la máquina analítica-Charles Babbage

En 1821, el matemático e inventor inglés Charles Babbage presentó a la Real Sociedad de Astronomía de su país el proyecto para la construcción de una máquina capaz de calcular logaritmos.

matemático e inventor inglés Charles Babbage

Babbage había heredado recientemente una gran fortuna y anunció que la emplearía para fabricar un prototipo de su máquina de calcular. Esta, cuando estuvo construida, resolvía ecuaciones polinómicas, calculando diferencias sucesivas entre conjuntos de números.

A dicha máquina se le considera la primera calculadora de la historia. Su tamaño era considerable. Nada que ver con las calculadoras de mesa, las de bolsillo y las electrónicas que hoy podemos consultar en las computadoras, las tabletas y los móviles celulares.

Tras fabricar el primer prototipo y presentarlo ante una asamblea de la Real Sociedad de Astronomía de Inglaterra, Babbage decidió perfeccionar aún más su ya notable invento.

Para aumentar la eficiencia de su máquina de calcular, a Babbage se le ocurrió que esta no solo debía funcionar de manera confiable, sino que además debía imprimir los resultados sobre papel. Luego de obtener una subvención del gobierno inglés y contratar a algunos operarios, se entregó a la construcción del modelo definitivo. Sin embargo, una serie de problemas insolubles en la época atentó contra la consolidación de su proyecto.

 

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Entre estos problemas sobresalían el que los trabajadores no poseían la destreza necesaria para fabricar y armar la intrincada red de ejes, ruedecillas y engranajes que hacían funcionar la máquina. También que los materiales y los instrumentos de trabajo existentes no permitían alcanzar el nivel de perfección requerido.

la máquina analítica

Este fracaso, sin embargo, no amilanó a Babbage quien, como el héroe de una tragedia griega, en lugar de rendirse ideó un artefacto mucho más avanzado.

Su nuevo proyecto dio pie para que, hoy día, se le ubique junto a los mayores genios de la historia humana.

Babbage razonó que, si su máquina podía realizar un tipo de cálculo muy específico, como los logaritmos, seguramente podía efectuar cualquier otro tipo de cálculo. En este momento, se le ocurrió crear un aparato al que llamó Máquina analítica, que en realidad era un ordenador o computador programable.

Asombrosamente, pues corría el año 1833, Babbage concibió su Máquina analítica como un solo artefacto, con un único modelo de funcionamiento.

Para indicarle a dicha máquina que labor debía realizar, entre una enorme variedad de tareas posibles, se le ocurrió crear un código. Por si fuera poco, reflexionó además que resultaba absurdo que su máquina funcionase mediante fuerza muscular y pensó acoplarle un motor a vapor, para hacerla automática.

Luego, para insertar y programar las instrucciones, decidió emplear una cartulina rígida con perforaciones, como las que había inventado el francés Joseph Jacquard para automatizar los telares.

Lamentablemente y tras casi cuarenta años de toparse con obstáculos técnicos, económicos y burocráticos, Charles Babbage no pudo construir el prototipo final de su Máquina analítica. Murió en 1871, desilusionado y tenido por sus contemporáneos como un genio iluso y descabellado.

 

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Cinco años antes, en 1865, y guiándose por los apuntes de Babbage y de la gran admiradora de este, la condesa Ada Lovelace –quien, por cierto, era hija del poeta inglés Lord Byron–, un ingeniero sueco llamado George Scheutz, construyó por su cuenta una máquina analítica, a la que presentó en una exposición de ingeniería.

Como referencia anecdótica, cabe señalar que uno de los asistentes a esa exposición fue el propio Charles Babbage.

Según se cuenta, tan pronto tuvo ante sí el prototipo definitivo de su máquina analítica se acercó a Scheutz, no solo para felicitarlo sino también para agradecerle que había dado a su invento una existencia verdadera.

Un gesto de alguien que muestra que, aparte de ser un genio, era también un individuo de una gran humildad.

 

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la mansedumbre-Armando José Sequera-Carrusel de curiosidades-Guzmán Blanco

Armando José Sequera (Caracas, 1953) es un escritor y periodista venezolano. Autor de más de cien libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido cerca de 30 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012). Es asimismo Premio Nacional de Cultura, mención Literatura, 2026.

Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una sogaLa vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños TeresaMi mamá es más bonita que la tuyaEvitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.

«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».

 

Ciudad Valencia/RN/Foto del autor Gerardo Rosales