Hay lugares donde el tiempo no pasa, solo se acumula. Donde el silencio no es ausencia, sino memoria. En Valencia, estado Carabobo, los cementerios no son solo camposantos: son archivos abiertos, testigos de epidemias, batallas, devociones y olvidos.
Bajo sus piedras y muros, se esconden relatos que no están en los libros, sino en la tierra. Esta reseña especial de Vestigios del Pasado recorre siglo a siglo, los espacios donde la ciudad aprendió a despedirse, a honrar y a resistir, pero también a convivir en medio de cementerios que hoy son incluso lugares donde se levantan edificaciones patrimoniales.

Siglo XVI
1. Cementerio de la Iglesia Matriz (Siglo XVI – 1818)
Este cementerio data del siglo XVI y estaba ubicado al lado de la Iglesia Matriz, hoy Catedral de Valencia, siguiendo la costumbre de todo pueblo hispano fundado en el continente. Las piezas centrales de aquellos pueblos eran la iglesia, la plaza y el cementerio, todos contiguos, por lo que era el cementerio público en aquel pueblo antiguo de la Nueva Valencia del Rey. Funcionó hasta el año 1818, por orden del general Pablo Morillo.
Según comenta el historiador Luis Heraclio Medina en su publicación Cita Con la Historia: Cementerios de Valencia: “En una época estuvo rodeado de un muro que más de una vez resultó dañado, lo que permitía la entrada de animales que escarbaban y dejaban al descubierto los restos de los difuntos, generando un serio problema de higiene pública”.
El historiador Santiago González Guinand en su libro Tradiciones de mi Pueblo señaló: “Las prácticas funerarias incluían la visita de las personas todos los primeros y dos de noviembre de cada año para llevar flores a sus difuntos”.
Su ubicación sería justamente al norte, al lado de la Iglesia Matriz, en lo que hoy se levantan el Centro de Artes Vivas Alexis Mujica, la Curia de Valencia, entre otros espacios residenciales.
Siglo XVII
2. Cementerio del Convento San Buenaventura (1634)
Existe poca información referente al cementerio del convento. No era un cementerio público masivo, pero para esa época era común y normal que los conventos tuviesen su pequeño camposanto donde reposaban los religiosos. No se tiene mayores datos referentes a su capacidad exacta, pero sí de su ubicación aproximada, la cual sería en lo que hoy es el Teatro Municipal de Valencia.
Antiguos Cementerios de Valencia
3. Cementerio del Hospital San Antonio de Padua (Mediados del siglo XVII)
Este cementerio pertenecía al antiguo Hospital San Antonio de Padua y fue construido por los españoles a mediados del siglo XVII. Actualmente, ese espacio es el Museo de Historia Casa de la Estrella, ubicado en la antigua calle Real, hoy calle Colombia, cruce con avenida Soublette.
Según las referencias del Dr. Fabián de Jesús Díaz en su libro Hospitales de Carabobo, este recinto médico, como era costumbre en la época, tenía un cementerio. Estaba ubicado en el lado sur del hospital, es decir, por la antigua calle El Sol, hoy calle Páez, y tenía una medida de una hectárea. Estaba destinado solo para los enfermos, desahuciados y los religiosos.
Díaz relata que en 1908, el gobernador de ese entonces decreta la construcción de un hospital, y comienzan las obras en los espacios del camposanto. Este sería el Hospital de Maternidad y Niños, cuya obra se concreta en 1936. No hay mayores datos aportados referentes a ese antiguo cementerio, excepto los narrados por tradición oral de las experiencias vividas tras las remodelaciones realizadas en esta zona, ya que posteriormente, comenzaron a levantarse aquí varias instituciones.
Actualmente, frente a la antigua pila de agua en el patio del Museo Casa de la Estrella, hay una pared amarilla con un arco que divide ese antiguo cementerio, lo que es hoy la sede de la Academia de la Historia del Estado Carabobo y el Archivo del Estado con el Museo de Historia.
Antiguos Cementerios de Valencia
Siglo XVIII
4. Cementerio del Convento de las Carmelitas Descalzas (1768–1874)
La cronista Luisa Galíndez, en su libro titulado De Convento a Casa de Gobierno, relata que la historia de este lugar inicia en 1.768, cuando el padre Diego Díez Madroñero promueve la creación de un hospital que no fue culminado por su muerte.
Tras estar en ruinas en 1805, los presbíteros Juan José Rodríguez y Carlos Hernández de Monagas adquieren el terreno para construir allí un colegio de niñas, el cual era dirigido por las venerables madres pertenecientes a la Congregación de las Carmelitas Descalzas. La ubicación del cementerio no es detallada, pero en la actualidad dicho colegio estaba en lo que hoy es la sede del Capitolio de Valencia, y al igual que el anterior cementerio estaba destinado solo para las religiosas.
Galíndez señala que, posterior a la muerte del presbítero Carlos Hernández de Monagas, su hermano continúa la obra de construcción del colegio. Él fue el Dr. Juan Antonio Hernández de Monagas, y cuando muere en 1858, fue enterrado en la capilla del convento, debajo de la cúpula, y después trasladado a la capilla de la Santísima Trinidad en la Iglesia Matriz. También allí estaban los restos de las monjas fallecidas anteriormente.
Su clausura se decreta el 2 de mayo de 1874. Ya para 1875, la antigua institución estaba destinada para ser sede gubernamental.
Siglo XIX
5. Cementerio Morillo (1818 – mediados del siglo XIX)
Este cementerio es denominado así porque fue el general español Pablo Morillo quien ordena cerrar el cementerio de la Iglesia Matriz y construir otro al oeste del pueblo, en las inmediaciones del denominado cerro El Puto, hoy cerro El Calvario, cerca de donde hoy se levanta el Palacio de Justicia. Importante señalar que en la actualidad, allí se construyeron urbanismos, destacando la Urb. El Candelero, donde aún está la única tumba de cuando el cementerio funcionaba, llamada Capilla del Ánima del Candelero.

Según tradición oral de los lugareños, la entrada era en la actual calle Cantaura, y durante la construcción de las viviendas, se escuchó en más de una oportunidad, que se encontraban las fosas de muertos enterrados allí, hoy las tumbas quedaron dentro de las casas, en los patios, incluso en los baños.
Este cementerio era mucho más grande que el anterior, ubicado al lado de la Iglesia Matriz: tenía una extensión de una hectárea y contaba con una pequeña capilla. Relata el historiador Gonzáles Guinand en su libro Tradiciones de mi Pueblo que allí fueron inhumados los restos de todo el que fallecía en Valencia, (público) también varios de los caídos en la Batalla de Carabobo. Allí fueron enterrados en su momento:
• Juan José Rondón
• Miguel Peña
• Fernando Peñalver
• General Trinidad Portocarrero
• General Juan D’Sola
• General José Laurencio Silva
• General Juan Uslar
Antiguos Cementerios de Valencia
6. Cementerio Los Cerritos (Siglo XIX)
Según la historiadora Luisa Galíndez en su obra, Historia de Valencia, a las afueras de la capilla o iglesia de San José, también hubo un pequeño cementerio donde fueron enterrados fallecidos en los caseríos de Agua Blanca, Hato de Guataparo, Mañongo, Camoruco y El Trigal. No se tienen mayores datos aportados.
7. Cementerio para los muertos de cólera (1855–1856)
En 1855 se desata en Valencia una terrible epidemia de cólera morbus, que sobrepasó las capacidades del Cementerio Morillo. Por ello, el gobernador del estado, Miguel Martínez, ordena la apresurada fabricación de un nuevo cementerio detrás del antiguo, para inhumar los restos de unos 1.500 valencianos que murieron desde septiembre de 1855 a 1856. No hay mayores datos aportados por el historiador Gonzáles Guinand.
Antiguos Cementerios de Valencia
8. Cementerio del Padre Lovera (1873)
En 1873, por iniciativa de la principal autoridad eclesiástica de Valencia, el padre Pedro Lovera, se construye un nuevo cementerio al sur del antiguo Cementerio Morillo. El historiador Gonzáles Guinand, detalla que bastante pequeño, de menos de una hectárea de extensión, y fue conocido como el “Cementerio del Padre Lovera”, denominado así en honor a la iniciativa del vicario Pedro León Lovera.
Braulio Salazar y su mural: La Evolución del Mundo | Diego Trejo
9. Cementerio Municipal de Valencia (1888)
El historiador Gonzáles Guinand, precisa que el 13 de enero de 1887 se conforma una junta integrada por destacadas personas para la planificación de la construcción de un nuevo cementerio. Este sería el que hoy llamamos Cementerio Municipal de Valencia. El Concejo Municipal de Valencia autoriza y aprueba el nuevo lugar, que sería un terreno llamado “Isleña Pepa, y se inaugura en 1888.
Actualmente se encuentra en la avenida Lisandro Alvarado. En 1911, el gobernador Santiago Gonzales Guinand fue el encargado del acondicionamiento de más de 1.600 metros del camino que conducía al cementerio, colocando aceras, reforestando árboles y hasta puentes, todo para embellecer el camino al camposanto.
Antiguos Cementerios de Valencia
Siglo XX
10. Cementerio Protestante (1970)
Cuenta el historiador Luis Heraclio Medina, en su publicación, que aquellos cementerios estaban muy vinculados al credo católico y en ellos sólo se enterraba a los de esta fe. Por ello, a principios de los años 70 del siglo XX, el señor F. Gleiker, un vecino alemán de credo protestante, obtuvo la autorización del gobierno para establecer en su finca “La Fundación” un cementerio para sus empleados que no eran católicos. Este lugar quedaba en lo que hoy conocemos como las inmediaciones del dique de Guataparo.
Antiguos Cementerios de Valencia
Entre ánimas y adoquines: la Valencia que vive sobre sus muertos
Valencia no solo está construida sobre tierra, sino sobre memoria. En sus plazas, museos, teatros y edificios gubernamentales, laten los ecos de antiguos cementerios que alguna vez fueron el último refugio de cientos de almas. Cada espacio patrimonial que hoy admiramos —como el Capitolio, el Teatro Municipal, la Casa de la Estrella o el Centro de Artes Vivas Alexis Mujica— fue antes un lugar de duelo, de oración, de despedida.
Y aunque la arquitectura haya cambiado, la energía permanece. Desde el punto de vista místico, para quienes creen en espíritus, ánimas y presencias invisibles, esta superposición de funciones —de camposantos a instituciones vivas— no es neutra. Se habla de cargas energéticas que no se disuelven con el concreto ni con el paso del tiempo.
Hay quienes aseguran que ciertos espacios patrimoniales de Valencia conservan una atmósfera densa, silenciosa, como si los muros recordaran lo que allí ocurrió. No es raro que en recorridos turísticos o visitas solitarias, algunos sientan presencias, susurros o simplemente una inquietud inexplicable.
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Pero más allá de lo sobrenatural, lo cierto es que Valencia vive entre cementerios. No como una ciudad que los oculta, sino como una que los transforma. Los antiguos camposantos se han convertido en espacios de cultura, de gobierno, de historia viva. Y esa convivencia entre lo que fue y lo que es, entre lo visible y lo invisible, convierte a Valencia en una ciudad única: una urbe que camina sobre sus muertos, a veces con miedo, a veces sin respeto.
Reconocer esta dimensión energética y espiritual no es superstición, sino sensibilidad patrimonial. Porque cada piedra, cada arco, cada árbol plantado sobre un antiguo cementerio, guarda una historia que merece ser contada y escuchada.
Ciudad Valencia / DT / RM











