Amigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas. Entre los escritores, periodistas, políticos y educadores más destacados de la primera mitad del siglo XIX el nombre de Juan Vicente González resalta con bastante notoriedad, no solo porque poseía una de las prosas más combativas e incisivas de su tiempo, también por su convicción en la defensa de los principios liberales adoptados por el régimen republicano venezolano tras la disolución de la República de Colombia (la grande).
Esa convicción lo llevó a tener encuentros y desencuentros con prominentes figuras de la política nacional, dos de las más relevantes: el general José Antonio Páez y el político y periodista Antonio Leocadio Guzmán.
Defensor de Bolívar
La vida de Juan Vicente González parece haber estado marcada por la adversidad desde su nacimiento, ocurrido en los albores de la independencia, el 28 de mayo de 1810. Fue un niño expósito criado por el señor Francisco González Delgado, en cuya casa fue abandonado, y por la señora Josefa Palacios Obelmejías quien lo atendió y cuidó durante la niñez; de ella llegó a decir que “era una mujer que amaba al pobre y que era compañera del que sufría”.
Aunque tuvo una cierta inclinación hacia la vocación sacerdotal terminó decidiéndose por la vida seglar, graduándose de licenciado en filosofía en 1830. Fue un defensor de la imagen y obra bolivariana, escribiendo sobre el Libertador en diversos periódicos de la época, trabajos que logró publicar, en 1842, en un libro titulado: Mis exequias a Bolívar. Su gran capacidad intelectual le abrió las puertas al ejercicio docente en colegios de Caracas, en la academia de gramática de la Sociedad Económica Amigos del País y en la Universidad, impartiendo materias como: historia, literatura, gramática, griego y latín.
Hombre de profundas convicciones liberales, vio en la fundación de la Sociedad Liberal de Caracas, que posteriormente daría paso al Partido Liberal, un espacio para el desarrollo del pensamiento libre, vigilante de las desviaciones del poder. Sin embargo, la convulsa vida política de los años cuarenta y el radicalismo que fue tomando el bando liberal, lo llevaron a una pronta ruptura con este sector y con su principal líder: Antonio Leocadio Guzmán, con quien las diferencias llegaron a ser irreconciliables.
Aunque el Partido Liberal fue la plataforma de organización política que encontraron muchos hacendados afectados por la aplicación de la Ley de Libertad de Contratos para oponerse al liberalismo económico del segundo gobierno de Páez, que afectaba su condición de propietarios, muchos se retractaron porque vieron en Antonio Leocadio Guzmán a un demagogo que levantaba las banderas de un igualitarismo social que muchos no compartían.
La prensa fue su gran instrumento de combate. Desde impresos como: Cicerón a Catalina, Diario de la tarde y La prensa, Juan Vicente González desplegó toda su mordaz prosa para denunciar lo que en su visión eran actividades demagógicas y sediciosas promovidas por Guzmán. Contra él desarrolló una animadversión en grado sumo que lo condujo a participar en su captura y entrega a las autoridades, tras acusársele de rebelión durante el proceso electoral de 1846.
Más allá de todos estos aspectos, uno de los rasgos que distinguió a Juan Vicente González fue su admiración hacia el Padre de la Patria. Desde el comienzo de su actividad como escritor, en 1831, la devoción hacia el Libertador se hizo presente a través de escritos en la prensa en los que exaltaba la vida y obra del Gran Héroe. Un aspecto muy significativo que exigía un gran coraje puesto que ocurría en tiempos en los que la reacción contra la obra bolivariana estaba vigente y contaba con importantes detractores.
A este respecto es bueno recordar, que el grado de paroxismo que invadió a sectores de la oligarquía, fundamentalmente caraqueña y valenciana, tuvo voceros como el diputado Ángel Quintero, quien en una sesión del Congreso Constituyente reunido en Valencia en 1830, propuso que si el Libertador traspasaba las fronteras nacionales debía ser declarado “fuera de la ley”, pudiendo cualquier autoridad “pasarlo por las armas” tanto a él como al personal que le acompañara.
Que con estos antecedentes Juan Vicente González haya asumido la reivindicación de la obra bolivariana es signo distintivo de su admiración, amor y respeto hacia el Libertador. El libro, Mis exequias a Bolívar, fue publicado el año en que sus restos fueron trasladados a Caracas, en 1842.
Convicciones a prueba
La vida pública de Juan Vicente González fue de total apego a sus principios y valores, llevándolo a tener desencuentros y ganar enemigos entre antiguos aliados. Tres momentos resultan emblemáticos en su posición pública: además de los sucesos que rodearon el enjuiciamiento y condena de Antonio Leocadio Guzmán en 1847, otro episodio que puso a prueba sus convicciones fue la posición ante el llamado “Asalto al Congreso”, hecho en los que seguidores del partido liberal irrumpieron violentamente al parlamento dejando varios muertos y heridos, algunos de ellos diputados.
El origen de esta acción habría sido en intento de la bancada conservadora de promover un juicio político al presidente José Tadeo Monagas luego que éste conmutara la sentencia del tribunal que condenaba a muerte a Leocadio Guzmán y Ezequiel Zamora por las revueltas populares de 1846. Al día siguiente de los hechos en la sede del Congreso, el 25 de enero de 1848, Juan Vicente González se presentó ante el parlamento en su condición de diputado y como secretario accidental firmó el acta mediante la cual se restituía el funcionamiento del Poder Legislativo.
La entronización de la hegemonía monaguista le obligó a distanciarse de la vida pública durante una década (1848-1858), tiempo en que la lectura fue el refugio para atenuar las pasiones y fortalecer más su capacidad intelectual. Tras el inicio de la Guerra Federal y la posterior asunción de la dictadura por parte de Páez con el apoyo del Partido Conservador, González se le opuso levantando las banderas del gobierno civil que representaban Manuel Felipe de Tovar y Pedro Gual. En su opinión, la contribución que debía brindar Páez en aquellos convulsos momentos era respaldar al gobierno que intentaron ejercer estos distinguidos venezolanos.
En plena confrontación sus críticas no podían ser toleradas y terminaron llevándolo a prisión. Concluida la Guerra Federal y asumido el mando el sector liberal fue puesto en libertad dedicándose a la labor periodística y literaria.
En el campo de la historiografía merece destacarse su Biografía de José Félix Ribas, publicada por entregas semanales en la Revista Literaria en 1865. La obra hacía parte del proyecto trazado durante la década de lectura y reflexión, que había concebido titular: Páginas para Historia de Colombia [la grande] y Venezuela o Vidas de sus Hombres Ilustres, que contemplaba las biografías de militares, científicos, sacerdotes, y ciudadanos esclarecidos.
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Sobre la Biografía de José Félix Ribas llegó a comentar el historiador José Gil Fortoul, que tenía méritos propios que la distinguían del lenguaje español de Oviedo y Baños; de la polémica de José Domingo Díaz; de la crónica de Montenegro y Colón; de la mera recopilación de Blanco y Azpúrua y del clasicismo compasado y en ocasiones intransigente de Rafael María Baralt. Su estilo, según Gil Fortoul, “libre de trabas, es revolucionario”. Una valoración que evidencia el gran aporte que, para la comprensión de la gesta emancipadora, realizó Juan Vicente González.
Su contribución en el campo periodístico a través de órganos como El Heraldo, El Nacional de Caracas, El Federalista y El Constitucional, resultan fundamentales, convirtiéndolo en objeto de obligatoria consulta para el estudio y comprensión del siglo XIX venezolano.
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Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.
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