Las recientes declaraciones del secretario de Estado del nuevo gobierno de EEUU, Marco Rubio, llamando a Nicaragua, Cuba y Venezuela enemigos de la humanidad, nos llevan a una pregunta generadora: ¿Quiénes son ellos y quienes somos nosotros?

Somos tres naciones cuyos gobiernos y Estados son herederos de tres tradiciones humanistas, las de los pueblos originarios cuya «humanidad» asombró al Padre de las Casas; a Sahagún, padre de la etnología; a Montaigne, que los vio herederos de la República de Platón, y a Rousseau con su definición del «buen salvaje» como condición innata del ser humano y posibilidad del contrato social.

El concepto de humanidad de la Modernidad tiene como uno de sus puntos de partida a los pueblos americanos (los del sur y los del norte víctimas del genocidio de los europeos y sus descendientes). Esa tradición está presente y se mezcla con la tradición del humanismo clásico representada, en cuanto a los venezolanos, por Francisco de Miranda, por los maestros de Simón Bolívar: Andrés Bello y Simón Rodríguez, y por el mismo Bolívar, quien se interroga sobre lo que finalmente somos: «… una especie Intermedia entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores…».

Un nuevo género humano, somos humanidad. Esa continuidad entre los » buenos salvajes» y el humanismo clásico, la encontramos con José Martí en Cuba o Rubén Darío en Nicaragua. Y del humanismo clásico al humanismo marxista (tercera tradición) César Sandino, Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara, o Hugo Chávez, son continuadores del humanismo de nuestro padres fundadores, y ayudan a construir con el pueblo Estados que en la teoría jurídica y en su práctica política nacional e internacional son profundamente humanistas: alfabetización, salud pública, internacionalismo, democracia participativa y protagónica, y defensa de la naturaleza y recursos nacionales puestos a la mejora del ser humano, de sus habitantes, e incluso de los vecinos.

Los llamados por Rubio enemigos del pueblo combatieron el COVID-19 fuera de sus fronteras, como los médicos cubanos en Italia; apoyan con precios de costo el petróleo para dar energía barata a los vecinos de las islas del Caribe, como Venezuela, y proyectan un nuevo canal interoceánico, para la humanidad, en Nicaragua, cuando el gobierno de EEUU propone re-apropiarse el canal de Panamá para cerrar el libre paso de Oriente con Occidente, por abajo y por arriba, es decir, poner otra alcabala a la humanidad anexándose Groenlandia, como hicieron hace años con el norte de México, donde construyen un muro.

¿Quiénes son los enemigos de la humanidad? ¿Quiénes quieren separar a la humanidad: cerrando canales, edificando muros o controlando pasos naturales como los mares del Norte? ¿Dividen la humanidad para vencerla?

Los valientes pueblos de Nicaragua y Cuba han conocido las invasiones de los marines norteamericanos a lo largo de su historia. Y como Venezuela hoy, padecen los bloqueos económicos que van desde sanciones, hasta minado de puertos en Nicaragua en tiempos de Reagan. La humanidad está en la partes y en el todo. Está en cada uno de nosotros. Humanidad es adjetivo y sustantivo, pero también verbo: “humanar”, hacer humano a los hombres.

 

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Y humanar es el eje de la política interior y exterior de Nicaragua, Cuba y Venezuela. Y es el ejemplo de humanismo a nivel de las relaciones internacionales, prefiguradas por Bolívar en su  “Delirio sobre el Chimborazo” y en su Discurso al Congreso de Panamá. El verbo humanar, hecho política pública, es lo que irrita a los enemigos de los pueblos como Marco Rubio, por cierto vinculado al narcotráfico, negocio enemigo de la humanidad.

Hoy presiden estas tres naciones políticos empeñados en humanar: Daniel Ortega, Miguel Díaz-Canel y Nicolás Maduro, amigos de la Humanidad y herederos de Simón Bolívar. Y de Bolívar todos sabemos lo que opinaba sobre el código de Washington. Entonces: ¿Quiénes son los verdaderos amigos y los reales enemigos de la humanidad?

 

Pedro Téllez / Ciudad Valencia