Barinitas - Municipio Bolívar

Desde la mirada de la educación en patrimonio cultural que transmite, documenta, promociona y enriquece, hablaré del municipio Bolívar, estado Barinas y sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Toda vez, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).

 

Entre los Andes y el llano: Crónica de la memoria

El municipio Bolívar del estado Barinas, con la calidez de su gente, la majestuosidad donde se abrazan los Andes y los llanos, la belleza de Barinitas y la riqueza de sus ríos y montañas, ofrece un lienzo perfecto para trazar una crónica memorable. Podemos lograr esa síntesis entre la investigación precisa del periodismo y la sensibilidad lírica de la literatura.

Adentrarse en este territorio es descubrir un espacio sagrado donde la neblina andina desciende suavemente a besar la vibrante calidez de las planicies de Barinas. Aquí el tiempo no transcurre con el afán destructivo de las metrópolis, sino con el ritmo sereno de las aguas del río Santo Domingo y el murmullo de los cafetales que pueblan las laderas. Cada cumbre, cada caserío y cada rostro guarda la huella indeleble de historias centenarias que merecen ser contadas con pulso poético y rigor documental. Al recorrer sus senderos, la memoria colectiva emerge como un mapa vivo de resistencia, fe y arraigo transformador.

 

DE LA MISMA AUTORA: MUNICIPIO ANTONIO JOSÉ DE SUCRE: ESTADO BARINAS

 

Altamira de Cáceres y el origen del tiempo llanero

Caminar por el centro histórico de Altamira de Cáceres es desandar las huellas primeras de nuestra geografía regional. Fundada en 1577 como la cuna primogénita de Barinas, esta joya urbana reposa pacífica sobre una meseta a 800 metros de altura en el pintoresco valle del río Santo Domingo. Su trama de calles estrechas y manzanas rectangulares conserva la arquitectura tradicional de mampostería, ladrillo y bahareque que evoca un pasado señorial de gran trascendencia histórica.

En sus esquinas aún laten las memorias de aquellos míticos «negocios mixtos», esplendorosos centros comerciales de antaño donde el habitante hallaba desde víveres e insumos agrícolas hasta medicamentos y licores. Bordeando su apacible Plaza Bolívar y la histórica iglesia de la Inmaculada Concepción, el visitante comprende que este enclave no solo resistió el paso de los siglos, sino que sirvió de plataforma estratégica para la ocupación y el desarrollo económico de todo el piedemonte barinés.

 

Barinitas

 

Barinitas: Mosaico de fe y vida comunitaria

Nacida originariamente en la apacible Mesa de Moromoy en 1628, la población de Barinitas adquirió su fisonomía y nombre actual al trasladarse a las fértiles riberas del río Santo Domingo. Dotada de un privilegiado clima de montaña y tierras prósperas para el cultivo del café, cacao y musáceas, esta localidad se desplegó urbanamente en un trazado reticular de calles y carreras que invita a la contemplación.

En su corazón espiritual se erige majestuosa la Iglesia San Pedro, una obra maestra de la arquitectura clásica del siglo XVIII declarada Monumento Histórico Nacional. Sus tres naves basilicales, divididas por esbeltas columnas cilíndricas que sostienen techos de pares y nudillos con teja criolla, resguardan siglos de devoción popular. Frente a ella, el bulevar de la Plaza Bolívar combina baldosas de arcilla y granito rústico para ofrecer un espacio vivo de encuentro ciudadano, donde la calidez humana de su gente convierte la cotidianidad en una fiesta permanente de tradiciones.

 

Barinitas

 

El soplo verde de Moromoy

En los contornos urbanos de Barinitas sobresale el histórico Parque Moromoy, auténtico pulmón vegetal y símbolo entrañable de la identidad local. Concebido originalmente en la década de 1950 como un zoológico dotado de caballerizas y residencias oficiales, el recinto fue inaugurado formalmente en marzo de 1953 con el apadrinamiento de la célebre conservadora Kathy Phelps. Con el correr de los decenios, este predio se transformó en un parque natural abierto al disfrute ciudadano, equipado con hermosas caminerías bajo la copa de árboles centenarios, conchas acústicas para la expresión artística y parques infantiles.

Muy cerca, la arquitectura moderna del Teatro Las Américas y la memoria nostálgica del antiguo Cine Bolívar recuerdan la dorada época del espectáculo popular y la proyección cinematográfica en la región. Estos espacios públicos representan la síntesis perfecta entre el respeto a la riqueza paisajística del piedemonte y la incansable búsqueda comunitaria por consolidar espacios dignos para la cultura y la convivencia pacífica.

 

Calderas: La magia oculta de la montaña y sus caminos

Al internarnos en la zona alta del municipio, la encantadora población de Calderas se presenta como un poblado suspendido en el tiempo que bien merece ser protegido como patrimonio cultural. Sus empinadas calles de trazado ascendente hospedan viviendas de mampostería y bahareque con llamativos techos de zinc a dos aguas y amplios patios interiores donde huele a tierra húmeda y café recién tostado.

La historia de este pueblo se encuentra entrelazada de forma indisoluble con la famosa «Pica de Calderas», una milenaria ruta trazada por los aborígenes y revalorizada en 1874 por el geógrafo italiano Agustín Codazzi para comunicar a Mérida con las provincias llaneras. A través de este célebre camino de montaña, que conecta con la imponente altiplanicie del Páramo de Guirigay a más de 4.000 metros de altura, se adentraron los fundadores de remotos caseríos y se abrieron las vías para el comercio agrícola tradicional entre los Andes y los Llanos venezolanos.

 

La gesta inmortal de Niquitao y la huella del Libertador

Las montañas del municipio Bolívar conservan con orgullo patriótico los pasos memorables de la Campaña Admirable realizada por el Ejército Libertador en 1813. En las inmediaciones del caserío Agua Blanca, Simón Bolívar y sus tropas abrieron camino a través de senderos ancestrales para preparar el brillante movimiento táctico que culminaría en la célebre Batalla de Niquitao.

En este escenario heroico, las fuerzas republicanas comandadas por el general José Félix Ribas asestaron un golpe decisivo a las filas realistas, abriendo de par en par las puertas para la definitiva liberación de Barinas. Muestra del profundo arraigo de esta gesta en el imaginario colectivo es la paradisíaca Laguna del Encanto, espacio donde la tradición oral asegura que acamparon las tropas patriotas para refrescarse y descansar antes del combate. Cuentan los antiguos pobladores que una densa neblina mágica cubrió el campamento durante la noche, dejando hasta el presente el eco lejano de clarines y voces entre sus cristalinas aguas.

 

El Willys verde militar: Memoria ambulante

Pocos objetos representan de manera tan viva la épica del progreso en los pueblos andinos como el legendario Jeep Willys verde militar adquirido en la ciudad de Valencia por don Alejandro Terán en 1953. Valorada en aquel entonces en 7.500 bolívares, esta máquina extraordinaria fue traída desde la capital carabobeña por el hábil chofer y mecánico Jesús Manuel Rivas con la meta de conquistar las escarpadas brechas de la montaña.

La travesía, iniciada el 21 de diciembre de ese año, tomó tres arduas jornadas en las que un ejército de 50 hombres equipados con picos y palas abrió paso a través de la densa vegetación para habilitar el camino desde Barinitas hasta Calderas. Hoy en día, preservado en impecable estado por la familia Terán en el caserío La Cuchilla, este automóvil ha sido proclamado como bien cultural e hito histórico de la mecanización rural, contando incluso con una plaza levantada en honor a su propietario como un verdadero monumento ambulante de la perseverancia local.

 

Cavernas profundas y colinas habitadas por duendes

La geología del municipio Bolívar es un territorio fascinante donde la realidad se entrelaza de manera natural con el mito y la leyenda popular. En las estribaciones del cerro San José sobresalen las majestuosas Cuevas de Calderas, entre las que destacan la Cueva del Diablo, la Cueva del Indio y Los Murciélagos, recintos naturales de piedra que sirvieron de refugio a los guerrilleros independentistas y que hoy albergan variadas especies de fauna silvestre.

De igual manera, la imponencia del Cerro Gobernador domina el horizonte barinés como la cumbre más elevada del estado, provocando un respeto reverencial entre los campesinos de la zona. Se dice en las aldeas que esta imponente masa rocosa es la encargada de gobernar el clima de los llanos circundantes, y la tradición popular afirma con devoción que sus boscosas laderas se encuentran custodiadas por duendes protectores que cuidan con celo los manantiales de agua y los secretos de las cumbres.

 

Aguas que refrescan y sanan el espíritu

El agua es la sangre vital que recorre la geografía del municipio Bolívar a través de un sinfín de ríos de cordillera, cascadas estruendosas y manantiales termales de extraordinario valor turístico y ambiental. El río Azul o Calderas cautiva a los visitantes con sus corrientes heladas de una transparencia deslumbrante, mientras que el Balneario La Barinesa y los pozos de Altamira, como El Cajón y El Azul ofrecen remansos perfectos para el esparcimiento familiar.

Caso de especial admiración son las aguas termales del cerro El Bejuco, yacimientos sulfurosos de altísima temperatura que emergen de las entrañas de la tierra y a los que la sabiduría popular atribuye extraordinarias propiedades medicinales. En el Balneario Piedra del Patio, antiguo surtidor de agua de la comunidad reconvertido en espacio recreativo con un empedrado histórico de más de cien metros de longitud, el murmullo continuo de las aguas recuerda el vínculo ancestral e indisoluble que une a los pobladores con sus recursos hídricos.

 

La arquitectura del bahareque

La fisonomía urbana del municipio Bolívar destaca por la presencia de casonas tradicionales de un valor arquitectónico incalculable, moldeadas mediante la sabia utilización del bahareque, la mampostería de barro y la madera labrada. Ejemplo icónico de este patrimonio es la histórica Casa natal de don Gilberto Ávila en Calderas, una edificación de dos plantas dispuesta alrededor de un amplio patio central diseñado originalmente para el secado de los granos de café.

Asimismo, la pintoresca Casa de los Balcones y la recordada Casa La Vencedora testimonian el esplendor comercial de épocas pasadas, cuando sus corredores laterales y amplios ventanales servían como centro de tertulias políticas, sociales y crediticias para los productores del campo. De igual forma, la modesta estructura de la Primera Escuela de Calderas, edificada en lo alto de una colina con paredes de caña amarga y piso de tierra, permanece como un testimonio conmovedor del esfuerzo comunitario por sembrar la educación en medio de la serranía.

 

Trapiches y alambiques: La dulce alquimia del campo

En las lomas y valles de Barinitas, Calderas y Altamira, la caña de azúcar ha sido históricamente el combustible económico y cultural de la vida campesina. A lo largo del territorio municipal aún sobreviven trapiches artesanales y metálicos donde la molienda de la caña sigue marcando la rutina de las familias rurales.

De esta labor tradicional se obtienen las compactas panelas de papelón que endulzan los hogares, así como el célebre miche o aguardiente de alambique elaborado mediante métodos ancestrales de destilación. La preparación del miche requiere una paciencia casi mística: se compone una “madre” concentrada con harina, levadura y papelón en grandes envases de madera hasta que el burbujeo de la fermentación avisa que la bebida está a punto. Este proceso artesanal, transmitido de generación en generación, representa una de las manifestaciones más auténticas del saber popular y de la autonomía gastronómica de los pueblos andino-llaneros.

 

La cultura del café y el aroma que une al pueblo

El cultivo del café constituye el verdadero corazón económico y social del municipio Bolívar, un rubro sagrado que ha moldeado las costumbres y el carácter de sus habitantes a lo largo de los siglos. La siembra requiere suelos arcillosos y frondosos de montaña, ricos en materia orgánica, donde las plantas crecen bajo la sombra protectora de grandes árboles forestales.

Entre los meses de septiembre y octubre, la recolección moviliza a familias enteras en una faena colectiva de profundo sentido comunitario que concluye con el secado de los granos rojos al sol en los patios de las casonas. Una vez despulpado, pilado, tostado y molido en los fogones de leña, el café se transforma en la bebida hospitalaria por excelencia que abre todas las puertas del municipio. No hay visita ni tertulia en Barinitas o Calderas que no se celebre con una taza humeante de este café aromático, símbolo inconfundible de identidad, trabajo duro y fraternidad campesina.

 

La indumentaria del llanero y la nobleza del queso ahumado

El hombre de estas tierras lleva en su vestimenta y en su mesa las marcas indelebles de una cultura mestiza labrada entre el calor de la sabana y el frío de la sierra. El sombrero constituye una prenda imprescindible en la indumentaria diaria del llanero, utilizado no como mero adorno sino como protección vital contra el implacable sol tropical. Elaborados tradicionalmente con cogollo de caña brava, juncos o fieltro, cada hombre conserva celosamente dos sombreros: uno rústico para las duras faenas del campo y otro de gala para acudir al pueblo durante los días de fiesta.

Por su parte, la gastronomía local exhibe como joya culinaria el exquisito queso ahumado, elaborado tras cuajar la leche en moldes de madera llamados cinchos y colocarlo pacientemente sobre las parrillas del fogón. Ahumado lentamente con ramas de helecho seco para impregnarle su aroma característico, este producto sintetiza la sabiduría ancestral para conservar los alimentos y deleitar el paladar de Venezuela.

Al concluir este recorrido por los senderos del municipio Bolívar, queda en el alma la certeza de haber transitado un territorio bendecido por la historia, la naturaleza y la calidez de su gente. Desde la prestancia histórica de Altamira de Cáceres hasta los parajes brumosos de Calderas y la vitalidad de Barinitas, cada rincón de esta tierra barinesa constituye un tesoro patrimonial que debe ser preservado y difundido con orgullo.

Sus ríos cristalinos, sus montañas cargadas de leyendas, sus edificaciones coloniales y la fuerza de sus tradiciones agrícolas conforman un legado vivo que mira hacia el futuro con esperanza y dignidad. Que estas páginas sirvan como una invitación abierta para que el lector descubra, respete y ame la geografía mágica del municipio Bolívar, un rincón de Venezuela donde la cordillera se rinde a los pies del llano y la memoria colectiva se transforma en poesía eterna. ¡Visitemos, preservemos y salvaguardemos, estos elementos y sitios Declarados Bien de Interés Cultural!

 

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Danfny Velásquez-columna Patrimonio Cultural de Venezuela

Danfny Esther Velásquez Sosa (1960, Santa Ana, Nueva Esparta) danfnyescritora@gmail.com: Escritora, locutora, maestra pueblo en la Radiodifusión Sonora, productora nacional independiente, cronista comunal, abogada y científica social (doctora en Ciencias de La Educación y en Patrimonio Cultural). Actualmente es la directora interinstitucional de Radio América: R. A. «La Onda de la Alegría» 90.9 FM, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación (G. O. N° 42.670, del 13-07-2023).

Su trayectoria incluye un TSU en Producción de Medios de Comunicación Social (Alternativa, Popular y Comunitaria), una licenciatura en Pedagogía Alternativa, sub-área Registro del Patrimonio Cultural, y un posdoctorado en Corrientes Filosóficas para la Investigación.

 

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Ciudad Valencia / RM