#Opinión: “Postulación para Primarias Internas del PSUV y semiótica de la explosión cultural (I)” por Christian Farías

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Es verdad que todavía es muy prematuro hacer un análisis exhaustivo de la jornada de postulación realizada el pasado domingo 27 de junio de 2021, con miras a las primarias internas del PSUV que se realizarán el próximo 8 de agosto de este año.

Con esta primera fase de presentación y elección de candidatos y candidatas, en paridad de género, el partido ha dado un paso muy importante que enriquece su doctrina de igualdad social y fortalece sus estructuras de participación popular organizadas en cada UBCH a lo largo y ancho del país.

De manera que estamos ya en pleno calentamiento de los motores internos para la próxima batalla electoral del gobierno regional en sus cuatro instituciones administrativas: gobernación del estado, alcaldes de municipios, concejales por parroquias y legisladores del estado.

Pero, dada la relevancia y el impacto político, emocional, moral y ético, psico-social y organizativo de la jornada realizada, nos atrevemos a expresar esquemáticamente nuestras primeras valoraciones, con base en los elementos que tenemos a la mano y que, seguramente, podrán ser modificados o reafirmados, según sean las evidencias de algunos eventos ocurridos marginalmente y a espaldas del pueblo bolivariano-chavista que es, indudablemente, el gran protagonista de este extraordinario acontecimiento.

En primer lugar es necesario destacar lo acertado y genial de esta convocatoria electoral interna, impulsada por el presidente Nicolás Maduro, con base en lo establecido en el LIBRO ROJO que nos dejó el comandante Chávez. Allí, en ese librito, está cabalmente plasmada toda nuestra doctrina política-partidista, incluyendo el método de elección para los diferentes cargos dentro del partido y del gobierno bolivariano.

De manera que con esta elección nos ponemos a tono con el legado del Comandante eterno; practicamos, de verdad verdad, la democracia directa, participativa y protagónica; se crea el marco regulatorio institucional del partido, para orientar doctrinariamente nuestras contradicciones internas; y generar el nivel de cohesión y coherencia necesario para elevar y garantizar la mayor eficacia política de nuestro liderazgo en todos los terrenos.

En lo adelante nadie, ningún o ninguna dirigente, puede erigirse como autoridad absoluta para decidir y dar la orden personalmente y según sea su interés particular o grupal, en materia de elecciones públicas e institucionales, bien sean del partido o del gobierno. Ese método unipersonal, para no llamarlo dictatorial, ha llegado a su fin y debe ser enterrado bien hondo. La realidad de nuestro pueblo y del país institucional, indica que el centralismo personalizado en el dedo único del jefe, muy lejos de ayudar y fortalecer la democracia revolucionaria; la mutila, la degrada y la destruye.

En ese sentido, vale decir que el comandante Chávez, con su genio creador de lo nuevo y recreador de las mejores tradiciones, supo interpretar el deseo del pueblo y poner en marcha su realización de manera eficaz y eficientemente. Es así como se le dio sepultura a la vieja democracia formal representativa y se consagró la nueva democracia participativa y protagónica, vale decir, directa, sin mediaciones que la desnaturalicen o nieguen en la práctica de la convivencia política.

En segundo lugar es necesario destacar y felicitar a la inmensa vanguardia de miles de hombres y mujeres, dirigentes de las más de 14 mil UBCH, en donde se agrupan los más de 7 millones de militantes de nuestro pueblo bolivariano-chavista, inscritos oficialmente en el PSUV.

Esta vanguardia asumió colectivamente, con gran entusiasmo, dinamismo y eficiencia, la jornada electoral en cada centro de votación, demostrando así la extraordinaria capacidad para organizar y poner en funcionamiento nuestros propios métodos revolucionarios de participación y protagonismo del Poder Popular.

No tuvimos necesidad de recurrir al CNE. Demostramos que tenemos capacidad propia para organizar eficazmente nuestros propios procesos de elección interna, sin costos alguno para el Estado. Esto significa un alto desarrollo de la capacidad de autogestión, desde las estructuras de base del partido y desde las catacumbas del pueblo, junto a los órganos de dirección y coordinación del partido. Esta capacidad de autogestión es un principio fundamental para el desarrollo de la autonomía política y organizativa de las bases y del Poder Popular, desde donde se nutren y desarrollan las múltiples capacidades del liderazgo bolivariano-chavista.

En tercer lugar, este proceso de postulación se convirtió en una especie de explosión de la cultura socio-política del PSUV y de nuestro pueblo, encarnado por esa inmensa vanguardia de millones de hombres y mujeres, adultos y jóvenes que militan en este gran partido, desde sus propios hogares y comunidades organizadas.

La teoría semiótica culturalista de la explosión social, indica que en determinados momentos de la historia de los pueblos y las sociedades organizadas, se producen explosiones socio-culturales que dinamizan la vida social a partir de la confrontación de tres tipos de actores y sus correspondientes realidades históricas, socio-culturales. Estos actores serían las fuerzas tradicionales, ancladas en el pasado; las fuerzas insurgentes y creadoras de lo nuevo que niegan y rompen con el pasado; y las llamadas fuerzas residuales que van quedando vivas del pasado y permanecen como minorías coexistiendo con el nuevo presente.

Efectivamente, las formas de funcionamiento tradicional en toda sociedad, tienden a perder su aceptación y sus propias fuerzas, ya viejas e insuficientes, por falta de renovación y dinamismo frente a las nuevas realidades que surgen a su alrededor o se gestan desde sus propias entrañas. Como ejemplo, tenemos el viejo sistema partidista de la IV República, adeco-copeyano, burocrático, ineficiente y corrupto, que se agotó y se deslegitimó con la explosión insurreccional popular del 27 de febrero de 1989.

En el marco de esa explosión popular, se rompe y desmonta la hegemonía de lo viejo ya agotado e inservible. La fuerza social, política y militar que participa y protagoniza la explosión social, se convierte en la nueva vanguardia que pone en marcha lo nuevo de sus valores y propuestas socio-culturales.

En nuestro caso, el pueblo del 27 de febrero del 89, los militares de la rebelión del 4 de febrero de 1992 y la unión cívico-militar del 13 de abril de 2002 que derrotó el golpe de estado contra el presidente Chávez, se constituyen en lo nuevo que replantea el destino de nuestra sociedad y unifica las fuerzas fundamentales y protagonistas sobre la base de un nuevo proyecto de país y de sociedad, hoy consagrado en la CRBV y el Plan de la patria.

Como resultado de la confrontación entre la emergencia de lo nuevo y la resistencia de lo viejo, se conforma una tercera fuerza residual que encarna lo viejo y coquetea con lo nuevo, se niega a desaparecer; pero, tampoco asume o se asimila a lo nuevo.

 

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Para cerrar estas primeras valoraciones de la jornada del domingo 27 de junio y lo que hemos visto y escuchado en estos tres días, podemos decir que este proceso de postulaciones y elecciones primarias de candidatos y candidatas en paridad de géneros, a las gobernaciones, las alcaldías, los concejos municipales y los consejos legislativos de todo el país, es, sin duda alguna, el reflejo de la nueva dinámica explosiva, creativa, dinamizadora, constructiva, politizada y organizada,  consciente y responsable en este hermoso proceso de desarrollo y consolidación  de la Venezuela libre, independiente y soberana, profundamente democrática, participativa y protagonista de este proceso revolucionario del socialismo bolivariano del siglo XXI.

Esta primera jornada de postulación de candidatos y candidatas a la elección primaria abierta del 8 de agosto; y luego a la mega elección constitucional  del próximo 21 de noviembre de 2021, convierte a todo el poder popular del PSUV en una fuerza explosiva de participación y protagonismo directo en la construcción práctica, real y concreta, del nuevo modelo democrático revolucionario, profundamente bolivariano-chavista y revolucionario, más avanzado de América y del mundo.

 

Christian Farías / Ciudad VLC