Los Diablos de Ida Gramcko
Algunas veces, el lenguaje poético se pierde entre lo decorativo, los “likes” o lo viral. Este no es el caso del poema “Diablos”, de Ida Gramcko: se alza como una chispa brillante en nuestra conciencia —desgarrador, intenso y revelador.

En su obra Poemas de una psicótica (1964), poemario que tuve la fortuna de encontrar en la web en octubre de 2023, viví mi primer acercamiento a esta escritora paisana, nacida en Puerto Cabello, quien ocupa el altar de Mis Diosas Amadas de la literatura venezolana. Es una de las voces más importantes de la literatura en nuestro país y en Latinoamérica.
Gramcko, con este libro, va más allá del sufrimiento mental, transformándolo en una experiencia mística y en materia poética. Ofrece una lectura apasionante y clara sobre la alquimia verbal que ella practica: una voz que sobrevive al abismo y lo convierte en arte. Los invito a adentrarse en ese universo oscuro y cautivador, donde los demonios no son enemigos, sino presencias que demandan pan y palabra.
Les compartiré la imagen de Los siete diablos de Ida Gramcko, realizada por la artista plástico Vanileiby Rivas para la 19.ª Filven, capítulo Carabobo, llevada a cabo en Puerto Cabello, inspirados en este poema.
Ida crea una serie de figuras demoníacas que exploran desde el erotismo agresivo hasta la invasión mental, cada una con su propio color, significado y forma de interactuar con el cuerpo femenino. Su poesía es directa, simbólica y honesta. Cada uno tiene un color, un vegetal, un metal, un animal, y un comportamiento distinto.
Gramcko escribe este poema posterior a su crisis psicótica. Está escrito en prosa; es caudaloso, horizontal. Parece estar observando de forma cruda y nombrando aquello que a veces se quiere ignorar.
En primer lugar, nos encontramos con el Diablo gris: representación del miedo.
Se presenta “espatarrado”, confeccionado con humo, con pelos de niebla, cuernos opacos y ojos de color púrpura. Su presencia no se comunica: envuelve, domina y cambia. La narradora siente que ya es suya, y lo que inicialmente genera miedo se transforma en algo más brutal que el silencio: una combinación de miedo y fatalismo. El diablo no proviene de fuera; es lo que portamos en nuestro interior, lo que nos escapa y lo que nos daña. Es un ser que no se puede describir: habita. Con este diablo, el terror, como el amor, se anuncia como vértigo. Solo que el amor asusta como el acantilado o el océano.
Entonces has de recibirlo, y acaso darle de tu pan, porque ya se ha adueñado de ti misma, y tú sientes por él algo más crudo que el silencio: el miedo.
Sigue el Diablo verde: el deseo sin vínculo.
Se asocia con la corrupción. Es un erotismo grotesco donde el cuerpo es invadido por algo que infecta; simboliza el deseo sin afecto, convertido en parasitismo. Representa el desprendimiento ante lo amado.
Pues la verdadera alegría es para los que dicen: «Yo dejo esto, lo abandono, pues será más hermoso sin mí».
Llega el Diablo rojo: no ama, posee.
Representa el exceso destructivo, no el amor. Es posesivo y humillante, como un fuego que anula a la persona. Ante el engaño y la desesperación que simboliza este diablo, Ida resalta una certeza:
Los sollozos se pierden como el odio. Una cosa he sabido desde hace mucho tiempo: que no hay un paliativo en el sollozo, que nadie florece tras las lágrimas.
Nos muestra el Diablo azul: la belleza sin afecto.
Es Luzbel, representa el orgullo estético. Su brillo deslumbra, pero cansa, mostrando una belleza superficial. Ante un diablo que no acepta el amor:
Queda siempre el amor, como un milagro, aunque lo amado ya no esté…
Cuando se ama, ya no se reconocen los rebeldes.
Se presenta el Diablo negro: continuo desasosiego
Es un diablo pasivo que se adhiere, representa la angustia constante. Es una sombra persistente. En el momento más oscuro, de angustia y tristeza, Gramcko recuerda la luz:
…aparecieron las estrellas. Entonces, yo recordé la luz.
Sigue el Diablo amarillo: una claridad que enferma.
Se transforma de ofrenda solar en algo repugnante, un diablo que abruma y enferma, convirtiendo la luz en ruido. Ante el odio, Ida escribe:
Cuando el fuego amoroso se propaga, el crocante espesor de los ojos fulge y desaparece. Mas no importa estar ciego cuando se ama. Sólo importaría perder la voz, porque el amante debe encontrar la oscuridad.
Cierra con el Diablo marrón: el deseo disfrazado.
Ve sexo en todo, representando una invasión sutil que se normaliza; un vínculo tóxico que deja de doler. Ante la indiferencia y el engaño, Ida nos advierte que el amor va más allá de los límites físicos:
Sólo pensé en la piel. Me crecía. Era una vestimenta que yo no conocía, pues para amar de veras, la piel es como el muro que nos turba, impidiendo que lo más verdadero, lo más reservado, lo más hondo y secreto del amor se extienda como aroma o como hálito.
El amor es más olor que pétalos.
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Lo más profundo no siempre se toca.
Gramcko busca la comprensión, no la exageración. Sus diablos son experiencias emocionales filtradas por el cuerpo, y cada color es un estado. La voz poética observa, duda y resiste.
El cuerpo femenino es un espacio para reflexionar sobre el dolor, el erotismo, el poder y la nostalgia. Diablos invita a la comprensión y resuena en lo interno; deja una huella duradera.
De estos siete diablos de mi diosa amada, ¿cuál habita en ti?
***

Marhisela Ron León (Puerto Cabello-Carabobo-Venezuela): Poeta, licenciada en Enfermería por la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada. Ha realizado Talleres de poesía a través del Instituto Municipal de Cultura de Puerto Cabello; también de escritura creativa con Nanda Nieves y de narrativa en Corrección Perpetuum, Escuela de Escritores de Caracas. Íntimo (2010) Bonus (2022).
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