La presencia económica y geopolítica de la República Popular China va en aumento en todo el mundo. Desde su fundación de la mano de Mao Tse Tung, tras una extensa guerra civil contra el Kuomintang, de tendencia derechista y entreguista, tanto el Estado como las políticas del gobierno se han ido transformando con el tiempo.
Cuando estudiamos a Marx, podemos comprender que la revolución socialista es inviable sin un escenario industrial previo, pues es precisamente el proletariado industrial quien materializaría el Estado comunista, al hacer de dominio común los medios de producción. Pero ni Vladímir Lenin, líder histórico de la revolución rusa, ni Mao en China contaron con una clase obrera industrial para llevar a cabo su proyecto de transformación.
Así pues, Mao se valió del campesinado que combatía contra la burguesía mercantil y terrateniente. Entre las políticas del Gran Timonel se encontraron la propiedad pública general del territorio, que pasaba a manos del Estado; planes quinquenales que planificaban la economía, y una revolución cultural para eliminar todo rastro del antiguo régimen y de la burguesía.
Sea como fuere, la república popular avanzaba con paso lento pero bastante seguro, tanto que Mao haría las paces con Estados Unidos, y China sería reconocida como “la única China”, desplazando a Taiwán en el Consejo de Seguridad de la ONU.
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Más adelante, Deng Xiaoping reformó la estructura económica del Estado y las políticas comerciales, liberalizando parte del mercado y enmendando los errores de gobiernos anteriores, cometidos alrededor de estas materias. Deng decía que no importaba el color de un gato, sino que cazara a ratones, para ilustrar su idea del pragmatismo con que sostenía al Estado.
El Partido Comunista Chino continuó gobernando el país, pero las estrategias eran distintas. A partir de esta reformulación de la república popular, el país empezó a crecer hasta convertirse en la segunda potencia mundial. Hoy en día, China posee una presencia comercial prácticamente en todo el mundo, y produce lo suficiente para distribuir una gran riqueza entre una clase media robusta y preparada.
Entre sus políticas estrellas están la ruta y la franja de la seda, una red de medios de transporte para mercancías, que recorre Eurasia y mucho más, y que beneficia directamente su economía de exportación; la producción y venta en gran cantidad de carros eléctricos en Europa y Occidente en general, y los avasallantes avances en el campo de la tecnología y la inteligencia artificial.
El presidente Xi Jinping se ha encargado de proyectar el poder político y económico de China a lo largo y ancho del globo terráqueo, a través de alianzas de libre comercio. Y ha procurado optimizar la industria militar y de defensa, lo cual es primordial para disuadir a Estados Unidos de someter a China por la vía armada o de alimentar el independentismo taiwanés.
China se ha hecho para sí un espacio entre las potencias mundiales, a pesar de las adversidades históricas, siendo uno de los mejores ejemplos a seguir para la izquierda internacional.
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Jorge Álamo Homsy (Valencia, Venezuela, 1993) es psicólogo egresado de la Universidad Arturo Michelena (UAM), autor además de relatos de ficción e intérprete del bajo eléctrico. Entre 2021 y 2023 se dedicó a escribir textos narrativos de los cuales surgió el libro de cuentos «La canción del trueno», presentado en la Filven Carabobo 2025.
Ciudad Valencia/RM













