Los grandes reptiles del aire… Durante los millones de años cuando los dinosaurios dominaron la vida sobre los espacios terrestres, en los mares y en los aires hubo también reptiles de gran tamaño que igual se impusieron a las restantes especies de esos ámbitos.
En los mares destacaron dos órdenes –los ictiosaurios y los plesiosaurios–, y en los aires gobernaron los pterosaurios, denominación que significa reptiles alados. La prensa les da el nombre genérico de pterodáctilos, pero el mismo no es adecuado, ya que solamente se refiere a uno de los géneros de reptiles aéreos.

Ni los reptiles marinos ni los aéreos eran dinosaurios y es erróneo considerarlos como tales.
Las alas de los reptiles voladores estaban formadas por una membrana sostenida por el hipertrofiado cuarto dedo de cada una de sus manos.
Con frecuencia, en películas, series de televisión y libros se habla de dinosaurios voladores y, al mostrarlos, se presentan los reptiles llamados pterosaurios que podían surcar los cielos, pero no eran dinosaurios.

Los pterosaurios y los dinosaurios eran reptiles, pero distintos entre sí. Tan diferentes que no deben confundirse, como las serpientes y los cocodrilos o los lagartos y las tortugas.
Hasta ahora, se han hallado restos de más de cien especies de pterosaurios, entre ellas el dsungaripterus, cuyas alas extendidas medían tres metros de envergadura. Sus mandíbulas parecían alicates gigantes y con ellas podía partir conchas calcáreas con facilidad. Mayor tamaño tenía el tropeognathus, que poseía 28 dientes en forma de clavos y, con las alas extendidas, alcanzaba una envergadura de 6,2 metros.
El más grande de los pterosaurios conocidos hasta ahora es el quetzalcoatlus, del que se han encontrado restos en Texas, Estados Unidos. Cuando el quetzalcoatlus extendía sus alas, semejaba un avión pequeño, ya que algunos ejemplares alcanzaban 15 metros de envergadura.
También existió otro pterosaurio que, si bien no tenía el tamaño del quetzalcoatlus, era enorme. Se trata del Hatzegopteryx. La envergadura de sus alas tenía algo más de diez metros pero, he aquí la gran curiosidad: su peso superaba los 200 kilos.
Este Airbus A380 natural tenía dificultades para elevarse, pero lo asombroso es que volaba y ha sido el animal con la capacidad de hacerlo de mayor tonelaje conocido hasta ahora.
Pese a cuanto se sabe sobre las diferencias entre dinosaurios y pterosaurios, hay actualmente una polémica internacional en torno a si hubo o no dinosaurios voladores. Tal polémica tiene siglo y medio de existencia. Proviene del hallazgo en Alemania, en 1861, del esqueleto fosilizado de un dinosaurio, el arqueopteryx, que vivió hace 150 millones de años y tenía muchas características de ave.
El arqueopteryx contaba con plumas y alas como las aves pero también con garras, dientes y cola como los reptiles. Hay opiniones encontradas acerca de si podía volar o solamente planeaba. Para algunos estudiosos, el arqueopteryx y otros dinosaurios emplumados anteriores o contemporáneos a él nada más planeaban entre los árboles, tal como ciertas especies de ardilla. De acuerdo a otros investigadores, era capaz de volar.
Debido a esto último, cada vez más ornitólogos lo catalogan como la primera o una de las primeras aves que existió.
A comienzos del siglo XXI, se descubrió en China un fósil de dinosaurio con cuatro alas y 77 centímetros de largo, al que llamaron Microraptor gui. Vivió hace 110 o 120 millones de años, en la actual provincia de Liaoning.
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reptiles del aire
Algunos paleontólogos consideran que los restos de este animal prueban que sí hubo dinosaurios voladores. La mayoría es más cauta y, además de dudar de que en efecto tuviera cuatro alas y volara, estiman que solo se trata de otro dinosaurio planeador, con un par de alas y las patas emplumadas.

Los pterosaurios fueron un género de reptiles del aire bastante exitoso en su tiempo. Prueba de ello es que se han hallado fósiles de sus múltiples especies en todos los continentes: tanto en África, Asia, Australia y Europa, como en la América del Sur y la del Norte.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
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