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Este 5 de junio 2022 se conmemoraron cincuenta años del establecimiento por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) del “Día Mundial del Ambiente”. El tema ambiental ocupa y seguirá ocupando una atención planetaria por su significación. Como asunto determinante la solución de su problemática es bastante complicada principalmente ante los intereses contrapuestos de las grandes potencias mundiales alineadas bajo el hegemonismo de los EEUU.

Reiterando la consigna “Una sola Tierra”, la ONU propuso realizar esta conmemoración en Suecia-Estocolmo luego de cinco décadas del evento mundial en esta misma ciudad europea, donde se abordaron inicialmente los temas ambientales y se creó el “Programa de las NNUU para el medio ambiente” (PNUMA). Lo referido al cambio climático global sigue tema primordial.

La ONU, más allá de sus parcialidades y omisiones, mantiene una atención al tema ambiental con la celebración de cumbres mundiales a finales de cada año, donde se debaten y acuerdan lineamientos que pretenden corregir el deterioro ambiental, reconocido por la mayoría de países pero obviado en forma alevosa por quienes más contaminan en este planeta.

Venezuela ha participado en estos encuentros mundiales, asumiendo responsablemente en lo que le corresponde, las medidas preventivas en esta materia contenidas en la Agenda 2030 y los acuerdos de Paris 2015. La vicepresidenta Ejecutiva, Delcy Rodríguez, hizo presencia en esta Reunión Internacional Estocolmo + 50 ratificando nuestra postura en materia ambiental.

Nuestra Constitución Nacional, en su capítulo IX, establece derechos y deberes ambientales para la protección del hábitat. El Plan de la Patria 2019-2025 mantiene vigente el quinto objetivo histórico del proyecto bolivariano: “contribuir en la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana”. La Ley de Semillas de 2015 prohíbe expresamente el uso de transgénicos en el país. Son definiciones claras que nos deben guiar en nuestro desarrollo autónomo como nación.

Uno de los asuntos a cuidar con celo extremo debe ser lo referido al tema de la producción y productividad de alimentos y rubros básicos que nuestro país puede y debe emprender limitando o eliminando las importaciones propias del derroche del boom petrolero que se supone debe quedar atrás.

Es preocupante que en algunos casos, con el argumento de un aumento sustancial en la producción de un cultivo determinado, se insista en promover o aprobar proyectos tecnocráticos que implican en forma aparentemente encubierta el uso de transgénicos u otros “avances de la ciencia” como la llamada semilla híbrida. El peligro es claro si privilegiamos esta mayor producción con un peligro expreso de aumento de la contaminación del ambiente, la dependencia de agro tóxicos y el uso exclusivo de semillas u otros insumos bajo un esquema monopolizado.

Sabemos que hay avances significativos en materia de producción de semilla certificada  nacional en nuestros centros de investigación estatal como es el caso de la papa, a la que se le ha devuelto la identidad y el uso masivo por nuestros productores. Este cultivo milenario de origen tropical suramericano había sido “raptado” por países de clima templado con el monopolio de sus semillas.

Existirá siempre esta tentación al uso de “paquetes tecnocráticos” bajo la premisa de obtener mayor producción tanto para uso interno como externo (exportación). Hay que reivindicar las prácticas agroecológicas de una agricultura conservacionista que no necesariamente es realizable exclusivamente a pequeña escala.

Cuando se habla de una agricultura familiar y conuquera muchos se burlan porque la consideran atrasada y limitada a la subsistencia de pocas familias. Es de aplaudir la recién medida anunciada por el presidente Nicolás Maduro de asignar una extensión significativa de hectáreas para la producción comunal en nuestro país.

 

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Miguel Altieri (Chile, 1950), insigne investigador del tema agroecológico, ha demostrado la posibilidad de una agricultura sana, sustentable y productiva en cantidades suficientes. Al agronegocio que prioriza el capital, el mercado y la ganancia no le importa que pueda existir hambruna o no en el mundo como se vaticina. En el planeta se da una producción adecuada  de alimentos mal distribuida que se pierde por la perversidad del mercado capitalista.

Optar por los cultivos diversificados y auto protectores en vez del monocultivo depredador es una máxima necesaria. En el Día Mundial del Ambiente abogamos por defender las banderas conservacionistas y consecuentes al proyecto revolucionario. La línea de no a los transgénicos es vital para evitar cualquier desliz en este mundo globalizado dominado por el capital y el neoliberalismo. Es nuestro camino justo como país independiente. Sigamos adelante. ¡Venceremos!

 

José David Capielo / Ciudad Valencia