En una nueva entrega de Vestigios del Pasado, en la serie Tesoros de Valencia, nos adentramos en la Casa Museo de Federico Rodríguez, ubicada en el sector El Atlas, de la parroquia Candelaria, del municipio Valencia, para explorar uno de los archivos visuales más significativos de la región. El recinto resguarda una colección que supera las 26 cámaras fotográficas, piezas que han llegado a él a través de valiosas donaciones de otras personas y de un preservado acervo de herencia familiar.

Este capítulo ofrece un paneo histórico por la evolución de la imagen, destacando los ingenios mecánicos que permitieron congelar el tiempo. A través de estos ejemplares, la Casa Museo Federico Rodríguez no solo exhibe objetos de metal y cristal, sino que narra la transformación de la mirada humana a lo largo del siglo XX.

 

Kodak Retina (Serie Original) 1934

La Kodak Retina es una pieza de museo que representa la alianza entre el marketing masivo estadounidense y la insuperable ingeniería óptica alemana de preguerra. Lanzada en 1934, esta cámara fue diseñada por el Dr. August Nagel en Stuttgart, Alemania, tras la adquisición de su fábrica por parte de Kodak.

Su mayor hito fue la introducción del cartucho de película “Daylight Loading Cartridge” (Tipo 135), el cual permitió cargar la cámara a la luz del día y estableció el estándar de carrete que se utiliza hasta la actualidad.

Ansco Shur Shot (1935)

La Ansco Shur Shot representa uno de los pilares de la fotografía popular de mediados de la década de los treinta, habiendo sido fabricada por la empresa Ansco en Binghamton, Nueva York, aproximadamente en el año 1935. Este modelo de tipo “cajón” (box camera) se consolidó como una herramienta esencial durante la era de la Gran Depresión, diseñada bajo una premisa de máxima durabilidad y bajo costo para permitir que las familias de la época continuaran documentando su historia personal pese a las dificultades económicas.

 

La Kodak Baby Brownie Special (1939)

Esta cámara representa un hito en la transición de la fotografía hacia el diseño industrial moderno, habiendo sido fabricada por la Eastman Kodak Company en Rochester, Nueva York, a partir de 1939. Este modelo es una evolución sofisticada de la Baby Brownie original, destacando históricamente por ser una de las piezas más emblemáticas creadas bajo la estética Art Déco por el influyente diseñador industrial Walter Dorwin Teague.

Su cuerpo, construido íntegramente en baquelita negra, presenta una textura estriada y líneas aerodinámicas que no solo le otorgan una elegancia atemporal, sino que también la hacían extremadamente ligera y portátil para la época. A diferencia de sus predecesoras, esta versión «Special» integró un visor óptico de cristal fijo en la parte superior, permitiendo a los usuarios encuadrar sus fotografías a la altura del ojo con una claridad muy superior a los visores de espejo convencionales.

Mecánicamente, la cámara operaba con una simplicidad absoluta: utilizaba película de formato 127 para producir ocho exposiciones por rollo y contaba con un lente de menisco de foco fijo, diseñado para ofrecer nitidez automática en cualquier escena situada a más de dos metros de distancia.

 

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Kodak Brownie Six-20 (Model D) (1946)

La Kodak Brownie Six-20 (Model D) representa la elegancia y la robustez de la manufactura británica de la posguerra, habiendo sido fabricada por Kodak Ltd. En Londres, Reino Unido, entre 1946 y 1953. Este modelo es un exponente fundamental de las cámaras de cajón que dominaron el mercado europeo, destacando por una construcción significativamente más refinada que sus contrapartes estadounidenses.

Estéticamente, la cámara se distingue por su placa frontal de metal brillante con un diseño geométrico de líneas verticales, característico del estilo industrial de la época. Una de sus innovaciones más prácticas para el usuario fue la inclusión de dos visores ópticos brillantes de gran tamaño, situados estratégicamente para permitir el encuadre tanto en formato vertical como horizontal con una claridad superior a los modelos básicos.

Mecánicamente, la Six-20 Model D fue diseñada para utilizar la película formato 620, produciendo negativos de gran tamaño (6 \times 9 cm) que garantizaban un nivel de detalle impresionante para una cámara de su clase. Además, este modelo introdujo una posición para exposiciones largas (modo “B”) y una entrada para trípode, permitiendo capturar imágenes en condiciones de poca luz.

 

Herco-Flex 620 (1948)

La Herco-Flex 620 se erige como un exponente fascinante del diseño industrial estadounidense de la posguerra, habiendo sido fabricada por la Herbert George Co. En Chicago, Illinois, alrededor de 1948. Este modelo pertenece a la categoría de las cámaras denominadas “Pseudo-TLR” (Twin Lens Reflex), un estilo que buscaba emular la imponente estética de las cámaras profesionales de alta gama de la época, como las Rolleiflex, pero adaptándola a una mecánica sencilla y accesible para el gran público.

Su estructura está moldeada principalmente en baquelita negra, un material plástico temprano que permitía formas ergonómicas y una durabilidad notable.

En el aspecto operativo, la Herco-Flex fue concebida para la simplicidad absoluta, utilizando película de formato 620 para obtener negativos de gran tamaño. Al ser una cámara de foco fijo y contar con un obturador de velocidad única, no requería que el usuario realizara ajustes de apertura o tiempo, haciéndola ideal para capturar retratos familiares y paisajes en condiciones de luz diurna. Hoy en día, esta pieza es apreciada no solo por su valor nostálgico, sino por representar el ingenio de la industria de Chicago.

 

Cámara subminiatura (cámara espía) (1940-1950)

Este ejemplar que pertenece al fenómeno de las cámaras «tipo Hit». Aunque comúnmente se asocian con Japón, tu unidad presenta una variante sumamente interesante, ya que la inscripción en el lente indica «Made in Western Germany» (Hecha en Alemania Occidental), lo que la sitúa en el contexto de la reconstrucción industrial europea de la posguerra.

La cámara Subminiatura Petitar (Western Germany) es un prodigio de la miniaturización fotográfica que cobró gran relevancia entre finales de la década de los años 40 y mediados de los 50. Este ejemplar en particular destaca históricamente por haber sido fabricado en la Alemania Occidental, integrándose en el mercado de cámaras de “novedad” que floreció tras la Segunda Guerra Mundial, donde la precisión mecánica alemana se aplicó a formatos extremadamente compactos para competir con los modelos japoneses que dominaban el sector de las cámaras subminiatura, donde además eran usadas en algunos casos para el espionaje, por tu tamaño compacto.

Cámaras Antiguas

Con una estructura metálica robusta y un recubrimiento en cuero sintético negro, la Petitar mide apenas unos 5 centímetros de ancho, lo que permitía ocultarla fácilmente en la palma de la mano. A pesar de su apariencia de juguete, es un instrumento fotográfico plenamente funcional. Su diseño se basa en la simplicidad extrema: cuenta con un lente de menisco de foco fijo rodeado por un anillo cromado y un visor óptico directo integrado en el cuerpo, diseñado para capturar escenas de forma rápida y discreta, evocando la estética de las cámaras de espionaje tan populares en la cultura de la época.

 

Imperial Six-Twenty (1951)

La Imperial Six-Twenty se consolida como una pieza clave de la cultura fotográfica de mediados de siglo en los Estados Unidos, habiendo sido fabricada por la Herbert George Co. En Chicago, Illinois, aproximadamente en 1951. Este modelo es un exponente vibrante del diseño de la posguerra, compartiendo el linaje de las cámaras “Pseudo-TLR” que buscaban ofrecer una estética profesional y robusta a un costo accesible para las familias de la clase media estadounidense.

Construida principalmente en baquelita negra, un material plástico precursor que definió la era industrial de los años 50, la Imperial Six-Twenty destaca por su imponente visor de cintura.

El legado óptico en la Casa Museo de Federico Rodríguez

El recorrido por estas piezas fundamentales no es solo un viaje a través de la mecánica y el cristal, sino un testimonio de la evolución de la mirada humana. Desde la precisión técnica de la Kodak Retina hasta la ingeniosa miniaturización de la Cámara de Espías, cada cámara analizada en este capítulo de Vestigios del Pasado representa un peldaño en la democratización de la imagen.

La transición del metal a la baquelita, y del formato de fuelle al carrete estandarizado, refleja una era de innovación constante donde el objetivo final siempre fue el mismo: vencer la fugacidad del tiempo.

La importancia de estas cámaras trasciende su valor como objetos antiguos; son, en esencia, guardianas de la memoria colectiva. Gracias a ellas, la historia dejó de ser un relato narrado para convertirse en una evidencia visual. Por ello, la preservación de este patrimonio cultural en la Casa Museo Federico Rodríguez es un acto de justicia histórica, permitiendo que las nuevas generaciones comprendan cómo se construyó la identidad visual del siglo XX.

Es imperativo destacar que, por razones de extensión y enfoque cronológico, en esta entrega solo se han abordado los cuatro ejemplares más antiguos de la colección. Sin embargo, la galería del museo alberga una riqueza mucho mayor, con más de 26 modelos que incluyen cámaras réflex de la Guerra Fría, visores de diapositivas y la icónica era instantánea de los años 70.

Este archivo, formado por la generosidad de las donaciones comunitarias y la continuidad de la herencia familiar, permanece abierto como un libro de historia viva, invitando a todo aquel que desee entender cómo aprendimos, como sociedad, a detener el mundo con un solo clic.

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