En el desayuno de los venezolanos, sobre todo en el de los habitantes del occidente del país, rara vez falta el suero, altamente recomendado como alimento casi milagroso que, según afirman sus entusiastas, asegura a quien lo consuma regularmente una vida perfectamente sana de cien años como mínimo.
Una exageración innecesaria, porque no es preciso llegar a tanto para celebrar las excelencias del suero, que efectivamente es uno de los productos más saludables de la industria láctea.
La palabra (…) tiene varias acepciones, de las cuales nos interesa por ahora la que se refiere al suero de la leche, tal como lo define el Diccionario: “Parte líquida que se separa al coagularse la leche”. Viene, al decir de la Real Academia de sorum, supuesta forma del latín serum, “suero de la leche, líquido seroso”.
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En otra acepción, es la parte de la sangre que se mantiene líquida después de haberse formado el coágulo. En el sentido medicinal es el suero obtenido de la sangre de animales inmunizados, como el antiofídico y, por extensión, solución de sales y otras sustancias en agua para inyecciones, como el suero fisiológico, el suero glucosado y demás líquidos nutritivos inyectables. Hoy, el cine y la televisión han popularizado cierto “suero de la verdad”, que inyectado a un prisionero lo pone a cantar como un canario fino.
Una advertencia final: nuestro sabroso suero no debe ser confundido con el también famosísimo yogurt europeo (la palabra yogurt es turca), que es leche fermentada por la acción de ciertos bacilos. Para encarecer las virtudes del yogurt, el humorista Kotepa Delgado conjuga diariamente un verbo por él inventado: “Yo gurt, Tú gurtas, Él gurta”…
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Tomado del libro “La palabra de hoy / Programa radial” (Cenal, 2014)
Autor: Aníbal Nazoa González (Caracas, 12 de septiembre de 1928 – Ibíd., 18 de agosto de 2001) poeta, periodista y humorista, considerado «uno de los escritores venezolanos que mejor retrató el siglo XX».
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