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“Arturo Uslar Pietri” por Ángel Omar García González

Arturo Uslar Pietri

Amigas y amigos constructores de sueños, forjadores de esperanzas: Arturo Uslar Pietri ha sido considerados por muchos el intelectual más destacado del siglo XX venezolano, una afirmación sustentada en su notoria y muy laureada obra literaria, que incluye novelas, cuentos y ensayos; en su desempeño periodístico a través de la columna «Pizarrón», publicada ininterrumpidamente durante cincuenta años, columna que marcó por mucho tiempo la pauta de la reflexión política nacional; y su incursión en el campo televisivo con el programa Valores Humanos, que representó un hito en cuanto al tema comunicacional se refiere; para solo señalar tres ámbitos de su multifacética vida.

Si aquella consideración resulta un lugar común, quizás no lo sea señalar que su actuación pública se encuentra hoy sometida a críticas y cuestionamientos por parte de un sector de la intelectualidad criolla que lo juzga, entre otros calificativos, como un resentido que contribuyó, irresponsablemente, al colapso del régimen puntofijista.

 

El drama octubrista

Y es que para esa intelectualidad, Uslar Pietri nunca logró superar la tragedia que significó el derrocamiento del general Isaías Medina Angarita, que lo condujo a un exilio forzado y a ser objeto de un juicio por enriquecimiento ilícito, del cual no pudo defenderse.

A pesar de haber sido reivindicado posteriormente por los líderes octubristas, quienes le ofrecieron cargos de significación: embajador en varios países y representante de Venezuela en la UNESCO; el gran Humanista no desistió en considerar lo ocurrido en octubre de 1945 como un hecho que truncó la evolución política del país, cuyas consecuencias se hacían notar, sobre todo, en el terreno económico, en las distorsiones y desequilibrios que experimentó la economía venezolana a partir de la década de los setenta.

Para esa intelectualidad, las críticas de Uslar Pietri fueron desmedidas e irresponsables y habrían contribuido a exacerbar la crisis que afectó al régimen puntofijista en la década de los ochenta y noventa. En medio de la creciente deslegitimación del sistema político, la crisis de representación del sistema de partidos y la incapacidad del Estado para brindar respuestas a las necesidades de la población, amén de la desbordada e impune corrupción administrativa; sus críticas se convirtieron en un referente que resumía y expresaba la opinión generalizada del país.

Pero en realidad, no fue Uslar el único en adversar esa forma de conducir el Estado y denunciar la crisis de representatividad  al que habría conducido el manejo clientelar y populista de la acción de gobierno por parte de la élite que asumió el poder luego del 23 de enero de 1958; en esa visión coincidieron destacados intelectuales como José Ignacio Cabrujas y Domingo Felipe Maza Zavala, quienes hicieron parte, junto a otros destacados venezolanos, del llamado grupo de Los Notables; cuya actuación también es objeto de críticas y cuestionamientos.

El grupo de Los Notables congregó, además de los señalados, a figuras tan diversas como Ramón Escobar Salom, Miguel Ángel Burelli Ribas, Antonio Luis Cárdenas y Rafael Caldera, entre otros. En la práctica se constituyó en una especie de club de Jacobinos no violentos, que demandaba cambios sustanciales al sistema político, algunos de los cuales habían sido considerados en la famosa Comisión para la Reforma del Estado (COPRE), baipaseada por las cúpulas de los partidos entonces dominantes: Acción Democrática y COPEI.

Pese a todo lo anterior, en lo que sí hay unanimidad absoluta es en el lugar común: Arturo Uslar Pietri fue un destacado humanista y un excelente escritor.

 

Guion de película

Para Uslar Pietri la consagración como el talentoso escritor que fue ocurrió en 1931, cuando la editorial Zeus publicó por primera vez, en Madrid, su Opus Magnum: Lanzas Coloradas. Inicialmente, Uslar se debatió entre la idea de crear el guion para una película que, sobre aspectos de la vida del Libertador, sirviera para rendirle homenaje en el Centenario de su muerte; pero al no cuajar esta posibilidad, el trabajo fue tomando la forma de la exitosa novela.

La obra fue recibida con beneplácito por el público español siendo declarada libro del mes al primero de su publicación. Desde su aparición, hasta 1977, había sido traducida al alemán, francés, inglés, checo, italiano, rumano y portugués. Un aspecto que denota el talento del autor, quien para el momento en que fue publicada la novela, apenas rondaba los veinticinco años de edad. Había nacido el 16 de mayo de 1906.

En Venezuela sería publicada por primera vez en 1946, curiosamente, por sus adversarios políticos, quienes al tomar el poder el 18 de octubre de 1945, primero lo encarcelaron y luego lo enviaron al exilio. La publicación pasó a engrosar la lista de títulos de la colección Biblioteca Popular Venezolana del Ministerio de Educación.

La influencia de Uslar Pietri en el ámbito nacional estuvo derivada no sólo de su prestigio académico, sino de su solvencia ética y moral. Por muchos años fue considerado la “conciencia” de la Nación, de allí que, con frecuencia, se esperaba conocer su opinión sobre los más variados e importantes temas de interés nacional. Un privilegio que estuvo afianzado en su decisión de no volver a ejercer cargos públicos, luego de su retiro como parlamentario en 1974.

Por la influencia que sobre el sistema político venezolano tuvieron sus opiniones, es que sus fustigadores de hoy no le perdonan sus críticas y cuestionamientos al puntofijismo. Solo que quienes le critican lo hacen en la actualidad, cuando ya el autor de la columna Pizarrón no puede responderles; y esto a pesar de que alguno de ellos tuvo la posibilidad de trabajar junto a él en comisiones y proyectos de diversa índole, pudiendo haber cuestionado y debatido las increpaciones que hoy se le hacen.

 

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Pero en honor a la verdad, el propio Uslar Pietri fue protagonista de la misma práctica. En una serie de entrevistas recogidas en un pequeño libro y publicadas poco después de su muerte, ocurrida en febrero de 2001, el autor de La Visita en el Tiempo calificaba al Maestro Rómulo Gallegos de “débil y perezoso”, afirmando, además, que su “obra de pensamiento no existe”; unas críticas que, hasta donde sabemos, el ganador del Premio Príncipe de Asturias nunca hizo en vida al autor de Doña Bárbara.

Esto último, en el fondo, parece hacer parte de una cierta actitud necrófila que alberga un sector de la intelectualidad nacional: la de pelear con los muertos.

 

 

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"La Campaña de Oriente de 1813", por Ángel Omar García

Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.

 

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