La verdadera piel de las cosas… Es interesante poder dilucidar acerca de la manera en lo que seres humanos vivimos entre contradicciones. Cuando describimos quiénes somos, sin grandes escenarios ni ante profesionales de la salud mental, solo a nosotros mismos, hay un conjunto de variaciones, que terminan no siendo para nada común. Eso de ser único, de tener un rasgo identitario es como dejar madurar una idea, un constructo y pasearte nuevamente por ella una vez planteada en tu mente. La segunda vez que aparezca, esa cantidad de invariabilidades ya no serán un conflicto porque sabrás qué hacer con esas ideas, ese alcance de saberse atendiendo alguna situación en particular que te permita desarrollarte en lo que más te apasiona, puede resultar toda una contradicción. Estamos frente a la búsqueda de nuestra propia esencia. Las contradicciones suelen jugar un papel importante en quiénes nosotros somos.
Por eso puedo escribir, que llega un momento, un punto en la vida del ciudadano común, ese que se sienta cada viernes a leerme con su taza de café, o reposando después de un día agitado, que todas las circunstancias que transitamos tienen una esencia que llamaremos piel. A veces esa piel nos queda colgando, envejecida, cruel, fría. A veces esa piel está rozagante, lozana, especial, como trasero de bebé hubiera dicho mi abuelita. Pues bien, en este espacio que he compartido para detenernos a observar lo que no ve el resto, he buscado una manera de reconocer la verdadera piel de las cosas, así, pura, libre de suciedades o condicionamientos o coacciones.
Hay un poema propio que quiero compartir con ustedes en relación a este tema, que he titulado “somos de las palabras”, yo sé, yo sé. Sé que es atípico y hasta pomposo que incluya un poema propio en un análisis literario, espero que Luis Salvador me disculpe ésta y las que vengan, pero supongo que son los riesgos que se corren al dejarle a una poeta que en su columna “Después de Todo” hable sobre poesía.
Somos de las palabras
Deja que el lenguaje sea libre de palabras
déjalo recrear las partes a las que dejaste de pertenecer
al azar no asisten las verdades
ellas visitan espacios
bares
conversaciones de media tarde
encendemos micrófonos
sin saber exactamente qué decir
encendemos la mecha
sin pensar
en el tamaño de la llamarada
el mes se acerca al vuelo constante
ahí donde se tacha la línea
porque somos de las palabras
la más diminuta de las tildes
órganos inamovibles emergiendo del centro
desplegándonos
replegándonos
se pueden dejar al azar las acciones
los espasmos
el golpe de la no disidencia
en el mundo que escondemos por pudor
a los otros.
No voy a hacer un juicio de valor sobre mi propia obra, lo que deseo es que lean entre líneas todo aquello que se cuela en la visión constante de escribirse durante el día, la noche, la vida. Los habitantes de estos espacios compartidos debemos admitir que también tenemos miedos, también hay cosas que nos intrigan y cosas que deseamos con un fuego casi sagrado, pero el pudor no nos permite avanzar, pero las palabras se quedan cortas para tratar de explicarnos. Considero que más allá de dar una explicación lo que debemos es estar libre de prejuicios y ataduras, no se puede dañar lo que jamás ha sido tocado o alterado.
Fernando Pessoa, en su antología titulada “plural como el universo” escribió:
10.12.1928
Navidad… en provincia nieva
en los hogares protegidos
un sentimiento conserva
los sentimientos pasados.
Corazón opuesto al mundo,
¡como es verdad la familia!
mi pensamiento es profundo
Estoy solo y sueño saudade.
¡y como es blanco de gracia
el paisaje que no se,
visto por detrás de las ventanas
del hogar que nunca tendré!
El término “saudade” es término portugués que habla sobre la tristeza de extrañar algo. Una mezcla entre nostalgia y melancolía. Evidentemente Pessoa se refería a una casa de cuatro paredes, pero es la misma sensación que se siente dentro de la piel cuando estamos extrañando situaciones que pudieron haber sido y no fueron, aquí el amor, la renuncia, la melancolía y la reflexión proveniente de los años, son los que le dan las fundaciones o las bases a esa casa. Aquí también está la contradicción de saber cómo es posible extrañar lo que nunca se ha tenido. En todo caso, estas épocas del año te permiten llegar a muchas conclusiones o reflexiones. Hacer notar al resto la invariabilidad de quien tú eres pero en medio de cambios inherentes a los tiempos cronológicos del ser.
LEE TAMBIÉN: “Canciones de Navidad”
Escuchas personas contemporáneas decir, antes nos reuníamos en fiestas, ahora en cumpleaños infantiles y uno se imagina que los contemporáneos van transitando la adultez obligados, como cuando la mamá lleva arrastrando al muchachito por la calle para que apure el paso. Por eso, estas breves palabras son para invitarlos a ver que podemos aprender a vivir con nuestras contradicciones, nuestro pasado, aceptando con cariño y agradecimiento lo que nos está tocando vivir y entendiendo que este cierre de año no es la oportunidad de resetear todo cuanto hemos sido y hecho, sino gozarnos nuestros días buenos y malos con la misma fuerza, entendiendo que es hermoso conocer y amar… la verdadera piel de las cosas.
***
Mirih Berbin (berbinm@gmail.com) es poeta, traductora, editora, promotora cultural y docente. Magíster en Lectura y Escritura en la Universidad de Carabobo (UC). Es profesora asistente de la UC y de la UAM. Es editora adjunta de la página literaria El Diente Roto. Fue especialista de poesía en el Museo de Arte Valencia con más de cien lecturas de poesía dentro y fuera del país. Ha escrito varios artículos arbitrados sobre la enseñanza del idioma y los aportes filosóficos para la educación.
Su poesía se ha publicado en numerosas revistas, páginas y antologías. Fue columnista de la página cultural semanal del Diario La Costa entre el 2009 y 2011. Ha publicado: Mareas (2009) y Hacerme Templo (2016), e Hilos Nacientes se encuentra en imprenta. Su poesía ha sido traducida al árabe, francés, italiano, catalán e inglés.
Ciudad Valencia










