La ciberseguridad se ha convertido en un elemento central en Venezuela y otros países del mundo, en un contexto donde los ataques informáticos no han cesado y, por el contrario, lideran la ofensiva en los nuevos formatos en los que se desarrollan las guerras: el digital.
Los poderes hegemónicos, no solo ostentan, como ya sabemos, los aparatos económicos y financieros para ejercer su dominio sobre otras regiones, sino que, por medio del uso de medios de comunicación y de las redes sociales, instalan dispositivos simbólicos que, operando al nivel cognitivo y de manera masiva, son capaces de definir las nuevas relaciones de poder a nivel global. En otras palabras: las redes son una fuerza especial que ejecuta operaciones psicológicas de gran alcance e impacto para concretar fines políticos y militares, esencialmente.

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Sin la ofensiva mediática a la vanguardia, prácticamente sería imposible pensar en una estrategia política de cualquier tipo y la guerra no es la excepción; lo que sufre el pueblo palestino en este momento constituye un claro ejemplo de ello. Los principales portales del mundo han logrado posicionar matrices que le otorgan cualidad de víctima al que, hoy por hoy, es el ejército más peligroso, vil y sanguinario del planeta. Y, aunque en retrospectiva es fácil ver que falsear la información no es una estrategia novedosa, sino que ha formado parte de todos los conflictos, sí queda claro que la verdad no ha sido nunca el objetivo de los medios de propaganda y menos en esta era en la que ejércitos y medios sostienen una sociedad compacta: «Si la gente supiera realmente [la verdad], la guerra se detendría mañana mismo», dijo el Primer Ministro británico Lloyd George al director del Manchester Guardian durante la Primera Guerra Mundial.
El poder mediático global al servicio de las fuerzas militares de países potencias, forman una gendarmería colonial con fines injerencistas que actúa segura de la reinante impunidad que les confiere el hecho de ser quienes controlan, también, las instancias para garantizar la armonía, la justicia y la el equilibrio de las relaciones entre naciones soberanas.
Por tales razones la regulación en el uso de la RR.SS forma parte de la urgente agenda política de varios países y se han puesto en el relieve de la discusión temas como: soberanía, autodeterminación, democracia, seguridad e institucionalidad, por nombrar algunos. Esto se debe al hecho de que la escalada mediática de corte imperialista, no deja duda sobre la finalidad de confiscar el poder absoluto del mundo por parte del reducido grupo que ejerce control sobre las tupidas redes digitales y el espacio satelital.
Las redes —más bien sus dueños — han promovido campañas de manipulación para definir procesos sociales, situándose por encima de los Estados y de la institucionalidad legalmente constituida. Es un panorama tan demencial, que una sola persona puede bloquear, censurar, postear de forma masiva e interactuar con una infraestructura social y tecnológica sumamente sofisticada y torcer la realidad a favor de los poderes hegemónicos, principalmente de las potencias de occidente, auspiciadoras del leviatán mediático corporativo que es pieza clave en la política de censura, control y espionaje a todo nivel.

El poder de los medios es tan desconcertante y grotesco, que está revestido del mismo nivel de letalidad que cualquier arma de destrucción masiva. El elemento que hace de las RR.SS una herramienta de gran impacto es la capacidad de alterar la realidad y afectar todos los entramados intersubjetivos que están conectados a ésta.
En el caso de Venezuela, que se enfrenta a una ofensiva mediática sin tregua desde el ascenso de Chávez al poder, hoy vuelve a ser testigo de escenario de desestabilización y golpe mediático.
Son varios los analistas y técnicos informáticos, entre ellos el académico Víctor Theoktisto y el tecnólogo Kenny Ossa, quienes han emitido la opinión de que se trata de un ciberataque sin precedentes en el país. No solo por sus consecuencias, que están a la vista y forman parte de la agenda golpista, sino también por el volumen y la multiplicidad de la agresión. Ello ha traído como respuesta la creación de un Consejo de ciberseguridad que permita tomar acciones efectivas para contrarrestar la agresión injerencista que se ejecuta desde el gran aparato mediático y la coalición de poderes neocoloniales.

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Para el especialista en comunicaciones Eduardo Viloria, quien integró el panel de especialistas que abordó el tema de La Guerra cognitiva en nuestro territorio, disponible en: https: https://www.laradiodelsur.com.ve/guerra-cognitiva-en-venezuela-hablan-los-especialistas/ “Venezuela tiene más de 20 años convertida en un masivo laboratorio donde se han puesto a prueba, se ha experimentado y se han practicado de forma incesante, sostenida, continua, profunda, hasta cruel, las técnicas y métodos más novedosos, agresivos y violentos de manipulación psicológica y de trabajo contra el espíritu humano. ¿Para qué? Para modelar, resetear y rediseñar la subjetividad completa de todo un pueblo. Es difícil imaginar una forma de violencia más extremadamente agresiva que ésta, porque además los daños y consecuencias, que con toda seguridad son de enorme profundidad, son sumamente difíciles de estimar, de rastrear, incluso de comprobar.”
El empleo masivo de bots; el descrédito continuo; la persecución; la censura por medio del vaneo; la desconfiguración de páginas; ataques a APP; cierre de perfiles; hackeo de cuentas; falsificación de direcciones IP y ataques masivos (millones por minuto) a distintos portales de medios e instituciones, constituyen parte de la agresión a Venezuela, su institucionalidad y su población. A esto se le suma la circulación masiva de noticias falsas; mensajes de odio; penalización del silencio por parte de figuras incidentes y posicionamiento de matrices sin que se haga necesario hecho alguno que las respalde. Todo ello es parte del arsenal destructivo con en el que cuenta la guerra de quinta generación que está en curso a lo largo y ancho del mundo y que hoy tiene un acento especial en Venezuela.
A través de su imperio tecnológico, donde los orígenes de internet están atravesados por la industria militar y el beneficio financiero, Estados Unidos mantiene la hegemonía digital global y la establece por medio de las compañías de Elon Musk, Mark Zuckerberg y Jeff Bezos, entre otros oligarcas tecnológicos, cuyos servicios conforman un ecosistema propio del capitalismo de vigilancia estadounidense, consumido por la mayoría de la población mundial.

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Las guerras cognitivas de este tipo están orientadas a posicionar narrativas; provocar la polarización extrema; modificar la conducta de las personas; despertar sentimientos de rechazo u odio; alterar el sistema de percepciones; atacar las posturas críticas; radicalizar las acciones de censura y promover llamados colectivos a la confrontación o el exterminio.
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La toma de decisiones en este sentido por parte del Estado venezolano, corresponde a una necesaria respuesta acorde a los ataques desproporcionados que forman parte de la agenda oligárquica mundial, cuyos principales actores financian y estructuran el plan a desarrollar con aliados regionales, el apoyo corporativo de Musk y las demás agencias encargadas de los ataques cibernéticos foráneos. Queda claro que el nuevo esquema de dominación tiene como objetivos acabar con los procesos democráticos y los propios Estados, a través del criminal poderío mediático. Si los pueblos y los Estados no legislan a favor de la regulación o de hacer de los medios territorios compatibles con la vida, la verdad, la libertad de pensamiento y la autodeterminación, todas las democracias del mundo estarían bajo amenaza. Los esfuerzos deben seguir orientados a evitar que la propia realidad proscriba y sea sustituida por la dictadura del algoritmo y el terrorismo informático.
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María Alejandra Rendón Infante (Carabobo, 1986) es docente, poeta, ensayista, actriz y promotora cultural. Licenciada en Educación, mención lengua y literatura, egresada de la Universidad de Carabobo, y Magister en Literatura Venezolana egresada de la misma casa de estudios. Es fundadora del Colectivo Literario Letra Franca y de la Red Nacional de Escritores Socialistas de Venezuela.
PREMIOS
Bienal Nacional de Poesía Orlando Araujo en agosto de 2016 y el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca 2019 en poesía.
PUBLICACIONES
Sótanos (2005), Otros altares (2007), Aunque no diga lo correcto (2017), Antología sin descanso (2018), Razón doméstica (2018) y En defensa propia (2020).
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