Raúl García Palma-poeta

“Lo único

un poco nuestro

— y es de todos —

es la poesía”

LAAR

 

Metapoesía encarnada

La poesía de Raúl García Palma se despliega como una indagación en el acto mismo de escribir y en la naturaleza escurridiza de lo real. Los poemas reunidos, procedentes de libros publicados entre 2022 y 2024, comparten un núcleo de tensión que oscila entre el impulso de capturar el mundo y la certeza de que toda llegada es provisoria, cuando no directamente cancelada por el poema.

Desde el punto de vista formal, estamos ante un verso libre de sintaxis a menudo accidentada, quebrada por incisos, encabalgamientos abruptos y una puntuación parca. La imagen trabaja por condensación y extrañamiento. No se trata de una poesía discursiva ni anecdótica; el poema avanza por iluminaciones fragmentarias y el lector debe reconstruir un sentido que se niega a ser unívoco. Esta opacidad deliberada no persigue el hermetismo gratuito, sino que convierte la página en un espacio donde la significación es un forcejeo constante revelando una poética del riesgo y de la inminencia.

La tendencia que recorre estos textos con mayor intensidad es la metapoesía encarnada. El poema que parece reflexionar desde el interior de una experiencia a la vez verbal y física, intenta abandonar tal cometido, pero la voz poética, reclamando una autoridad que sabe ilusoria, desobedece.

La poesía se define entonces como un “aprendizaje” donde se acepta la culpa, se devuelve “la nada hacia lo estrecho” y se termina “tachando cabizbajo / la necesidad de llegar”.

 

DEL MISMO AUTOR: POR LOS AMIGOS QUE HAN PARTIDO HACE POCO

 

Otro eje temático es la relación entre visibilidad e invisibilidad, entre el fragor de los signos y el silencio que los sostiene. En “Aprendizajes desde el recorrido de la iguana”, el reptil se convierte en una figura tutelar: “No se ve entre las sombras”, “asumiendo el silencio / desde sus capas de piel”, y a la vez “nos señala hacia el sol”, “controla el vaivén de la carretera / con su mirada de un solo lado”.

La iguana encarna un saber que no pasa por la palabra sino por la permanencia en el umbral entre lo visible y lo oculto. El poema no describe a la iguana; se deja mirar por ella, y en ese cruce de miradas se produce “la explosión de signos e historias” que es todo poema verdadero. Esta tensión entre el estruendo de los signos (“fragor”, “estampida”, “fuego”) y la mesura de una presencia que apenas se insinúa recorre también “El turista y su elegía en traje de baño”, donde el no-poeta descubre que puede decir “es aroma la vida” precisamente cuando abandona la pretensión de capturar “eso divergente”.

En esa confluencia entre barroquismo atenuado y poética del silencio es donde pueden rastrearse las afinidades más fecundas. La proliferación de imágenes sensoriales (“el olor del trópico”, “la extraña fragancia”, “la savia”, la “policromía”), junto con un léxico que no rehúye lo esotérico (“sortilegios”, “hechizo”, “sellarme”), evoca el legado del neobarroco cubano, particularmente la zoología simbólica de José Lezama Lima —piénsese en la iguana como un análogo de los animales que en Lezama son condensaciones de la imagen poética—. Pero en García Palma esa herencia está tamizada por una desnudez más cercana a la poesía venezolana de la segunda mitad del siglo XX.

La pregunta que el boxeador devuelve —“¿Eso de afuera es un montaje / donde rebosa el verde?”— y la consecuente indecisión ante la posibilidad de “llegar” dialogan con el escepticismo en torno a la representación, mientras que la manera de “correr detrás de lo imprevisto” y de conceder dignidad a lo inasible remite a la exploración de lo desconocido.

Asimismo, en el tratamiento de la herida, el cuerpo y el reclamo amoroso (“No me dejes solo”, “arrópame”) introduce una vibración cercana a la intensidad confesional, aquí el sujeto insiste en el poema, aunque sea para tacharse a sí mismo.

En suma, la forma expresiva tensa el idioma hasta el quiebre para hacer audible “lo callado” y visible el “sentido de lo invisible”. Instalado en una zona de confluencias que recoge tanto el barroquismo lezamiano como la poética del fracaso y el silencio de la tradición venezolana, construye una voz propia hecha de acecho, lucidez y una rara capacidad de convertir la incertidumbre en único territorio habitable.

Estos poemas son un recorrido donde el poeta se desmorona y se rehace señalando el horizonte que disuelve toda forma sin dejar de llamarnos. (Armando Amanaú)

 

flor de cactus

 

La carne en una celda

No existe en este lugar la pena de muerte

ni la prohibición de salida

El temor por las tardes en los puertos a veces

Aquí una herida está brotando

busca antes de cerrarse la certeza

de encontrarte otro mundo

donde la tormenta pase sin ser notada

Si el poema te dice que lo dejes

si estalla sin autorización

no le hagas caso

porque su aptitud en el quiebre

es no tener la tranquilidad de haber llegado

Aprendiste al aceptarlo con su culpa

a devolver la nada hacia lo estrecho

donde surge la sangre antes de la lanza

lo exánime frente al intento de atraparlo

También aprendiste a correr

detrás de lo imprevisto

al colocarle títulos desde la oscuridad

(Recetas en el Follaje-2022)

 

Los límites de la interpretación

Ha vuelto al verso y por su hechizo

también decide correr

Las imágenes cercanas a la prolijidad arremeten

dejándole el sudor para sintonizarlo

Lo callado

regresa para dejar su cuerpo en el borde

del abismo

con acecho y él lo sabe

Retrocede cual boxeador

devolviendo la pregunta

¿Eso de afuera es un montaje

donde rebosa el verde?

En su carrera nadie responde

y sin abstracciones

pero indeciso

el poeta termina tachando cabizbajo

la necesidad de llegar

(Cercanos a un nocaut-2022)

 

El turista y su elegía en traje de baño

No me dejes solo si se desborda

apunta hacia la maravilla del descifrar en mi cuerpo

la llegada

al aplaudir arrópame resumiendo la voz

En estas vacaciones con palabras bajo impulso de algo

escucho una canción y los restos de una extraña fragancia

en algunas latitudes más allá de glaciares

Sálvame reclamo hacia el espejo al descubrir mi rostro

con un sueño en su girar entre el desgaste de los juncos

Agarro presuroso una hoja de papel

para rehacer de otra manera la súplica

Nunca había escrito un poema

lo hago quizás

para sellarme en el olor del trópico

siento desde otros viajes la avidez por esta arena

su agua se regresa aprovechando lo inaudito de la luz

Descubro una grieta al pedir tregua y tratar la captura

de eso divergente donde al no ser poeta

puedo decir tranquilo: es aroma la vida

(Punto de abertura en un paisaje caribeño-2023)

 

Aprendizajes desde el recorrido de la iguana

1

No se ve entre las sombras

cuando sale a cazar

el resto de palabras

No suena ni en el patio

 

en este acantilado

asumiendo el silencio

desde sus capas de piel

se desmorona

Si se da permiso en el poema

podría ser una descripción más

estela perdiéndose

Sin oír para qué sirve

reconstruye al unísono

del universo

las pérdidas y hallazgos

en su sentido de lo invisible

 

2

No pide prestado

visita casas si la invitan

En su árbol la iguana imita las hojas

controla el vaivén de la carretera

con su mirada de un solo lado

es un filo en esplendor

 

Se comporta con dignidad

cuando les da posada a los grandes

intentos

Desde el follaje

podemos ver oscurecer

esta multiplicación

glorificando al soplo

 

Ella nos señala hacia el sol

regresando luego

sobre el registro de sortilegios

Unos guiones y algunas palabras

nos detienen sin percatarnos

Alegamos luz-clamor para avanzar

 

En esta plaza

la estampida es su propio nombre

enredado como título de savia en la lectura

Un cuadro dentro de un cuadro

es la explosión de signos e historias

A esta oquedad llegan las miradas

la de ella señalando hacia el vértigo

un mensaje de mesura

uniéndolo con su policromía

la nuestra

reinventándose para ser fuego

sin saber ambas

si tanto fragor hace daño

o si persiste

algún llamado en el horizonte

disolviendo su forma

(Clamor por lo invisible-2024)

 

Ficha de Raúl García Palma

Poeta y ensayista. Nació en Caracas el 20 de julio de 1958. Estudió bachillerato en el Liceo Andrés Bello de esa misma ciudad y se graduó de Licenciado en Sociología en la Universidad Nacional de los Llanos Ezequiel Zamora (UNELLEZ) en Barinas, institución donde ejerció docencia y es investigador activo.

En poesía ha publicado: Víveres rojos o cuando John Lennon resucitó (Barinas, El perro y la rana, 2015), Sitios de tránsito en posición de loto (Caracas, El perro y la rana, 2015), Recetas en el follaje (Mérida-Fondo editorial Nos une la poesía-Libro digital, 2022), Cercanos a un nocaut (Mérida-Fondo editorial Nos une la poesía, Libro digital ,2022), Punto de abertura en un paisaje caribeño (Mérida-Fondo editorial Nos une la poesía, Libro digital, 2023) y Clamor por lo invisible (2024).

En ensayo: Historia y ficción en Armas Alfonzo (Barinas, Fundación Cultural, 2000), Armas Alfonzo. Ensayos sobre su obra (Caracas, Consejo Nacional de la Cultura, Conac, 2000) y El ensayo lezámico (Caracas, El perro y la rana, 2007). Primer Premio de Poesía Ciudad de la Juventud (La Victoria, Aragua, 2001), Primer Premio de Poesía Nuevos Autores (Conac, 2004) y ganador del Premio de Poesía Franco Venezolano 2024.

 

Una pregunta múltiple para el poeta…

¿A qué promoción o grupo de tu tiempo has pertenecido o por quiénes has sentido simpatía?

Es difícil una caracterización o historia sobre cofradías en mi vida, porque elegí estudiar y vivir fuera de Caracas. Sin embargo, intentaré el recuento de lo que sería para un escritor, visualizarse como tal en los años ‘90, donde hay puntos de llegada con temáticas y autores que aún hoy, su calidez induce a profundizar en sus obras con reflexión y decantarlas, como la actitud solemne por la vida en Sánchez Peláez, la parodia de lo urbano en Calzadilla y la apertura de registros sobre arqueología de la palabra en Paisano con Palomares; pero a partir de ellos, también hay puntos de partida a ser acompañados con el pensamiento sobre el lenguaje en Cadenas y la melancolía por la historia con William Osuna.

En las primeras décadas del tercer milenio, soy un escritor todavía construyéndose como tal y si se puede hablar de una generación o de una etapa de escritores en este momento, estoy dentro de la expectativa de aquellos escritores que se sienten cómodos en la categoría de lector, preocupados por enfocar la tradición literaria a las que pertenecen. Ser un lector que se deleitaba y se deleita con poemas antiguos. Poemas en vigencia con mensajes acrónicos, sonando para dejarnos su legado: el colorido de Trópico absoluto de Montejo o la madurez de Pereira cuando en Sobre Salvajes nos detiene en la pregunta ¿cómo resuena la memoria en las palabras que somos?

Soy un escritor en construcción y sigo reflexionando sobre la pregunta que deja en el aire a toda generación, como aquella a responder ¿para qué sirve la poesía? Sobre todo, en Venezuela con su cambio estructural continuo que, de alguna forma, también replantea la manera de escribir y afrontar las temáticas poéticas. Opté por lo espiritual dentro del lenguaje, de manera concreta, en la tensión entre la metatextualidad del arte y la mejor representación en poesía para imaginar las referencias y allí de alguna forma, sigue la edificación de mi poesía, todavía definiendo caminos.

¿Para qué sirve el discurso de la lírica en la actualidad? Este permite el gozo de crecer con y en la escritura y también colocar, en el orden de la comunicación, la noción del lector, de aquel quien, en el 2026, busca en la poesía el misterio de los signos para conocerse. Con una densidad de medios virtuales, la poesía puede asombrarnos al salir de los grupos cerrados, porque ella está ahí, como práctica de aquellas atrevidas y atrevidos que se sorprenden cuando les dicen poetisa o poeta.

Es el reto de la página en blanco, donde me declaro en construcción. Reto además donde puedo recoger, en el trabajo creativo de venezolanos y de latinoamericanos, la confluencia en la réplica del para qué la vida. Me permito responder a la pregunta de grupos e individualidades en torno al poema, con un verso del poeta colombiano Federico Díaz-Granados, quien expone por qué escribe: “Por esos pequeños sucesos… hogareños y cotidianos es que escribo poesía”.

 

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lUIS aLBERTO aNGULO-COLUMNA SÁBADO

Luis Alberto Angulo (Barinitas, 1950). Poeta, coautor de Viento barinés (UC, 1977), y autor de las compilaciones: Antología de la casa sola (Fundarte, 1982), Fusión poética (UC, 2000),  La sombra de una mano (2005), Antología del decir (2013), y Coplas de la edad ligera (2023) en Monte Ávila Editores. También de LAAR’S POÉTICA (Ciudad Valencia, 2026).

 

Ciudad Valencia/RN/Fotografía de RGP por Isabel Molina