Las hormonas que fabrica el organismo, y que dirigen la actividad de muchos órganos, mantienen continua comunicación para mantener el equilibrio interno. Sin embargo, son sustancias sensibles y pueden descontrolarse.

En este sentido, el comportamiento de una sustancia hormonal puede determinar cómo se comportan otras e, incluso, cómo se llevan a cabo determinadas funciones del organismo.

El cortisol afecta a tu peso

Es una de las llamadas hormonas del estrés e interviene en los niveles de azúcar en sangre y en la metabolización de grasas, carbohidratos y proteínas. Cuando hay demasiado (suele ocurrir en las personas obesas) las defensas del organismo se tambalean, pero también se reduce la fabricación de estrógenos.

A continuación algunas señales que indican que tienes demasiado cortisol:

  • Que la zona central del cuerpo se ensanche o que no se puedan controlar los ataques de hambre puede ser indicativo de que hay demasiado cortisol.
  • Para intentar mantenerlo a raya –y reducir esa ansiedad por comer– te conviene consumir alimentos ricos en fenilalanina (como huevos, pescados, legumbres o cacahuetes) y en omega 3.
hormona aumento de peso
El cortisol es la hormonas del estrés

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Estrógenos y la grasa

La «fábrica» principal de estrógenos son los ovarios, pero también las glándulas suprarrenales, situadas encima de los riñones.

La mayor cantidad de estrógenos la tenemos en la pubertad y va descendiendo hasta llegar a la menopausia, cuando el ovario deja de fabricarlos. De ahí que a partir de entonces se produzca una redistribución de grasa en el cuerpo de muchas mujeres que pasan de tener una figura tipo «pera» a «manzana», pues se produce una mayor acumulación en torno a la cintura y el abdomen.

consumo de grasas y carbohidatos
Muchas mujeres pasan a tener una figura tipo «pera» a «manzana»

Las plantas que contienen fitoestrógenos pueden ayudar a regular los niveles estrogénicos: las semillas de lino y de sésamo; las legumbres; el tofu (y otros derivados de la soja); los frutos secos, el pan de centeno; la alfalfa; frutas como las naranjas y las fresas; y verduras como el apio, la col rizada y las zanahorias.

Melatonina para el sueño y el peso

A corto plazo es posible que la falta de esta molécula no haga estragos en el peso, pero sí a la larga, porque se ralentiza el gasto metabólico.

Es la hormona que regula los ciclos circadianos (de sueño y vigilia), por eso puede sorprenderte que también la hayamos incluido aquí. La razón es que es otra de las sustancias que, si falta, puede hacerte engordar.

La melatonina la fabrica nuestro cerebro

Es recomendable que además de dormir 7 u 8 horas a oscuras, que no te falten avena, arroz, nueces, tomates, plátanos y maíz dulce.

hormona producida en el cerebro
La melatonina la fabrica nuestro cerebro

Los niveles de insulina aumentan tu apetito

Los atracones de comida continuos suelen dar lugar a más tejido adiposo del necesario, y eso hace que el cuerpo genere citoquinas proinflamatorias que pueden dar lugar, a su vez, a resistencia a la insulina.

El exceso de alcohol y de bebidas azucaradas artificialmente, así como consumir de forma habitual alimentos procesados (y sobre todo carbohidratos refinados), también puede hacer que desarrolles resistencia a la insulina.

Para que no se convierta en algo crónico, evita las comidas copiosas y procura que en tu dieta predominen alimentos frescos de temporada e incluye suficiente omega 3 (toma con frecuencia pescado azul pequeño…).

Es recomendable consumir alimentos frescos
Es recomendable consumir alimentos frescos

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Hormonas tiroideas y obesidad

Los kilos de más están asociados a tener dos de las hormonas tiroideas aumentadas, en concreto, la TSH y la T3. Esta última por sobrealimentación, aunque todavía no se conoce por qué ocurre.

Además, la alteración de las sustancias que fabrica la glándula tiroidea puede deberse también a una resistencia a la leptina.

hormona tiroide
La hormona tiroidea T3 se altera por sobrealimentación

La genera el tejido adiposo, que actúa informando al hipotálamo (en el cerebro) del tamaño de los depósitos de grasa blanca, la más resistente.

Aunque en un principio la leptina ayuda a reducir el apetito, se ha comprobado que las personas que tienen demasiada grasa acumulada producen un exceso. Y, ante eso, el organismo se rebela:

En lugar de rebajar su apetito, continúan comiendo lo mismo. Se genera así un círculo vicioso: se mantiene el apetito, se sigue comiendo demasiado y sigue aumentando la grasa corporal. Eso hace que se siga fabricando más leptina, pero esta no hace su función.

La solución pasa por reducir los depósitos grasos con una dieta hipocalórica y 150 minutos semanales de ejercicio.

 

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