#Opinión: «El fraude Bolsonaro ya atisba su fin» por Fernando Guevara

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En un momento determinado, una ola de derecha arropó a los países suramericanos. Luego de una década de liderazgo histórico en este subcontinente por hombres identificados como de izquierda y progresistas, encabezados de forma indiscutible por Hugo Chávez, entre los que destacaban Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Fernando Lugo en Paraguay, Rafael Correa en Ecuador, José Mujica en Uruguay, y Lula Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, resurgió por diversas razones la derecha, y muchos rememoraron momentos terribles bajo la égida derechista-militarista en Suramérica.

Hay que ser claros al afirmar que a tres de estos gobiernos les aplicaron golpes de estado: a Evo en Bolivia, a Lugo en Paraguay y a Dilma Rousseff en Brasil; además a Correa también se le alzaron, y en Venezuela ni se diga, tanto Chávez como Maduro han enfrentado asonadas, levantamientos y un sinnúmero de ataques, hasta una invasión de fantasía con resultados trágicos para los aventureros.

En Brasil construyeron procesos parlamentarios y judiciales. El primero le costó la presidencia a Dilma Rousseff, y el segundo obstaculizó las aspiraciones del expresidente Lula Da Silva. Con respecto a Lula se acaba de demostrar que fue una artimaña político-judicial que allanó el camino para que Jair Bolsonaro, un oscuro sujeto con pasado militar, retrógrada, ganara las elecciones y asumiera la Presidencia el 1° de enero de 2019.

Jair Bolsonaro se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para los brasileños y para el mundo. Desde el inicio de su gobierno se han generado polémicas, destituciones, declaraciones irracionales, conflictos internacionales y, por último, la desastrosa gestión de la pandemia de Covid-19 que ha convertido a Brasil en el segundo país con mayor cantidad de víctimas en el mundo, solo superado por Estados Unidos, con un manejo similar en esta situación.

Los impases de Bolsonaro son frecuentes. Durante los incendios de la Amazonía, que afectaron inmensas zonas de este pulmón vegetal, las acciones del presidente brasileño fueron nulas, cuando no controvertidas.

Su accionar como líder de Brasil, el cual tenía que enfrentar la dramática situación de los incendios, fue lento, ineficaz y, a decir de algunos, cómplice de tal situación que contribuye a la desertificación de la Amazonía y amplía los terrenos aptos para la ganadería, que es uno de los sectores capitalistas beneficiados por Bolsonaro.

La situación lo llevó a una discusión con el presidente de Francia, quien señaló que la nación gala “no respaldaría el acuerdo al que llegaron la Unión Europea y el Mercosur, basado en que Brasil no está cumpliendo con sus compromisos ambientales”. El acuerdo incluía un aporte de 20 millones de dólares ofrecidos por la UE para enfrentar la situación en la Amazonía.

Bolsonaro señalaba sin pruebas que Macrón habría dicho que la soberanía de la Amazonía era abierta. La situación pasó a mayores cuando Bolsonaro en twitter hizo un comentario de mal gusto sobre Brigitte Macrón, la esposa del presidente francés, que personalizó los ataques y ratificó la actitud chauvinista y misógina del presidente brasileño.

Los conflictos internos del propio gobierno de Bolsonaro también forman parte de la cotidianidad de la política brasileña. La primera fue con su ministro de Educación, el colombiano Ricardo Vélez Rodríguez, quien duró menos de 100 días al frente la cartera educativa en Brasil, pero le dio tiempo para alabar la dictadura militar de ese país, menospreciar la educación étnica y citar como ejemplo a Pablo Escobar.

Luego vino la caída de Sergio Moro, el polémico juez que se ensañó contra Lula impidiendo su candidatura presidencial al condenarlo de corrupción sin pruebas. Moro fue designado por Bolsonaro al frente de la cartera de justicia, al decir de muchos como premio por quitar del camino al popular expresidente. No obstante Moro también salió del gabinete brasileño acusando al derechista presidente brasileño de interferencia política en la policía.

A esto se debe agregar las continuas renuncias de ministros de su gabinete, algunos por desacuerdos con la gestión, como los de Defensa y Sanidad, y otros por sacar a relucir la verdadera esencia de este gobierno fascista, como el titular de Cultura, quien emulara al ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels en un video y usó elementos hitlerianos en el mismo.

La llegada de la pandemia de Covid-19 se ha ensañado con Brasil. La gestión del presidente Bolsonaro en este aspecto es de ribetes dantescos por su ineficacia, ignorancia y desprecio por la vida, privilegiando el accionar que protege los intereses económicos, en contra de la necesidad de la cuarentena y de los limitantes necesarios para frenar los contagios. La debacle brasilera se ha venido acentuando en los últimos meses con casi el cien por ciento de las unidades para cuidados intensivos copadas.

El desastre llamado Bolsonaro abandonó a su suerte la ciudad de Manaos, que se quedó sin oxígeno para las emergencias clínicas derivadas de la pandemia; al punto que Venezuela, país sometido a ataques económicos y un bloqueo financiero, que ni siquiera ha podido negociar soberanamente la compra de vacunas contra la Covid-19, donó millones de litros de oxígeno a Brasil para solventar la situación.

Lo que no solamente no fue agradecido por el insolente Jair Bolsonaro, sino que éste se intentó burlar de nuestro país con un comentario que parece más bien fruto de un pendenciero frustrado que de un Presidente de la República.

 

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Finalmente, hace pocos días, el Tribunal Constitucional Brasileño determinó la ilegalidad del proceso contra Lula da Silva, anulando su sentencia, con lo cual queda habilitado legalmente el expresidente socialista para optar a la presidencia de la República Federativa del Brasil.

Con una base votante fiel, respaldada por el Partido de los Trabajadores más la baza de una gestión positiva durante sus períodos presidenciales, que redundaron además en la elección de su camarada Dilma Rousseff, a Lula da Silva le tocará reconstruir un Brasil prácticamente arrasado por un presidente derechista cuya base es el conservadurismo religioso evangélico, que en los últimos años se afianzó en el gigante suramericano.

 

Fernando Guevara / Ciudad VLC