“Los tiempos históricos en el discurso presidencial (I)” por Christian Farías

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El discurso presidencial de Nicolás Maduro, con motivo de la rendición de cuentas anual ante el Poder Legislativo, realizado el pasado sábado 15 de enero de 2022 en la sede de la Asamblea Nacional, es una pieza política magistral que expresa el proceso dialectico de la realidad histórica social y política de Venezuela en cuatro tiempos históricos imbricados de manera dialéctica, sistémica y compleja que nos obligan al ejercicio de la crítica y la autocrítica desde una perspectiva revolucionaria.

El primer tiempo de 50 años corresponde a las dictaduras militares, pues se inicia y se desarrolla a partir de la dictadura militar gomecista (1908-1936) y culmina con la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958. Con la excepción respetable del General Isaías Medina Angarita (1943-1948).

Después del gobierno militar patriótico, nacionalista, de Cipriano Castro (el último héroe del siglo XIX), su compadre Juan Vicente Gómez se convirtió en el primer entreguista pitiyanqui del siglo XX venezolano. Tomó el poder presidencial en 1908 con el apoyo total y absoluto del naciente imperio norteamericano bajo el dictamen de la doctrina Monroe: “América para los americanos” (América somos nosotros y los americanos son los gringos del Norte).

El imperialismo llegó y se instaló en Venezuela por una razón económica: apoderarse de nuestra riqueza petrolera, instaurarnos el modelo capitalista rentista, atrofiado, dependiente y burocrático; y la razón política histórica: minimizar y borrar la doctrina y la memoria histórica de Simón Bolívar. Ambas razones obedecen a un solo objetivo de altísimo valor estratégico para ellos: colonizarnos y hacernos dependientes y subordinados a sus designios, como en efecto ocurrió.

El imperio emergente logró su primer objetivo en Venezuela con el apoyo inicial que le brindó el general Juan Vicente Gómez y sus asesores intelectuales positivistas pro yanquis. Por esa razón, se nos negó e impidió nuestro derecho al desarrollo de un modelo de modernización económica propio e independiente, libre, soberano, autosuficiente y con capacidad para exportar lo que nos sobra y también para importar lo que nos falta.

Lo significativo, entonces, de este primer periodo, implícito en el discurso del presidente Maduro, es que durante ese tiempo el imperio norteamericano logró penetrar nuestro país, apoderarse de nuestra industria petrolera y convertirnos en un país dependiente, atrasado, empobrecido y condenado a sufrir crisis económicas, sociales y políticas, de manera recurrente; para luego, pedir ayuda a las potencias mundiales y así depender de ellas eternamente.

El segundo tiempo histórico corresponde al periodo de la democracia formal representativa, capturada y hegemonizada por el bipartidismo adeco-copeyano, sustentado en el nefasto pacto de Punto Fijo que reforzó el dominio y la hegemonía imperialista de Estados Unidos sobre nuestro país.

Este periodo de democracia corrupta, entreguista, hambreadora y represiva, duro 40 años, desde la elección presidencial de Rómulo Betancourt en diciembre de 1958 hasta la culminación del segundo mandato de Rafael Caldera en diciembre de 1998.

En esos 40 años, bajo el dominio del bipartidismo adeco-copeyano, se fortaleció la dependencia económica, tecnológica y cultural, el atraso y desmejoramiento de la educación, el desarrollo científico y tecnológico; la pobreza llegó al 80% con niveles de miseria, pobreza crítica o pobreza atroz en un 40% de la población; el servicio público de salud fue arruinado y sustituido por las grandes clínicas y policlínicos del sector privado. La corrupción se apoderó de todo el Estado y la desesperanza y la frustración de la juventud estudiantil llegó a 500 mil estudiantes sin cupo para ingresar y estudiar en las pocas universidades del país.

Fue un periodo sin desarrollo económico propio. Estados Unidos nos impuso el plan de sustitución de importaciones que consistió en instalar en nuestro territorio sus empresas para el ensamblaje de todos los productos que eran importados (vehículos, neveras, cocinas, lavadoras, planchas, etc.). De esa manera, nos impusieron un modelo de actividad industrial totalmente extranjero en nuestro propio territorio, es decir, una neo-colonización económica industrial que nos hizo más dependientes y vulnerables económicamente.

Durante el gobierno de Luis Herrera (1979-1983), se produjo el famoso “viernes negro” que anunció el derrumbe de la economía rentista petrolera y estimuló el crecimiento de la deuda externa. Luego, el presidente Jaime Lusinchi (1984-1988) comprometió el destino de la patria con una deuda internacional tan nefasta que lo obligó a decir ridículamente algo así como “la banca me engañó”.

El 2 de febrero de 1989 se instala en Miraflores por segunda vez el gocho Carlos Andrés Pérez y declara la puesta en marcha de un paquete de medidas neoliberales impuestas por el Fondo Monetario Internacional. Por esa razón, 25 días después, estalla la rebelión popular más grande y contundente de nuestra historia republicana, conocida como “El Caracazo” del 27 de febrero de 1989.

La población que inició la protesta y las grandes muchedumbres que participaron en los saqueos populares, fueron ametrallados con toda impunidad. Se puede decir que, después de los tiempos de Boves, antes de nuestra independencia, no había sucedido una matanza de la población civil desarmada como la de esa semana sangrienta del “Caracazo”, cuya total responsabilidad la tuvo el presidente adeco Carlos Andrés Pérez.

Se llega así, al agotamiento político estructural y la deslegitimación total del gobierno de CAP, del Estado burgués y la destartalada democracia formal representativa. El fracaso del bipartidismo adeco-copeyano se hizo irreversible, razón por la cual se derrumba totalmente el viejo pacto de Punto Fijo. La rebelión popular del 27F-89 y luego, la rebelión militar del 4F-92, encabezada por el teniente coronel Hugo Chávez Frías, se constituyen en los hechos que ponen fin al segundo periodo de dominación capitalista- imperialista.

El tercer tiempo histórico, muy presente en el discurso del presidente Maduro por cuanto que él es participante y protagonista, se inicia en febrero de 1999 después de la victoria política electoral del comandante Hugo Chávez en la elección presidencial de 1998.

El primer acontecimiento fundacional y más trascedente de este periodo es, sin duda alguna, la superación del viejo orden constitucional a través de la convocatoria inmediata de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente que dio nacimiento a la nueva Carta Magna: Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV).

Con ella quedó refundada la Republica, la soberanía popular y la soberanía de la Patria, que se materializan en el ejercicio directo de la nueva democracia participativa y protagónica.

Quedan consagrados, así, los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales que constituyen el estado de bienestar del pueblo venezolano, como expresión real y concreta de la refundación de la Republica con garantía de un presente y un futuro seguro y estable, de bienestar y felicidad colectiva en un contexto de paz y seguridad para construir nuestro propio modelo de desarrollo económico- histórico-social como país libre, soberano e independiente.

El 11 de abril de 2002, las fuerzas empresariales capitalistas, políticas y militares de la vieja democracia formal representativa, actuando de manera fascista y criminal con todo el apoyo integral del gobierno de Estados Unidos, dan el golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez, lo obligan a abandonar el poder y lo secuestran para asesinarlo.

El día 12 de abril se instala en Miraflores la dictadura fascista y semi monárquica encabezada por el empresario fascista Pedro Carmona Estanga. Deroga la CRBV y todos los poderes públicos para quedar él y su equipo, solos en el mando total del país. Hacen su festín en el palacio presidencial y derraman todo su odio fascista con whisky y champan para terminar totalmente ebrios de poder.

Pero, inmediatamente, el 13 de abril, gracias a la providencia, a la conciencia y a la fuerza moral e invencible de nuestro pueblo, que salió inmediatamente a las calles y tomó las puertas de Fuerte Tiuna y del palacio presidencial, se logró que los golpistas huyeran como las ratas del palacio presidencial y restituir el gobierno del pueblo con su presidente legítimo y constitucional, Hugo Chávez Frías.

La importancia histórica y más trascendental de estos hechos del 11 al 13 de abril de 2002 es que dieron nacimiento definitivo a la unidad cívico-militar como expresión real y concreta del nuevo Sujeto Histórico, político, orgánico, firme, certero y decisivo del proceso revolucionario bolivariano chavista del siglo XXI venezolano.

A partir de esa derrota total y absoluta, histórica y trascendental, los enemigos del pueblo y de la patria no pudieron hacer más nada para destruir al comandante Chávez y el proceso revolucionario bolivariano; sino infiltrarse como caballos de Troya, en el gobierno y las instituciones del Estado; y desde allí, han realizado su trabajo contra revolucionario de saboteo, corrupción, destrucción, desmoralización, guerra mediática, psicológica, económica, social, cultural, geopolítica internacional, en el marco de los ataques y el asedio permanente del imperio yanki.

Esa derrota táctica y estratégica de las fuerzas contra revolucionarias equivale también a la victoria táctica y estratégica más trascendental y definitiva del proceso revolucionario bolivariano iniciado con la aprobación de la CRVB. A partir de allí y durante todo el periodo 2004-2012, el comandante Chávez logra poner en marcha y avanzar en el proceso de construcción del nuevo proyecto de vida y de país para el pueblo venezolano y la patria de Bolívar.

Se logra un acuerdo histórico de reactivación o recuperación de la OPEP, que estaba orgánicamente debilitada, para el nuevo acuerdo de estabilización del precio del barril de petróleo en una franja de 60 – 80 dólares el barril.

 

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Para Venezuela, ese acuerdo fue clave y determinante, pues, con ello, nuestro Presidente pudo poner en marcha todos los proyectos, planes y tareas para el desarrollo del nuevo estado de bienestar económico-social-cultural y político del pueblo y del país, en general, en cuanto a empleo, salario, ingreso familiar, salud, educación, vivienda, arte, recreación, deporte, seguridad, servicios en general, etc.

Todo ello en función de construir y hacer realidad, las primeras y nuevas formas de bienestar colectivo que constituyen el inicio del proceso de transformación radical del viejo modelo económico capitalista burgués, dependiente, rentista y atrofiado que nació con la dictadura de Gómez y se profundizo hasta estallar en rebelión y deslegitimar definitivamente la vieja democracia punto-fijista, bipartidista, formal, representativa adeco-copeyana, represiva y criminal.

El cuarto tiempo histórico y nuestra conclusión de este análisis, lo presentaremos en la próxima entrega o parte II de este artículo.

 

Christian Farías / Ciudad VLC