#Opinión: «Huracán Maduro» por Earle Herrera

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Azota toda Suramérica. Si creyéramos en superhéroes, lo bautizaríamos Super-Nico, pero el último Superman murió bajo el avance 5G de los chinos.

La kriptonita la procesan hoy en Beijing como caramelos de arroz: el hombre de acero ya es polvo cósmico.

Tampoco se le puede homologar con Huracán Ramírez, aquel pancraciasta que a punta de tacles y doble nelson hizo furor en la emocionante fantasía de la lucha libre, ese excitante embuste colectivo perifoneado como catch as catch can.

Huracán Maduro pudiera tener alguna reminiscencia con aquel fantasma que recorría Europa a mediados del siglo XIX, exacerbado después de la victoria de la Unión Soviética en la segunda guerra mundial, la misma que ni con la guerra fría pudieron escamotear los yanquis, Hollywood mediante.

Empero, el Huracán Maduro parece ser un fenómeno meteorológico provocado por alguna confluencia intertropical de agitaciones populares que recorren toda la América del Sur, amenaza con extenderse a centro y norte América y engarrota a la vieja Europa.

Según el pronosticador Almagro, Maduro sería el responsable de la convulsión popular en Colombia, el temblequeo de Duque, la caída de Macri en Argentina, la rebelión contra Piñera en Chile y la derrota electoral de Añez que la envió a prisión.

A este amargado Almagro se le suman las conclusiones meteorológicas de Pastrana, Uribe, Moreno, Bukele y el defenestrado Abrams. Lo peor, según ellos, es que el Huracán Maduro desplaza su ojo (porque los huracanes tienen ojo) hacia todo Occidente.

Al principio, prepotentes como siempre, lo llamaron “Brisita bolivariana”, pero ante el chaparrón que desató, ya están arrepentidos de haberlo subestimado.

Para completar, por aquí se apareció el actor y experto en artes marciales Steven Seagal, quien le regaló una espada samurái a Maduro.

Este la desfundó y, como cortando el aire, realizó unos lances temerarios con la catana. Al día siguiente, arreciaron las manifestaciones en Cali y Bogotá y la revista Semana acusó a Huracán Maduro y a la espada que llegó de Rusia.

Bogotá pidió una reunión urgente del Consejo de Seguridad, mientras un sonreído Seagal calificaba a su nuevo amigo samurái de “ma-duro de tumbar”. Otra vez, como hace más de 200 años, la brisita bolivariana peinaba los Andes.

 

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Earle Herrera