La primera rebelión de esclavos que ocurrió en el territorio de lo que hoy es Venezuela se produjo entre diciembre de 1552 y enero de 1553. Fue encabezada por un esclavo africano proveniente de Puerto Rico, llamado Miguel.
El dueño de Miguel se llamaba Pedro del Barrio y era hijo de Damián del Barrio, un conquistador a las órdenes de Juan de Villegas, que había descubierto una veta de oro en los márgenes del río Buría. Este Juan de Villegas fue el mismo que, posteriormente, fundó Barquisimeto.
Luego de su hallazgo, Damián del Barrio se trasladó a El Tocuyo, a dar cuenta del mismo a Villegas. Este, al enterarse de la presencia de oro a poco más de diez días de camino, se lanzó a la aventura pese a que, en la región, llovía como si en el cielo hubieran abierto cientos de chorros de agua.
Miguel formó parte de un lote de 80 esclavos africanos que fueron comprados para la explotación de las minas que se abrieron. A dichas minas –que quedaban en el actual estado Yaracuy–, se les dio el aparatoso nombre de Real de Minas de San Felipe de Buría.
Meses después de su arribo, Miguel escapó de un duro castigo al que iba a ser sometido. Tras vivir varias semanas a la intemperie, organizó una revuelta que lo llevó a tomar las minas. En esta acción mató a varios españoles y liberó a algunos esclavos.
Después de este éxito, fundó un pueblo en las montañas, a orillas del río San Pedro, al que llamó Cordubare. Los historiadores, por cierto, no se ponen de acuerdo en la grafía de este nombre, pues hay quienes lo escriben Corduvare. También menosprecian el episodio. Si este hubiera ocurrido en Europa, Cordubare habría sido considerada una ciudad o un pequeño reino utópico.

Las consignas de Miguel eran reivindicativas, según señala el abogado y doctor en Ciencias Políticas Rafael Gallegos Ortiz: “¡La tierra se hizo pa´toos!” “¡Y el cielo es también de toos!”.
Como sabía que estaba actuando al margen de la ley vigente y, sin duda, sería atacado por las autoridades, Miguel hizo cercar a Cordubare con empalizadas, fosos y trincheras. Cuando se sintió seguro e imitando la única forma de gobierno que conocía, se autoproclamó rey y coronó como reina a su mujer, una esclava llamada Guiomar. Además, hizo jurar como príncipe heredero al hijo de ambos.
Entre los 180 esclavos e indios que lo acompañaban, Miguel designó varios ministros, oficiales y empleados y nombró obispo a un hechicero, a quien le hizo construir una iglesia para que oficiara misa todos los días.
El reino de Cordubare fue de escasa duración.
Los españoles de El Tocuyo enviaron a un grupo de cinco aventureros –que hoy día serían considerados sicarios–, para acabar con Miguel y su levantamiento. Dicho grupo estaba curiosamente compuesto por cinco individuos que detentaban el mismo nombre: Diego. Los cinco Diegos eran Diego García de Paredes, Diego de Lozada, Diego Hernández de Zerpa, Diego Ortega y Diego Escorcha.
Diego de Lozada, un connotado asesino de africanos e indios, como se sabe fue el fundador definitivo de Caracas. Hernández de Zerpa fue nombrado más adelante capitán general y conquistador de las provincias de la Nueva Andalucía y Paria, esto es, la región que luego sería la provincia de Cumaná.
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Los Diegos convencieron a uno de los esclavos africanos que andaban con Miguel para que lo atrajera a una trampa y darle muerte.
Junto al malogrado rey, ajusticiaron a 25 de los sublevados, considerados los más rebeldes.
Sin embargo, para los esclavos que se alzaron junto a Miguel y para aquellos que supieron de su gesta libertaria, este siguió con vida en las montañas de Buría, a la espera de un mejor tiempo y condiciones para un alzamiento triunfal definitivo. Algo similar a lo ocurrido con François Mackandal, el líder de la revolución esclavista de Haití, en la novela El reino de este mundo, del escritor cubano Alejo Carpentier.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia / Foto del autor Gerardo Rosales












