«Orfebrería del Decir en Alfredo Pérez Alencart» por José Carlos De Nóbrega

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Lectura ecuménica en clave musical caribeña

Alfredo Pérez Alencart: El Sol de los Ciegos, Vaso Roto Ediciones, 2021, Madrid. 124 pp.

«Siento una voz que me dice Agúzate / que te están velando. /

Siento una voz que me dice Agáchate / que te están tirando»,

Ricardo Ray y Bobby Cruz

Este poemario reciente de Alfredo Pérez Alencart es quizá el más depurado y comprometido de su misión poética, hecha terredad muy suya. No sólo se hace Poesía más radical del Decir, sino expresión inequívoca de su Fe religiosa, enraizada en una cotidianidad a contra-pulso con la bizarría del siglo XXI.

El discurso bíblico, en este caso, es oralidad, profecía, polifonía y revelación lírica, desde los libros de Salomón, Job y los grandes profetas, hasta los cuatro evangelios. Incluye fluencia de voces poéticas esenciales de España como Garcilaso y San Juan de la Cruz en la configuración de una paisajística bucólica interiorizada.

Asimismo, tenemos las atribuladas voces de Unamuno y Antonio Machado enclavadas en un exilio geográfico y de su legión de almas que apuran la agonística vital y estética.

No se trata de mera paráfrasis ágil ni hermenéutica culterana de tales referentes literarios y espirituales. Es confrontación a doble instancia con el ser en sí y para sí, desde la Fe religiosa y la convicción política, ética y estética, en relación con un entorno histórico, equívoco, distópico y mezquino.

El centenar de poemas breves, desprovistos de artificios retóricos, apunta a un acto de legislación profética que pone en cuestionamiento la estructura fáctica y discursiva del Poder que ha globalizado el despropósito.

Por eso los términos claves están arraigados en la problemática de la mirada: En el caso de la poesía, de la que desconfía el Estado, se trata de ver cosas que no se ven desde el mustio gregarismo inducido por una Pastoral teocrática en ausencia de Dios.

Los poemas desde el inicio, como por ejemplo «Lo más oscuro», aluden a una ceguera blanca y zombie que entenebrece el cuerpo y el alma de cada quien, además de la del corpus social.

José Saramago apela al hiperrealismo en su novelística histórica y de política ficción, para diseccionar, desde el materialismo dialéctico, el horror distópico en el que el Poder esteriliza y abusa de la colectividad.

En tanto que Pérez Alencart se mueve poesía tocable e inmediata desde su ciudadanía y feligresía, imbuidas en el discurso originario e inmediato de la fuente judeocristiana.

Por eso el poema breve va en sintonía con el Cantar de los Cantares como cántico erótico y espiritual al punto, así como también en la limpieza moral y aforística de los Proverbios o aforismos salomónicos.

Los salmos de David y las parábolas evangélicas sazonan el discurso polifónico y transparente de nuestro poeta amazónico, en cuanto traducción y creatividad sin estridencia estilística.

«Año nuevo», no obstante la simplicidad del estilo, rezuma un aire post-romántico que reconvierte el tiempo mítico en la mirada de un cíclope.

El egotismo del Poeta se triza por vía del retruécano en «Fama»: Se sabe lo que es ético hacer, pero la cosa se pervierte invocando en vano a Virgilio y Píndaro en fallida mención digna de un epígrafe.

Coincide el poeta Luis Alberto Angulo, muchas veces los epígrafes se comen el poema, pues «tan sólo brillan las buenas palabras de los otros».

«Creación», se nos presenta como una erótica dentro del modo de vida religioso, muy afín al Cantar de Salomón: «Te ensalivo, mujer, // te amaso a mí» en la comunidad sensual del matrimonio libertario en Cristo. En «Perfume» se aroma el memorial saudoso de la compañera de vida vertida en anunciación angélica.

«Eva» supone la reconversión libre de la mala traducción y peor hermenéutica en torno a la madre de la Humanidad, tan escarnecida en las piras de teologías abyectas: «varona que haces / temblar a / tu otra costilla».

El patriarcado solapa sus miedos y represiones atávicas en misterio, milagro y autoridad que erigieron una política de intolerancia y desencuentro sexista.

La viudez, si bien dolorosa, vindica a la esposa ida en carros de fuego en «Compañera en todo»: Se redimensiona la gacela como metáfora viva que va de Salomón a Miguel Hernández.

La orfandad del esposo se hace sacramento, revisita y juntura permanentes en la piel y la memoria. En otro texto memorioso y memorable, «La nieve que venía sobre mí», la voz recrea la viudez en la blancura extrema de un lirio que insurge del invierno encendido y esperanzador.

Jacqueline es el nombre indiscutible de esta presencia en múltiples instancias: La buena samaritana que da de beber al Cristo aguas mansas de redención.

La intimidad de la voz poética consigo misma y con la pareja que cimenta la comunidad matrimonial, no es un compartimiento estanco ni escindido de sus alrededores.

Se contrapone a una sociedad promotora de relaciones disfuncionales de poder dentro y fuera del círculo familiar. Las catacumbas íntimas desdicen el imperio del individualismo mezquino, consumista y competitivo por vía de la contristación con el Otro más desdichado y al margen de la sociedad del bienestar.

Hay poemas conmovedores y a la vez indignados sobre los campos de refugiados, la pobreza extrema y la migración que nutre de islas ilusorias a los oprimidos.

Por supuesto, la poesía crística se hace sentir en su intensidad salvífica de vida a lo largo de esta reunión de textos poéticos.

Sigue la tradición y la renovación de la transfiguración poética de Jesús en la literatura occidental. «Invocación» es alocución unamuniana contra el armamentismo en pro de una Palabra combativa y paradójica, compasiva y humanística afín al autor del Cristo de Velázquez: «y que en ti se agigante / la benevolencia».

«Soy, seré» es ver, prever y profetizar precariedad corporal en atenuación del espíritu, vicio endémico del XX y el XXI: «Soy y seré el que pase / por el ojo de la aguja / con las pupilas/ siempre alucinadas».

«David» nos complace, en ejercicio de aproximación biográfica y lírica breve, el salmista transido entre el poder terrenal y Dios, realizándose palabra y poesía que rediman: «Lo tuyo / despeja mis oscuridades / David». La superioridad moral y las ensoñaciones piadosas son pecados y vicios más graves que el asesinato y la posesión de la mujer del prójimo».

Oídme, mis hermanos «parte del púlpito predicador como poema objetual, a los fines de comunicar el evangelio de liberación espiritual, política y estética que se empalma con esa pieza maestra de Unamuno titulada «Ramplonería»: «Acaso un día / descostremos la Cruz // de tantas habladurías».

La buena nueva no apuesta por una política de ultratumba, ni tampoco por medias verdades pasadas por mosto avinagrado del estilo.

Nos impresionó sin el formulismo del poema político ideologizado, «Las monedas», texto airado que aborrece los desahucios inmobiliarios en una variación dramática de la Letrilla satírica de Quevedo: «Las monedas. / Se van. Vuelven.  Defecan / su óxido sobre los peces / y los panes. Incitan / al simplismo / crimen del hambre». Se trata de la circulación putrefacta del dinero que entumece el cuerpo social.

«Migrancia» denuncia la intolerancia y la explotación de origen de nuestro prójimo desplazado por la violencia y las guerras inducidas por el poder imperial, complejos militares e industriales: «Siempre te seguirá / un trozo de suelo // o una mirada arisca / declarándote / extraño».

La pulsión poética y literaria, como creación de nuevos mundos, se hace patente en «Traductores». La poesía se hace viaje en otras lenguas, apropiación creativa en versión del poeta traductor y bien morir de la comunidad lectora en vida abundante: «Y de pronto el poema / está de nuevo pie, / en otra lejanía, / traspasando todas las esclusas».

El poema apestado trasciende el afán fúnebre y el tenor medievalista cuando se hace grado cero de la escritura, esto es solidaridad que se resiste en la simplicidad e inmediatez de la Palabra en «Un abrazo que toca el corazón para siempre»: «Digo una palabrota / contra esta tragedia / que desarraiga la solidaridad de muchos».

Por supuesto, Pérez Alencart escribe su obra en el exilio -voluntario y universalista- a la usanza de escritores como el Gabo, Vargas Llosa, Cortázar, Fuentes, Carpentier, Scorza y Bryce Echenique, para encontrar su Decir latinoamericano propio.

Su cristianismo protestante se hace ecuménico cuando empalma con la poesía exteriorista nicaragüense de Cardenal y Pablo Antonio Cuadra.

Los tiernos poemas dedicados a Salamanca, solapan al fondo el paisaje telúrico de América: el río Tormes desemboca por un resquicio en el gran Amazonas, mientras que la campiña de Castilla León, entre Garcilaso y Machado, colinda con la selva y el páramo de su Perú natal.

Asimismo, ocurre con el cruce de hablas regionales que comunican a América y Europa. Esto sólo se hace posible en el afán proscrito y pendenciero de la Poesía que derriba diques, muros y fronteras artificiales esterilizantes.

«Eunice, cien veces cien», nos parece un texto pivote de este conjunto poético que tanto hemos apreciado en diálogo lector de raza indómita. El rescate de este personaje bíblico, madre de Timoteo, compañero de San Pablo en su periplo misionero, no es gratuito.

La voz poética la acompaña y tiembla con ella mixtura de pueblos, culturas y poéticas que van de la Magna Grecia a la tierra prometida de Israel. Ello en la refundación de una terredad posible sin señores feudales, dispuesta en comunidad liberada por un Dios trino emancipador.

Nos trae, por ejemplo, a esa gran y hermosa matriarca de Macondo, Úrsula Iguarán, toda fecundidad y peripecia épica en la intimidad de una casa tan grande como Salamanca.

 

DEL MISMO AUTOR: «Del culto a Bolívar y el mito de la Gran Colombia»


 

José Carlos De Nóbrega es un ensayista y narrador venezolano (Caracas, 1964). Licenciado en Educación, mención Lengua y Literatura, de la Universidad de Carabobo (UC). Ha publicado los libros de ensayo Textos de la prisa y Sucre, una lectura posible, ambos en 1996, y Derivando a Valencia a la deriva (2006). Fue director de la revista La Tuna de Oro, editada por la UC. Forma parte de la redacción de la revista Poesía, auspiciada por la misma casa de estudios. En 2007 su blog Salmos compulsivos obtuvo el Premio Nacional del Libro a la mejor página web. En el año 2021 ganó el concurso de Ensayo de la VII Bienal Nacional de Literatura Félix Armando Núñez y el concurso de Crónica de la V Bienal Nacional de Literatura Antonio Crespo Meléndez, convocado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, por intermedio del Centro Nacional del Libro (Cenal) y la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello.

 

 

José Carlos De Nóbrega / Ciudad Valencia