la precarización y despido de sus trabajadores.

En fin, se puede considerar la biblioclastia como el atentado al acceso equitativo al conocimiento, y la persona que la ejecuta se la denomina biblioclasta. Otros equivalentes de la biblioclastia son algunos neologismos como libricidio que alude a la destrucción cultural, y bibliocausto que tiene relación con palabras como genocidio y holocausto.
Finalizamos esta travesía marcada por los intelectuales que levantan su voz contra la sombra siniestra del fascismo, con el irónico poema La pira de libros, escrito por el poeta, dramaurgo y actor de teatro Bertolt Brecht (Alemania, 1898-1956), después del ascenso de Hitler al poder en la década de los años treinta.
No obstante, cabe destacar que aunque tenga la estructura de un poema, La pira de libros podría ser considerado un microrrelato o una pequeña narración o cuento, ambientado en el contexto histórico de la Alemania nazi-fascista:
Cuando el régimen ordenó
que fuesen quemados públicamente
los libros que contenían saberes
perniciosos,
y por doquier
los bueyes arrastaron carretas
repletas de libros
para alimentar las hogueras, un
poeta perseguido,
uno de los mejores,
revisando la lista de los textos
condenados
descubrió, horrorizado, que los suyos
habían sido olvidados. Encolerizado,
corrió velozmente
hasta su mesa, a escribir una carta a
los amos del poder:
¡Quemad mis obras!, escribió
apresaduradamente.
¡Quemadlas!
¡No me hagáis una cosa así! ¡No me
marginéis!
¿Acaso no expresé siempre la verdad
en mis libros?
¡Y ahora se me trata como
mentiroso! Os lo exijo:
¡Quemádmelos!
Bertolt Brecht. La pira de libros (1933).
¡No al fascismo! ¡Prohibido olvidar!
(Continuará). ¡Salud, Poetas!
***
Mohamed Abí Hassan (El Tigre, 1956). Poeta, artista visual y editor independiente. Licenciado en Educación, Mención Artes Plásticas (cum laude), por la Universidad de Carabobo (UC). Ha ejercido la docencia en la UC y en la Universidad Arturo Michelena. Ha sido colaborador en las revistas Poesía y La Tuna de Oro (UC). Primer Premio II Bienal de Literatura Gustavo Pereira, Mención Poesía 2013; Primer Premio IV Bienal de Literatura José Vicente Abreu, Mención Poesía 2016; Primer Premio Concurso Nacional del II Festival 3.0 de Historias Comunales Ramón Tovar (2022).
Formó parte de la Comisión Rectoral del Encuentro Internacional de Poesía de la UC. Coordinó el Taller de Formación de Cronistas Comunales en Mariara, estado Carabobo, auspiciado por el Minci, la Revista Nacional de Cultura y el Centro Nacional de Historia. Actualmente se desempeña como facilitador de talleres de iniciación en la creación literaria, así como talleres sobre patrimonio histórico.
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