La guerra entre Ucrania y la Federación de Rusia tiene raíces profundas en la geopolítica y la evolución histórica de Europa del Este. Por tanto, no emerge gratuitamente o a partir de un capricho, sino que es la consecuencia «natural» de una cadena de sucesos que nació de una herencia común.
El conflicto armado en el país eslavo no dio inicio en 2022. Las hostilidades y el uso de la fuerza se remontan al año 2014, cuando estalló la guerra del Donbás, tras la anexión rusa de la península de Crimea. Esta, a su vez, fue la respuesta de Rusia ante el golpe de estado en Ucrania en el marco del Euromaidán.
Ambos Estados fueron parte de la Rus de Kiev, un país medieval. Ucrania sería parte del imperio ruso y más tarde de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Luego de la desaparición de esta, en 1991, Ucrania y Rusia fueron forzadas a la hermandad y el entendimiento.
No obstante, la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) fue el fenómeno clave que degeneraría en la crisis del 22. De hecho, Dicha entidad fue fundada para entablar batalla contra la URSS durante la Guerra Fría, para detener el avance político y militar de la potencia soviética. Rusia es la heredera principal de la URSS y, aunque esta ya no existe, la OTAN persiste en sus intenciones de presionar y rodear a Rusia.
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¿Por qué? Porque EEUU y Europa mantienen vigente una perspectiva unipolar de la estructura de poder del mundo, y ven en las fortalezas y progresos de Rusia (y de China) no solo una competencia, sino también una amenaza al orden global neoliberal imperante.
La posibilidad de que Ucrania, un país con el cual comparte auténticos lazos filiales, se uniera a la OTAN y colaborara en el intento de debilitar a Rusia, fue percibida por esta como una traición y una línea roja cruzada. Por tanto, Rusia atacó primero, pues quien ataca primero, lo hace dos veces.
Esto es, el gobierno federal ruso vio en Ucrania una amenaza existencial y optó por tomar ventaja en lo que ya parecía inevitable: una guerra entre la OTAN y Rusia. Occidente participa de manera subsidiaria en el terreno ucraniano, invirtiendo recursos y armas y prestando inteligencia.
Se trata de un conflicto previsto y podría decirse que hasta planificado por EEUU y Europa, por sus complejos y lobbies militares, que se sacian en la violencia entre pueblos y la sangre de inocentes. ¿Por qué les conviene esta guerra? Eso sucede porque se enriquecen con ella.
En 2013, el presidente prorruso Yanukóvich renunció a ser parte de la Unión Europea (UE) y, en cambio, acercarse más a Rusia. Ello suscitó el Euromaidán y el golpe en Ucrania en 2014. Crimea pasó a ser parte de Rusia y la población prorrusa se armó en el Donbás, rebelándose frente al gobierno y con la intención de unirse a la federación rusa.
Las luchas en el Donbás se dilataron hasta 2022, cuando Rusia intervino en apoyo de las milicias prorrusas. La operación militar inició como una guerra relámpago para tomar Kiev, la capital de Ucrania, y rendir al gobierno. Pero los ucranianos presentaron resistencia y los rusos se concentraron en liberar y «desnazificar» el este y sureste del país.
A través de sufragios locales, las regiones de Donetsk, Luhansk, Jersón y Zaporiyia se anexionaron a Rusia.
Si bien el conflicto armado ha variado relativamente entre ofensivas y contraofensivas de ambas partes, aquel se ha estancado durante años en el formato de una costosa guerra de trincheras en las fronteras fácticas de aquellas regiones, donde los avances se cuentan metro por metro, pero las vidas humanas perdidas, tanto rusas y como ucranianas, se cuentan por miles.
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Jorge Álamo Homsy (Valencia, Venezuela, 1993) es psicólogo egresado de la Universidad Arturo Michelena (UAM), autor además de relatos de ficción e intérprete del bajo eléctrico. Entre 2021 y 2023 se dedicó a escribir textos narrativos de los cuales surgió el libro de cuentos «La canción del trueno», presentado en la Filven Carabobo 2025.
Ciudad Valencia / RN













