«Maestros extraños (III)» por Arnaldo Jiménez

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Los amigos: precisemos un poco más el valor que los amigos tienen en sus funciones de maestros. No podemos caer en la ingenuidad de que ellos solo aparezcan en las épocas apacibles del destino, en las líneas de las bondades que traza el porvenir; pero hay una pregunta que acorrala esta moralidad de los amigos, esta ética de sus apariciones: ¿puede un amigo motivar o extraer nuestras potencialidades perversas?, ¿Puede un amigo rociar tizas podridas sobre nuestras hojas vírgenes? Para ello digamos algunas palabras sobre la amistad; aunque no creo tener autoridad para hablar sobre este tema (jamás podría caer tampoco en el lago de la erudición o de la academia), sobre la amistad vuelvo a tomar mi vida como enseñanza. Me limitaré a extraer las enseñanzas de mis amigos y a generalizarlas pensando que hay asuntos comunes en los seres humanos; y la amistad es uno de esos asuntos.

En primer lugar, la amistad solo surge a través del tiempo, de mucho tiempo que soporta su vaivén, su inconstancia, el devaneo de la sinceridad, la pústula que tapona su decir, el amago de la verdad a la escucha, la huida de la confesión al fondo de la mudez, los anzuelos que el amigo lanza y lanza hasta sacar el pez plateado de la dicha o la tinta venenosa en el camuflaje del pulpo; sin embargo, no dudo de que alguna amistad pueda surgir en breves instantes, bautizada por las redes sociales o por el apremio de alguna enfermedad o el compartir tristezas y alegrías comunes; el tiempo dirá hasta dónde esa amistad puede soportar las apariciones de lo inesperado o el brote de nuestras miserias. Un amigo pues, como dice el Zorro del Principito, necesita ser domesticado, una doble domesticación que así inaugura un ciclo de enseñanzas que solo con la muerte tiene fin. Un tiempo de tú a tú –esto no existe en las escuelas, pero no se puede excluir si aparece y no se debe evitar su necesidad; es decir, es posible que podamos ser amigos de nuestros estudiantes, que el tiempo nos ponga desde el mismo útero del salón a establecer un diálogo de enseñanzas y confesiones en doble dirección–. Yo he tratado de hacerlo, a veces he creído haber llegado, en ocasiones ha surgido la chispa que inicia una amistad, pero confieso un error de mi parte, yo tengo una concepción de la amistad que no tiene por qué ser la misma en la otra persona; sin embargo, hay patrones comunes, índices aceptados colectivamente sobre lo que debe ser una amistad.

Sé que un salón de clase lleno de personas, todas con intereses y necesidades distintas, es un obstáculo para el nacimiento de la amistad: docente-estudiante, quizás por ello los griegos admitían la enseñanza tutorial, la enseñanza exclusiva, personalizada, tú a tú, el obstáculo; no obstante, no es insalvable, lo que ocurre es que nuestra disposición y nuestra actitud no está situada en el empeño de producir amigos si no educandos, graduandos.

 

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Un amigo está situado con entereza justo donde los que no lo son flaquean, dudan, se retiran. En una hermosa película española titulada “La lengua de las mariposas”, el maestro se empeña en no ser cualquier docente, utiliza métodos extraños de enseñanzas, se lleva a sus estudiantes al campo, al río, y allí les enseña el lenguaje de la naturaleza, les enseña el valor de realizar los actos en el momento indicado, no dejar pasar los instantes. Surge una amistad intensa entre él y uno de las estudiantes, un niño asmático, flaco; se visitan, conversan, salen juntos. El niño hace galas de conocimientos profundos, etc. La película es recreada en tiempos de la Segunda Guerra Mundial; en sus últimos meses, se produce un deslinde entre personas que aceptaban la nueva situación y nunca dieron muestra de estar de acuerdo con el comunismo y, los llamados rojos, la familia del niño y el maestro eran rojos, y eso fue un vínculo que ayudó a estrechar más la amistad entre ellos. Cuando surge la necesidad de desaparecer todo indicio de la simpatía política, los padres del niño desconocen la amistad con el maestro y obligan al pequeño a hacerlo también; el maestro, junto a otros hombres y mujeres es conducido por un pasillo, amarrado, directo a su muerte. La comunidad construye un pasillo de personas que empiezan a insultar y a ofender a los condenados. La vigilancia de los guardias caía de vez en vez en los rostros de la familia del niño. Extraordinaria es la actuación del padre cuando expresa la ruptura de su dignidad y yendo en contra de sus principios por salvar sus vidas, grita y ofende al maestro. La última imagen de la película es la del niño insultando al maestro, convirtiendo palabras claves de sus enseñanzas en ofensas y arrojándole una piedra cuando se lo llevaban en un camión del ejército. Un final sorprendente, triste, pero cónsono con el alma humana. Las dos expresiones nos pertenecen: la de la valentía en mantener los principios a costa de la muerte y la de dejarlas a un lado como sobrevivencia; la honestidad y la traición. Todo hubiese sido más impactante si ese niño hubiese traicionado después de muchos años de amistad; pero no hubo tiempo para ello, la película no cruza largos años, sino largos meses.

A veces un maestro común y corriente, que hizo un esfuerzo por agradarle a sus estudiantes y ser recordado, después que han pasado algunos años se tropieza con ellos en una calle cualquiera y siente la actitud del niño de la película, o acaso él también la tenga con ellos, generalmente los estudiantes se esconden, pasan a otra acera, se tapan el rostro con el cuaderno o simplemente le miran con un rictus destemplado y le pasan por un lado sin emitir saludo alguno. En pocas ocasiones un maestro recibe el halago de la amistad, en casi ninguna la reciben los estudiantes.

 

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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde el 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).

(Tomado de eldienteroto.org)

 

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