“Todo nos lleva a los EEUU (y la OTAN)” por Fernando Guevara

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En el este de Europa, desde la caída de la Unión Soviética, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha venido agregando países a su seno.

Esta organización surge al inicio de la Guerra Fría generando un bloque de países cuyo objetivo es una alianza militar para enfrentarse a los países de gobiernos comunistas y bajo influencia soviética.

Los países comunistas, ante esta situación, crean el llamado formalmente el Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua conocido como el Pacto de Varsovia. La caída de la Unión Soviética y la consecuente caída de los gobiernos comunistas europeos desmantelan el Pacto de Varsovia, y la OTAN pasa a ser la organización internacional militar hegemónica en Europa.

De esta manera, y con el desmembramiento de la URSS, surgen una serie de países pequeños influenciables por las mieles occidentales y en muchos casos llenos de resentimiento por los innegables malos tratos del régimen soviético, los cuales fueron presa fácil de la OTAN y se incorporaron, casi de manera grotesca, a esta organización liderada por los EEUU y el Reino Unido y secundada dócilmente por Francia, Alemania y otros países menos influyentes.

Esta expansión de la OTAN se produce hacia el este, y sin la existencia de la Unión Soviética, su heredera, Rusia, quebrada, desmembrada y gobernada por un Boris Yeltsin más preocupado por su botella de Vodka que por gobernar el inmenso país que había heredado, no podía impedir ni menos influenciar el crecimiento de la llamada Alianza Atlántica.

Así pues, que a la OTAN, en pocos años, se agregaron Polonia, Hungría, Rumania, Bulgaria y Alemania Oriental, luego de la reunificación de la nación teutona, además la Republica Checa y Eslovaquia, que formaban Checoslovaquia. También se sumaron Croacia, Eslovenia, Montenegro y Macedonia del Norte, que formaban parte de Yugoslavia y Letonia; Lituania y Estonia, que formaban parte de la Unión Soviética. Es decir, la OTAN casi duplica su membresía con países que fueron soviéticos o eran comunistas. Su expansión hacia las fronteras rusas es innegable.

Sobra decir que esta alianza primordialmente es de carácter militar, y que tropas, armamento y cualquier apoyo logístico armado puede, y de hecho se ha instalado, en todos los países que forman parte de la OTAN, menos en los EEUU.

En este sentido debemos entonces entender dos cosas, primero la OTAN está formada hoy en día por 30 países. Segundo, el Pacto de Varsovia no existe, es decir, desde el punto de vista de tratados militares entre aliados, Rusia está sola y en su frontera oeste está Ucrania, tentada por EEUU y sus compinches.

En 1994, Ucrania renunció al tercer arsenal nuclear más grande del mundo, herencia soviética. A cambio, Estados Unidos, Reino Unido y Rusia se comprometieron a respetar las fronteras de Ucrania. Es menester recordar, sin embargo, que Rusia se anexó Crimea, territorio ucraniano, bajo argumentos geopolíticos e históricos, alegando entre otras cosas que la península del mar Negro era la base de la flota rusa más importante.

Ante tal situación ni los ingleses, ni los norteamericanos tomaron acción alguna, salvo las protestas correspondientes y algunas sanciones diplomáticas y económicas.

Hace poco llegó el Secretario de Estado del insípido presidente Biden a Ucrania a apoyar a este país. En resumidas cuentas, EEUU, al otro lado del mundo, le respira en la nuca a Rusia.

Pasamos ahora de Europa al Pacífico y al lejano continente asiático. La verdadera superpotencia militar y económica que le está haciendo contrapeso a los Estados Unidos es China, y ante esta realidad el imperio americano despliega toda su influencia junto a sus aliados para tratar de sostener su influencia en la geopolítica mundial, es decir: flotas conjuntas con Japón, rival histórico de China, apoyo militar a Taiwán, considerada provincia rebelde y separatista de China, intervención en las revueltas de Hong Kong y una involucración perenne en los asuntos internos de la patria de Mao Tse-Tung, al punto de intervenir hasta en el tema de la tecnología 5G frente a la empresa Huawei.

 

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Hoy en día la presencia China no solo se hace patente en Asia, sino también en América y en África, lo que ha socavado la influencia estadounidense, lo que en definitiva alborota los fantasmas intervencionistas de forma directa e indirecta de los capitales americanos, que se han visto desplazados por los chinos, incluyendo el poderoso complejo industrial militar, del que en su debido momento se quejó Dwight D. Eisenhower.

Es así pues, que EEUU de cualquier manera va a intentar recuperar su influencia mundial, perdida por el resurgimiento ruso de la mano de Vladimir Putin y por la consolidación de China como nueva potencia militar y económica.

Cualquier cosa pueden hacer los estadounidenses para desequilibrar este cerco que se las ha venido encima.

 

Fernando Guevara / Ciudad VLC