De Morón al Mundo: La Pintura como Raíz y Trascendencia de Álvaro Aramendi. Por: Vanileiby Rivas
«Un artista no debe olvidar de dónde viene, ni siquiera cuando sienta que está en la cima». Esta máxima, que el pintor Álvaro Ulises Aramendi lleva por bandera, encapsula la esencia de un creador cuya trayectoria artística se alimenta de una profunda conexión con sus orígenes, su gente y su país, un compromiso que lo ha llevado incluso a convertirse en el Pintor Oficial del Gobernador de Carabobo.
Nacido en Puerto Cabello en 1974, hijo de Clemencia Aramendi y Ulises Rojas, Aramendi, el tercero de cinco hermanos, forjó su visión en la tierra que lo vio crecer, entre los municipios de Puerto Cabello y Juan José Mora.
Se describe a sí mismo como un artista autodidacta, aunque una temporada en la Isla de Margarita en su infancia fue clave, marcando sus primeros pasos con un primer lugar en un concurso escolar de pintura rápida.
Este talento precoz lo acompañó a su regreso a Morón, donde se inició en trabajos de publicidad, antes de sumergirse de lleno en el ambiente artístico porteño. Por su innegable contribución y arraigo a la comunidad, Aramendi ha sido reconocido como Patrimonio Vivo del municipio Juan José Mora.
En Puerto Cabello, Aramendi halló inspiración y camaradería en figuras de alto nivel como Darín Seras y Giovanni Zambrano, con quienes ha compartido exposiciones locales y regionales. Su arte, sin embargo, trascendió pronto las fronteras de su región. Ha exhibido en escenarios de peso nacional, destacando su participación en la prestigiosa 67ª edición del Salón de Arte Arturo Michelena y en el Museo del Arte de Valencia.
Su habilidad para la monumentalidad plástica lo ha llevado a embellecer espacios públicos emblemáticos, siendo el encargado de la pintura y ambientación del Parque Maradona en Puerto Cabello y del Parque Recreacional del Sur en Valencia.
El Humanismo Detrás del «Coyote» y Récords en la Costa
Más allá de los pigmentos, el rasgo más distintivo de Aramendi es su profundo sentido de pertenencia y su marcado espíritu humanista. Fiel creyente en Dios, su obra y vida están inextricablemente ligadas a la acción social. Este compromiso se cristalizó en la fundación, junto a amigos, de una organización sin fines de lucro que la apodó el «Coyote», seudónimo que hoy lo identifica. A través de esta fundación, ha liderado más de 200 obras benéficas, llevando su arte y trabajo social a escuelas e iglesias del municipio Juan José Mora y sus adyacencias.
Su conexión con el arte monumental no solo se manifiesta en su deseo de récord; Aramendi es el creador del mural de una persona viva más alto de Venezuela, una obra imponente que se alza en Waikiki. Este mural mide 17 metros de alto por 20 metros de ancho, una hazaña pictórica que consolida su lugar como un maestro del formato grande.
Lo que para un pintor podría parecer un obstáculo insuperable, Aramendi lo ha transformado en una singularidad. Pese a sufrir de daltonismo, una condición que afecta la percepción de los colores, esta limitación no solo no ha sido un impedimento, sino que, por el contrario, ha catalizado su enfoque y dedicación al lenguaje universal de la pintura. Su concentración y perseverancia, templadas por este desafío, le han permitido alcanzar grandes logros en su carrera, demostrando una maestría que trasciende la visión cromática estándar.

Arte en la Costa y el Sueño Monumental
Actualmente, el público de Puerto Cabello y foráneos tiene una cita con el talento de Aramendi. El artista se encuentra participando, junto a otros creadores, en una exposición de arte titulada «Diálogos entre el pasado y el presente» en el Hotel Boutique Guipuzcoana. Esta muestra estará abierta al público durante un mes, ofreciendo una oportunidad única para el disfrute y la contemplación de su obra.
Con cuatro hijos (Albania, Álvaro, Alvarelis y Estefani Aramendi) como su mayor motivación, el artista ha encontrado en los murales su medio de expresión más poderoso, un lienzo que le permite plasmar su visión en diferentes rincones de Venezuela.
A la par de sus exposiciones, Aramendi se ha impuesto un desafío que lo situaría en los anales de la historia: entrar en el libro de los Récord Guinness. Su proyecto es crear el lienzo más grande del mundo, una obra colosal de 50 x 50 metros, equivalente a 2.500 metros cuadrados, que servirá de soporte para narrar la historia de Venezuela. Un homenaje a la tierra que ama y un eco gigantesco de su admiración por figuras de la plástica como Picasso, cuya trascendencia e innovación lo inspiran.
Álvaro Aramendi, el «Coyote» y Patrimonio Vivo de Juan José Mora, es la viva prueba de que la verdadera cima de un artista no está en la fama, sino en la autenticidad, la humildad y la capacidad de usar el talento para elevar el espíritu de su comunidad. Un pintor que, con cada trazo, honra su principio: nunca olvidar de dónde viene.
Ciudad Valencia / Vanileiby Rivas













