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La semana pasada dijimos que existían dos razones que podrían sintetizar tanto el imaginario como las prácticas sociales de nuestras culturas. Les recuerdo que la primera es de carácter histórico y la estuvimos detallando un poco. Hoy comenzaremos por la segunda de las razones, por supuesto que hay más; pero bueno, yo no soy ningún especialista, solo especulo y reflexiono en torno a un asunto que siempre me ha interesado.

Esa segunda razón la he denominado: “complejo de comparación”. La cual permea todas nuestras capas sociales y culturales. Un mal generado también de manera histórica, pero que, además, fue fortalecido desde el campo de las investigaciones académicas. Las llamadas culturas “inferiores” deben llegar a ser como las culturas supuestamente “superiores”.  Parte de este engaño se encontraba en el binomio: desarrollo-subdesarrollo. Como si las sociedades tuvieran que pasar de forma inevitable por esas etapas.

 

DEL MISMO AUTOR: LAS CULTURAS DE LA SOCIEDAD VENEZOLANA

 

Nuestros habitantes se burlan, por ejemplo, de los nombres indígenas que tienen muchas localidades o comidas como el majarete, el casabe, la catara, e inmediatamente dicen, el París de Venezuela, o la comida gourmet, etc. Siempre hay una perforación, en esos modos de hablar, a través de la cual se puede observar a la “Pequeña Venecia”, a los indígenas arrodillados ante su majestad el hombre europeo, a la incapacidad intelectual de los negros, a la atmósfera diabólica que los poseía en sus bailes y cantos, a la flojera de los indígenas, y un larguísimo etcétera.

Muchos ignoran que el desarrollo de Europa lleva la sangre de esos negros e indígenas. Que sus riquezas fueron nuestras. Que en gran parte apoyaron sus “grandezas”, en el oro y la plata robada a nuestros países. Muchos ignoran que fueron conquistados en sus pensamientos para hacerlos sentir otros sin serlos. Muchos conocen más de la cultura europea o norteamericana que de la venezolana o Latinoamericana. Sienten que los instrumentos musicales inventados por los indígenas, por ejemplo, son inferiores a los instrumentos inventados por Europa.

¿Cuántos no prefieren nombrar a la mitología griega que a las de los pemones o yanomamis. Cuántos no se creen grandes intelectuales porque comparan situaciones actuales con los mitos occidentales?…, y repiten y repiten hasta el cansancio que máscara significa persona, que la esperanza quedó encerrada en la caja de Pandora, que Física proviene de Physis, y los citan en sus ensayos, en sus poemas… ¿Sabrán que están pensando en la cabeza de otro?

No me mal entiendan. No tiene nada de malo saber, conocer, leer, investigar, comprender. Nada. Lo que no es beneficioso es que se utilice ese conocimiento, o esa actitud, para ofender, burlarse y comparar sin sentido de causa histórica a nuestras culturas con aquellas que nos han masacrado, robado, pisoteado, y encima sentirse orgulloso de ello. Esto ocurre cuando la historia es negada sistemáticamente desde diferentes ámbitos de la sociedad: lenguaje, medios de comunicación, cine, televisión, redes sociales…

Generan racismo, modelos de lo que debe ser bello, complejos de inferioridad, modelos de comportamientos morales, estilos de vestir, modas de cualquier tipo; de la misma manera producen los esquemas políticos y económicos que a ellos les sirva para sostenerse en el poder.

La clase dominante en nuestro país, históricamente ha tendido a imitar a la cultura del poder de las clases dominantes foráneas: España, Francia, Inglaterra, Estados Unidos.

 

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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021). (Tomado de eldienteroto.org)

 

Ciudad Valencia/RN