Con motivo de la celebración del 170 aniversario del natalicio de Arthur Rimbaud, el pasado 20 de octubre, desde este espacio queremos rendirle justo tributo, destacando su abrupta presencia como observador capaz de ofrecernos una mirada poética de los sucesos acontecidos en lo que históricamente se conoce como la Comuna de París.
Rimbaud en la memoria
Recuerdo que un buen día, lejano en el tiempo, en el trajinar de la media mañana de un domingo apareció nuestro amigo, poeta y bibliófilo empedernido Erasmo Fernández con un libro de color violeta, con fondo blanco amarillento, bajo el brazo, el cual lucía visiblemente marcado y ajado como si hubiese pasado por muchas manos. Entonces, dirigiendo una mirada escrutadora y detectivesca hacia mi persona alcanzó a preguntarme si había leído alguna vez a los poetas “maudites”. Ante mi negativa respuesta, soltó una risotada, estiró el brazo y me ofreció el legendario ejemplar que ahora sostengo entre mis manos.
Rimbaud, las cartas del vidente y la Comuna

En una de las Cartas del Vidente, con fecha 13 de mayo de 1871, el adolescente de apenas 16 años le escribe a su profesor y amigo George Izambard sobre su intención de sumarse a la lucha de resistencia del pueblo francés:
“Seré un trabajador: esa es la idea que me retiene cuando la ira enloquecida me empuja hacia la batalla de París- donde sin embargo ¡tantos trabajadores siguen muriendo mientras le escribo! Trabajar ahora, nunca, nunca; estoy en huelga. Ahora me encrapulo todo lo posible. ¿Por qué? Quiero ser poeta y trabajo por volverme vidente: usted no comprenderá nada en absoluto, y yo apenas sabría explicárselo. Se trata de llegar a lo desconocido mediante el desarreglo de todos los sentidos”.
Apuntamos que en una de sus tantas escapadas del recinto familiar, en Charleville, hasta París, Rimbaud había presenciado los acontecimientos en pleno fragor de la revuelta de la Comuna, lo cual será motivo de inspiración de varios de sus poemas, que iremos citando y que les sirvió a sus biógrafos para sustentar la leyenda del Rimbaud “comunero”; aunque otros estudiosos de su obra no comparten esta fascinante posibilidad.
En el poema El herrero, a través de la alquimia de su lenguaje, el bardo recorre las calles, plazas y cafés del París de la Comuna, presentándonos al poeta como un humilde herrero que habla con Luis XVI en las Tullerías, y de seguidas le grita al monarca:
“El pueblo ya no es una puta/ Tres pasos y, entre todos, hemos reducido a polvo tu Bastilla. / (…) Marchábamos bajo el sol, alta la frente-así- / ¡Por París! Venían a ver nuestros sucios blusones. / Por fin! ¡Nos sentíamos hombres! Estábamos pálidos, / Majestad, borrachos de terribles esperanzas: Y cuando llegamos allí, ante los negros torreones, / agitando nuestros clarines y las hojas de roble, / en la mano las picas; no tuvimos ya odio: / ¡Nos sentíamos tan fuertes! ¡Queríamos ser clementes!”.
El 19 de julio de 1870, Francia le declara la guerra a Prusia, y el 4 de septiembre, al conocerse la debacle de Sedán donde Napoleón III se rindió ante Alemania, hace que el pueblo francés en armas se subleve, derribe al Imperio y proclame la III República. No obstante, a pesar de estar en Charleville, a cientos de kilómetros de la capital, a nuestro poeta adolescente le llega la noticia de la guerra, motivándole a escribir en su cuaderno de estudiante:

“Mientras los escupitajos rojos de la
metralla
silban todo el día en el infinito del cielo
azul
mientras escarlatas o verdes, junto al rey
burlón
se desploman en masa los batallones
bajo el fuego…
Mientras que una espantosa locura
triturando
cien millares de hombres los convierte
en una masa humeante.
Pobres muertos en el estío, en la hierba,
en tu alegría.
Oh, tú naturaleza, tú que hiciste
santamente a esos hombres,
hay un Dios que se ríe en los manteles
de Damasco…”
En Charleville una bomba había herido al viejo director de su colegio, institución que ya no albergaba estudiantes, sino a soldados mutilados, mientras, amenazante, el ejército prusiano avanzaba sobre la capital francesa. El 28 de enero de 1871, tras 131 días de sitio, Thiers capitula y la burguesía francesa huye a Versalles, abandonando la capital. Ante la traición los obreros reaccionan, junto con la Guardia Nacional toman el control del gobierno y proclaman la Comuna.
Seguidamente levantan barricadas en el centro de París y en La Plaza de La Concordia, entre otros sitios. Se erigen más de 160 barricadas en el primer día, la mayoría eran de 2 metros de alto, construidas con adoquines y piedras tomadas de las calles, más un cañón, una ametralladora y una bandera roja ondeando en lo alto.
Marx y la Comuna

Mientras esto sucedía, al otro lado del Canal de La Mancha, en Londres, Karl Marx observa cómo estos acontecimientos impactan su proyecto político conocido como La Internacional Socialista, cancelando la celebración de su Congreso a realizarse en París, en septiembre de 1870, ocasionándole fuertes críticas y acusaciones por toda Europa, acusándole de haber propiciado tales sucesos.
Afortunadamente, Marx vería sus deseos cumplidos en la batalla de Sedán, al ser aplastado el ejército francés y tomado prisionero Napoleón III. Pero, como ya dijimos, la resistencia en París continuó de la mano del pueblo en armas, obligando a los alemanes a apoyar a Thiers, tras su fraudulenta elección en febrero de 1871, con el fin de recuperar París y desarmar la rebelión que estalla el 18 de marzo de 1871.
Reiteramos que la Comuna nació de la determinación del pueblo de no entregar las armas a las fuerzas contrarias pro monárquicas representadas por Thiers*, principal culpable de la muerte de miles de obreros, maestros, sastres y artesanos parisinos, incluso mujeres y niños, fusilados por sus tropas, y también del arrase total de las barricadas de los comuneros, a lo que estos responden incendiando varios palacios, edificios históricos y la Biblioteca Imperial. (Utópicos comuneros que entonces soñaron que un mundo mejor era posible).
*Louis Adolphe Thiers: historiador y político francés, primer ministro bajo el reinado de Luis Felipe de Francia. Después de la caída del Segundo Imperio, se convirtió en presidente provisional de la Tercera República Francesa, ordenando la supresión de la Comuna de París en 1871.
Seguidamente, “cuando los acontecimientos (de la Comuna) se precipitan- informa Jacques Attalli, escritor estudioso de la obra del filósofo alemán, – Marx está inmovilizado en la cama por una bronquitis y una nueva crisis de hígado. Al tiempo que simpatiza con el movimiento, no se siente representado: echa pestes al ver que los insurrectos pierden un tiempo precioso en procedimientos electorales en vez de ejercer el poder, apoderarse del tesoro del Banco de Francia, aflojar el brazo de las tropas de Thiers y arremeter sobre Versalles”.
Aun así, para Marx este levantamiento es el mayor logro del proletariado: “aunque termine aplastado por los lobos, los cerdos y los bellacos de la vieja sociedad… es la hazaña más gloriosa de nuestro partido desde la insurrección de junio de 1848 en París*”.
*Insurrección popular que tuvo lugar en París del 23 al 25 de febrero de 1848, la cual obligó al rey Luis Felipe I de Francia a abdicar, dando paso a la Segunda República Francesa.
Rimbaud y la semana sangrienta
Valiéndose de los sucesos acaecidos durante la llamada “Semana Sangrienta”, entre el 21 y el 28 de mayo de 1871, Rimbaud poetiza el trágico final de la Comuna de París:
“La tormenta te ha consagrado suprema poesía; / la inmensa convulsión de las fuerzas te socorre; / tu obra bulle, el mar ruge, Ciudad elegida, / acumula estridencias en el corazón del sordo clarín…El poeta hará suyo el llanto del infame, / el odio del forzado, el clamor del maldito”.
Luego de este vuelo rasante del personaje que nos ocupa por los 70 días de la rebelión parisina, nos atrevemos a apostar que Rimbaud fue el eterno adolescente de la poesía, el “Enfant terrible” que estremeció los fundamentos de la lírica occidental, que dinamitó las palabras con su explosivo verbo y terminó abjurando de la poesía para poder “vivir”, porque “la verdadera vida es en otra parte”. De esta manera su obra abre las puertas de la modernidad. Luego de leerlo, da vergüenza seguir escribiendo”, sentencia Octavio Paz.

“Como todos los poetas, Rimbaud ve al mundo civilizado como una jungla en la que no sabe cómo protegerse…de niño se dio a Dios, de joven al mundo; y en ambos casos se sintió engañado y traicionado, y retrocedió, especialmente después de su experiencia en la sangrienta Comuna, remata Henry Miller.
Finalizamos esta travesía rimbaudiana con el texto, La orgía parisina o París vuelve a poblarse, suerte de “declaración poética” o texto político contra la guerra, que nos descubre una faceta del Rimbaud revolucionario. Fue escrito en noviembre de 1871, tras una de sus muchas fugas del recinto familiar de Charleville, instalado en el barrio de Montparnasse, inmediatamente después de los trágicos sucesos ocurridos en los últimos días de la Comuna:
¡Cobardes, aquí está! ¡La estación
os vomita!
El sol ha enjugado con su ardiente
pulmón
los paseos que un día ocuparon
los Bárbaros
Esta es la ciudad santa, sentada
al occidente
¡Esconded los palacios muertos
en cajoneras!
El viejo día loco refresca los
Recuerdos. Ved el baño rojo de impúdicas
nalgueras
locos, podréis ser raros, pues vais
despavoridos
Perras que vais en celo comiendo
cataplasmas,
las casas de oro os llaman a
gritos. ¡Id, volad!
¡Comed! La noche alegre con sus
hondos espasmos
ha bajado a la calle.
¡Bebedores aciagos
bebed!
Corazones mugrientos, bocas
horripilantes,
más fuerte, ¡masticad! ¡hediondos
gaznates!
Que les traigan más vino a estos
lerdos innobles:
la andorga se os derrite de
infamia, ¡Vencedores!…
Peleles, sifilíticos, locos, reyes,
ventrílocuos,
¿qué le puede importar al putón
de París
vuestras almas y cuerpos,
harapos y ponzoñas?
¡Os zarandeará, hurañas
podredumbres!…
¡Oh ciudad dolorida, oh ciudad
casi muerta
con tu rostro y tus pechos de cara
al Porvenir
ofrecida a la noche de mil puertas
vacías
y que un Pasado horrible podría
bendecir
El Poeta hará suyo el llanto
del infame
el odio del Forzado, el clamor del
Maldito;
Y sus rayos de amor flagelarán las
Hembras.
Su estrofa brincará: ¡Mirad, mirad,
bandidos!
Sociedad, todo ha vuelto a su
Sitio: la orgía
llora su estertor viejo en el viejo
prostíbulo;
y el gas, en su delirio, por las
murallas rojas,
arde siniestramente hacia el pálido
azul.
Finalmente, en las postrimerías de su vida, ya de vuelta de África, la gente de Charleville, su lar nativo, le preguntaba: “¿Es usted el poeta Rimbaud? A lo que este les respondía con un dejo de nostalgia y la mirada extraviada: “Lo fui”, sin más. Renegando así de su destellante paso por la poesía, cual meteorito o estrella fugaz.
¡Salud, Poetas!
***
Mohamed Abí Hassan (El Tigre, 1956). Poeta, artista visual y editor independiente. Licenciado en Educación, Mención Artes Plásticas (cum laude), por la Universidad de Carabobo (UC). Ha ejercido la docencia en la UC y en la Universidad Arturo Michelena. Ha sido colaborador en las revistas Poesía y La Tuna de Oro (UC). Primer Premio II Bienal de Literatura Gustavo Pereira, Mención Poesía 2013; Primer Premio IV Bienal de Literatura José Vicente Abreu, Mención Poesía 2016; Primer Premio Concurso Nacional del II Festival 3.0 de Historias Comunales Ramón Tovar (2022).
Formó parte de la Comisión Rectoral del Encuentro Internacional de Poesía de la UC. Coordinó el Taller de Formación de Cronistas Comunales en Mariara, estado Carabobo, auspiciado por el Minci, la Revista Nacional de Cultura y el Centro Nacional de Historia. Actualmente se desempeña como facilitador de talleres de iniciación en la creación literaria, así como talleres sobre patrimonio histórico.
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